jueves, 2 de febrero de 2012

LEWIS H. MORGAN Y LOS AZTECAS

El enfoque de lo que ocurrió hace casi 500 años, tiene que hacerse con criterio científico, o al menos sentar las preocupaciones legítimas que tenemos muchos mexicanos sobre el grado de desarrollo en que se encontraban los núcleos humanos que encontraron los españoles en el altiplano mexicano, en el momento en que llegaron a las costas de México.

Lewis H. Morgan, en su interesante trabajo, “La Sociedad Primitiva”, publicado en 1877 y que mereció la consideración de los hombres de ciencia, señala: “los conquistadores españoles que se apoderaron del pueblo de Méjico sostuvieron, acerca del pueblo azteca, la teoría errónea de que era una monarquía análoga, en puntos esenciales, a los existentes en Europa. Esta opinión fue acogida en general por los escritores españoles de los primeros tiempos sin investigar minuciosamente la estructura y principios del sistema social azteca. Este concepto erróneo engendró una terminología no concordante con sus instituciones, la que ha viciado la narración histórica casi tan completamente como si fuera una invención calculada”.

El investigador citado agrega: “se han escrito sobre los aborígenes mejicanos y la conquista española más tomos (en la proporción de diez a uno) que sobre cualquiera otro pueblo del mismo adelanto, o sobre cualquier otro acontecimiento de parecida importancia. Y sin embargo, no hay pueblo del que se conozca menos exactamente sus instituciones y plan de vida. El notable espectáculo presentado, de tal modo inflamaba la imaginación, que el romanticismo se apoderó del campo, y se mantiene en él hasta la hora presente. El fracaso resultante al pretender indagar la estructura de la sociedad azteca entrañó una pérdida grave para la historia de la humanidad. No debía ser esto causa de inculpación a ninguno, pero sí de hondo pesar…”

Reforzando sus ideas sobre la deformación de la inmensa mayoría de las obras escritas sobre los aztecas, Morgan insiste: “en aquél tiempo parecía existir una razón para describir el gobierno como una monarquía: la ausencia de conocimientos fidedignos de sus instituciones, pero ya no se puede defender ese concepto erróneo. Lo que hallaron los españoles fue sencillamente una confederación de tres tribus indias, a semejanza de las que existían en todas partes del continente, y en sus descripciones no tuvieron motivo para ir más allá de este único hecho. El gobierno era administrado por un consejo de jefes, con la cooperación de un comandante general de los cuerpos militares. Era un gobierno de dos poderes: el civil, representado por el consejo, y el militar, por un jefe guerrero principalmente. Ya que las instituciones de las tribus confederadas eran esencialmente democráticas, el gobierno se podría designar como una democracia militar si es que se quiere una designación más precisa que la de la confederación”

A pesar de que han transcurrido 135 años desde que se publicó ese importante trabajo científico y no obstante los hallazgos arqueológicos que confirman las conclusiones de Morgan, predominan las apreciaciones falsas y la terminología equivocada que utilizaron los narradores españoles que no tenían, por otra parte, conocimientos de Antropología para entender o interpretar lo que vieron o les fue narrado. Siguen hablando de monarcas y reyes, y llegan a designar la confederación de tribus como si se tratara de un Estado moderno, cuando esas figuras e instituciones con que se interpretó equivocadamente la organización azteca corresponde, en Europa, a la parte alta del feudalismo, muy lejos de la cual se encontraba una sencilla y democrática confederación de tribus.

Los descubrimientos realizados en los últimos cien años deben servir para reinterpretar buena parte de la realidad prehispánica, para que los jóvenes y las nuevas generaciones de mexicanos comprendan, con mayor claridad, la grandeza de nuestros antepasados.

En 1521 -después de 2 años de haber arribado a las costas de Veracruz- un grupo de españoles que no excedían de 550 hombres, todos provenientes de Cuba, donde Hernán Cortés prácticamente escapó de otro grupo que comandaba Diego Velázquez, contrario a que Cortés encabezará esa aventura en nombre de la Corona española- cayó la Gran Tenochtitlan, y con esa derrota de iniciaron tres siglos de dominio español, comprendidos entre los siglos XVI, XVII y XVIII.

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