martes, 16 de abril de 2013

¡Respaldemos la Victoria del pueblo bolivariano!


Mensaje de la Red de intelectuales, artistas y luchadores sociales “En defensa de la humanidad”

La mayoría del pueblo venezolano votó el 14 de abril por la continuidad de su Revolución y en apoyo al legado de su Comandante Hugo Chávez Frías. Tras enfrentar campañas de descrédito, manipulaciones mediáticas y sabotajes eléctricos y de acaparamiento de productos de primera necesidad, Nicolás Maduro se ha convertido en el presidente constitucional de Venezuela.
El plan del fascismo venezolano y de su aliado imperial, consiste en desconocer la legitimidad de esta victoria y en promover la desestabilización del país.
Convocamos a todas las personas honestas y de buena voluntad a adherirse a este mensaje y a divulgarlo por todas las vías a su alcance. ¡Apoyemos el llamado a la paz del presidente Maduro!
¡Respaldemos la victoria del pueblo bolivariano!
¡Chávez vive y la lucha sigue!

sábado, 13 de abril de 2013

EL GOBIERNO DE PEÑA NIETO




En México hemos llegado a tal grado de desigualdad social y de simulación democrática que se requiere –como condición esencial para seguir avanzando- abolir todos los privilegios que la oligarquía y los gobernantes a su servicio se han dado en perjuicio del pueblo.

Llevamos más de treinta años de despotismo neoliberal, que se pretende continuar a pesar de la irritación social presente en el territorio nacional de diferentes formas.

Bajo el actual gobierno asistimos al cambio de naturaleza de lo que fue el poder popular por excelencia: el poder legislativo. Este poder se está transformando, a los ojos de todos, en una asamblea de notables, despojado de su funciones deliberativas y resolutivas, desempeñando el papel de una simple oficina de trámites de las iniciativas del ejecutivo federal, impuestas y avaladas previamente por una junta de notables, que simulan representar a partidos distintos, sólo diferentes en nombre pero que comparten los mismos intereses.

El presidente de la República en su empeño por atraer las inversiones extranjeras, a toda costa, casi pone a remate el patrimonio nacional, ofreciendo en bandeja de plata al capital foráneo lo que con muchos esfuerzos varias generaciones de mexicanos hemos sabido rescatar y conservar para el patrimonio nacional, que debe ser declarado, por ley, propiedad inalienable de la nación.

En ningún caso, y en ninguna circunstancia puede el titular del ejecutivo federal actuar como gerente de empresas o mandadero de los empresarios. La Constitución nacional le impone la obligación de actuar como representante de la nación, como mandatario del pueblo. 
  
La Constitución nacional se sigue violando sin que pase nada. Exactamente un día antes de que el gobierno federal actual tomara posesión, el 30 de noviembre de 2012, se publicó en el Diario Oficial de la Federación una adición al artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, señalando que la República mexicana es laica. Y si los altos funcionarios no saben qué significa laica, que se remitan al artículo 3º. constitucional.

Dice la fracción I del citado artículo: “Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”.

No se trata del significado etimológico o gramatical del término laica, sino de su acepción constitucional. Y si el artículo 40 constitucional señala que somos una República laica, todos los funcionarios, desde los integrantes de los gobiernos municipales, los funcionarios estatales, los del Distrito Federal y los federales, encabezados por el presidente de la República, tienen la obligación, como funcionarios insisto, de respetar el carácter laico de la República mexicana. Su conducta pública debe “mantenerse por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”.

Cumplir con esta obligación que les impone la Constitución nacional no les prohíbe tener una creencia religiosa que, por lo demás, es un derecho que les concede, en forma clara, el artículo 24 de la misma Constitución. Lo que tienen prohibido es violar el carácter laico de la República mexicana.

Así es que empezando este sexenio y, seguramente por ignorancia, varios funcionarios federales y del Distrito Federal, encabezados por el Lic. Enrique Peña Nieto, violaron la Constitución al asistir a la misa en que asumió el poder del Vaticano el Papa argentino, que ahora encabeza la iglesia romana. Pero habrá que recordar que la ignorancia de la ley no exime su cumplimiento, y menos de la Constitución.

Durante los primeros cuatro meses de gobierno priista, los mexicanos hemos asistido al restablecimiento de la política represiva en contra de las inconformidades sociales, económicas y políticas. Lo que ocurrió el primero de diciembre de 2012 no puede atribuirse a la casualidad, ni siquiera a la provocación. Montar una provocación e invocarla como razón para la represión recuerda lo que ocurrió en 1968, cuando el movimiento estudiantil fue brutalmente reprimido, con los graves saldos que se mantienen en la memoria de millones de mexicanos y que marcaron la conciencia, de manera particular, de quienes éramos estudiantes de la UNAM, y de todas las escuelas públicas de México.

La represión contra los maestros opuestos a la llamada reforma educativa (cuyo texto  se agregó al artículo 3º. Constitucional cuando era propio de la ley secundaria) indica que el gobierno no está dispuesto a dialogar ni a escuchar.

En los cuatro meses transcurridos de este sexenio, los mexicanos hemos sido víctimas de una propaganda terca del gobierno federal, que invocando falsos motivos quiere justificar la privatización de Pemex. Las cosas son claras: Pemex es una empresa nacionalizada, y si se propone la participación de intereses privados, mejor dicho de empresas petroleras extranjeras, para realizar las funciones que le son propias a la empresa estatal, de manera exclusiva por mandato constitucional, eso es privatización, aquí y en cualquier parte.

Nos quieren espantar con el petate del muerto, diciendo que si no se permite que petroleras extranjeras penetren a Pemex, no vamos a crecer. Y ese “argumento” lo extienden a sus llamadas reformas estructurales. Nos dicen: si se aprueban crecemos, si no se aprueban seguiremos estancados. Eso han dicho los neoliberales desde 1982 que, además, remataron impunemente el patrimonio nacional. Ni crecimos, ni se crearon empleos. Su mayor logro fue convertir a México en una fábrica de pobres: hoy con más de 60 millones en esa situación, casi la mitad de la población. Convirtieron a México, con sus famosos y anacrónicos cambios estructurales, en uno de los países más desiguales de América Latina.

 Y creyendo que todo mundo ignora lo que ocurre en materia petrolera, el gobierno priista sostiene que el ejemplo a seguir en México es  el de Petrobras de Brasil. Y no han tenido que esperar mucho por la respuesta.

Ya les dijeron que lo de Petrobras es un mito; que Brasil perdió parte de su patrimonio y la misma empresa se devaluó; que del 100% en manos de Brasil pasó a tener solamente el 10% de los impuestos en materia petrolera. Una auténtica y verdadera desnacionalización. Hoy Brasil tiene el 48% de acciones de Petrobras, Estados Unidos el 31% y el resto lo tienen bancos privados. Si esto es lo que quieren, que lo digan, pero que no le mientan al pueblo.

¡Y todavía tienen el descaro de afirmar que defender a Pemex y al petróleo nacionalizado es un tabú! Parece un chiste de mal gusto de los neoliberales –si no estuviera de por medio la soberanía nacional- afirmar que con la participación de empresas petroleras se va a afianzar la mexicanidad de Pemex. Por favor.

Les han recordado y explicado con detalle que “el petróleo aporta, en México, el 40% del presupuesto federal. Eso quiere decir que gracias al llamado oro negro se mantienen buena parte de las escuelas públicas, hospitales y demás servicios públicos” Y que “dejar las ganancias del petróleo en manos privadas, ya sean nacionales o extranjeras, implicaría crear un hueco considerable en las finanzas públicas”.

Pero no. Insisten tercamente en desnacionalizar los recursos petroleros y destruir a Pemex, que fue una conquista de la Revolución Mexicana, y que debe preservarse como tal.

En materia fiscal la intención de aplicar el IVA a los alimentos y medicamentos es aberrante. El ex rector de la UNAM Juan Ramón de la Fuente afirmó, recientemente, que aplicar el IVA a los medicamentos es establecer un impuesto a los enfermos, porque son los enfermos los que compran medicamentos, no las personas sanas, (no sé si esto lo puedan entender los funcionarios públicos partidarios de aplicar el IVA a las medicinas) y, además, porque el gasto en la compra de medicamentos por las instituciones de seguridad social se dispararía, gravando innecesariamente los recursos públicos aportados por los mexicanos, no por hermanas de la caridad.

Alguien reflexionaba, con acierto, que ni siquiera al chacal Huerta se le hubiera ocurrido establecer un impuesto a las personas sólo por enfermarse, y que ese propósito del gobierno actual queda muy pequeño al lado de los impuestos establecidos en tiempos de Santa Ana a las gallinas y a las ventanas.

Y en el límite de lo irracional y la locura, un priista afirmó que aplicar IVA a medicamentos y alimentos era una cuestión de justicia social. ¡Qué barbaridad!

En Brasil, al contrario de lo que el gobierno de Peña Nieto quiere hacer en México,  la presidenta Dilma anunció la eliminación de los impuestos federales que se cobraban a la canasta familiar, y señaló textualmente: “la aplicación de esta medida supondrá un costo anual de aproximadamente 3 mil 850 millones de dólares por concepto de impuestos, pero los beneficios que vendrán para la vida de las personas y para nuestra economía compensan ese corte en la recaudación”. Está claro lo que se quiere aquí y lo que se busca allá.

Y todo porque en más de 30 años de neoliberalismo los gobernantes dejaron de aplicar el principio constitucional que establece como obligación de los mexicanos contribuir a los gastos públicos según su capacidad económica, es decir, que pague más el que más tiene, menos el que menos tiene y que nada pague el que nada tiene.

En abierta y descarada violación a ese mandato constitucional, según datos de la Auditoría Superior de la Federación, Calderón devolvió impuestos a grandes contribuyentes por el equivalente al 13.8% de la recaudación total en 2011. Entre ellos el IVA que los consumidores pagamos al adquirir productos y se los regalaron a los empresarios.

El inicio de este sexenio está marcado por la aprobación de la contrarreforma laboral. Simplemente el pago del trabajo por horas ha creado desesperanza, sobre todo en los jóvenes que, de esa manera, serán prácticamente expulsados del país en busca de otras alternativas para vivir, o enviados directamente a los brazos de los narcotraficantes. Los efectos de la contrarreforma laboral en este aspecto van a ser devastadores, como devastador sigue siendo el elevado número de muertos atribuidos al crimen organizado, sin que el gobierno aplique medidas que detengan la inseguridad pública.

Los “espectaculares” anuncios de los primeros meses de gobierno no han cambiado la realidad que vivimos los mexicanos. El  gobierno priista es una prolongación, con nuevos funcionarios, de los gobiernos panistas que, a su vez, fueron continuación de los gobiernos priistas a partir del año 2000. Cobijados con el neoliberalismo destruyeron conquistas importantes de los mexicanos, y ahora se busca concluir esa ingrata tarea.

De manera descarada el dirigente del PRI en la Cámara Federal de Diputados   informó, hace pocos días, que preparaba una iniciativa de ley para legalizar las violaciones y delitos cometidos contra la Constitución mexicana que prohíbe a los extranjeros, en el artículo 27,  tener propiedad en una faja de 50 kilómetros en las playas, territorio del que se ha despojado a México por las maniobras burdas y la corrupción de funcionarios federales, estatales y municipales.

Lo que quiere desaparecer de la Constitución el diputado del PRI, Beltrones, es el siguiente párrafo del artículo 27 constitucional: “En una faja de cien kilómetros a lo largo de las fronteras y de cincuenta en las playas, por ningún motivo podrán los extranjeros adquirir el dominio directo sobre tierras y aguas”.

Al suprimir esta disposición constitucional, lo que quiere el nuevo PRI es enajenar, sin prohibiciones, el territorio nacional y permitir que unos cuantos hagan grandes negocios.
 Para los neoliberales, para el nuevo PRI, muchas de las disposiciones y mandatos constitucionales son un tabú del que hay que deshacerse. Les avergüenza y les estorba la obra patriótica y revolucionaria del Constituyente de Querétaro. Que no finjan.

En cambio, para el pueblo urge restablecer la vigencia plena de la Constitución mexicana para rescatar a México de las garras del neoliberalismo, para rescatar la educación pública del desastre en que la han sumido, para restablecer la justicia social destruida por las profundas desigualdades que han provocado, para rescatar la soberanía nacional enajenada vergonzosamente como una mercancía.

Por ello urge colocar como una de las principales prioridades el rescate de la soberanía nacional, garantizando a los mexicanos el pleno disfrute de sus recursos energéticos nacionalizados por la Revolución Mexicana, asegurando la soberanía energética y alimentaria, estableciendo la soberanía tecnológica.

Volver a nacionalizar el petróleo mexicano y rescatar a Pemex de la corrupción y el saqueo descarado a que ha sido sometido. Volverlo a colocar en el centro del desarrollo económico y social de los mexicanos.

Porque México no aguanta más neoliberalismo.

martes, 5 de marzo de 2013

¡HUGO CHÁVEZ VIVIRÁ POR SIEMPRE!




Escribo estas líneas, el martes 5 de marzo por la noche al enterarme del fallecimiento del presidente Hugo Chávez, como un sentido homenaje al presidente venezolano, al líder latinoamericano, al patriota, al revolucionario, al socialista visionario.


El fallecimiento del comandante Hugo Chávez, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, ha conmocionado a los pueblos latinoamericanos y a la inmensa mayoría de los gobiernos de la región, que luchan por consolidar la independencia y  la soberanía de sus pueblos.

Hugo Chávez refunda Venezuela y la rescata de las garras de la oligarquía y el imperialismo; realiza cambios sociales y económicos muy profundos. La soberanía energética ha sido la base de esos cambios alcanzadas en beneficio del pueblo venezolano, poniendo el petróleo al servicio de su nación. Bajo su conducción y legado la revolución bolivariana -anticapitalista, antimperialista y antineoliberal-  será indestructible.

 Hugo Chávez expresa las legítimas aspiraciones populares de democracia, justicia social, independencia y soberanía de toda América Latina como vía para construir el socialismo, bajo la dirección del pueblo y para beneficio del pueblo.

Su liderazgo latinoamericano es indiscutible. Bajo ese liderazgo América Latina ha caminado aceleradamente hacia su integración, sacudiéndose la hegemonía del imperialismo yanqui. Hugo Chávez hizo aportaciones relevantes en la lucha por la segunda y definitiva independencia de Latinoamérica.

 Los pueblos latinoamericanos están rescatando su dignidad impulsados por el ejemplo y la contribución del presidente Chávez.

El legado de Hugo Chávez constituye un faro para las fuerzas populares que  luchan, con espíritu revolucionario, para construir el socialismo, en distintas latitudes del mundo, como único sistema que hará posible la paz verdadera, el desarrollo de todas las potencialidades del ser humano. Un sistema pleno de justicia.

El presidente Hugo Chávez pasa a formar parte de los héroes latinoamericanos, forjados en los últimos años, junto a Salvador Allende, al lado de Fidel Castro y el Che Guevara.

Las expresiones de intensa solidaridad latinoamericana por el fallecimiento del presidente bolivariano -de las que el gobierno mexicano, aislado, es ajeno- a través de los dirigentes políticos de sus pueblos, son una muestra de la profunda huella liberadora que  ha legado.

El imperialismo acecha, pero el pueblo venezolano y todos los pueblos latinoamericanos cerrarán filas, fortalecerán su unidad y su integración para derrotar las intentonas intervencionistas de los yanquis.

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!


sábado, 16 de febrero de 2013

TERRORISMO NEOLIBERAL



Los neoliberales de todas partes, hechos a imagen y semejanza de sus ideólogos y patrones, son producto del capitalismo en descomposición, sistema que venera la especulación como su verdadero dios.

“El neoliberalismo, dice Francisco Ferré, es el alma desalmada de la máquina capitalista que, con la excusa de la crisis económica, se está apropiando de todo sin piedad: de las vidas, las posesiones y los sentimientos de la gente”. El neoliberalismo es… “la clamorosa claudicación de la política ante el peso de la economía, del desmantelamiento de la sociedad del bienestar y la implantación de un régimen depredador de lucha darwiniana por la supervivencia”.

La moral neoliberal ha sido expresada, en días recientes, por el ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, quien declaró, de manera cínica, que las personas mayores deben “darse prisa y morir” para aliviar los gastos del Estado en su atención médica.

Por eso no es accidental que en el mundo 3000 millones de personas vivan en la pobreza; que 800 millones padezcan hambre; que los grandes bancos ganen millones y millones especulando con los alimentos; que más de 197 millones de personas, en el mundo, estén sin empleo, y que el desempleo de los jóvenes llegue casi a un 13% a nivel mundial.

Los datos son una acusación irrebatible contra el neoliberalismo depredador: en los últimos 20 años, el 1% de las personas más ricas del planeta ha incrementado sus ganancias en un 60%, y las crisis capitalistas recurrentes han acelerado esa tendencia.

El año pasado, el 2012, las cien personas más ricas del mundo  ganaron 240.000 millones de dólares, cantidad que acabaría con la extrema pobreza, generada por el propio neoliberalismo. Algunas organizaciones sostienen que esa suma permitiría acabar con la pobreza extrema hasta en cuatro veces.

Se dice que los paraísos fiscales concentran la enorme cantidad de 32 billones de dólares que equivalen a la tercera parte de la riqueza global. ¡Cuánta riqueza saqueada y acumulada a costa de la vida, la salud, la educación y el bienestar de millones de personas!
¿Y en México que han hecho los neoliberales de 1982 a la fecha?

La simple relación de los desastres sociales provocados; de los despojos impunes contra el patrimonio nacional, de la desigualdad social inducida por políticas terroristas, en el sentido real del término, por su esencia y consecuencias; de la concentración de la riqueza en unas cuántas manos y la pobreza provocada a más de 60 millones de compatriotas; de haber convertido los procesos electorales en simples simulacros democráticos y de la utilización descarada del poder para beneficiar a un reducidísimo número de acaudalados, esa relación, digo, los convierte en verdaderos criminales.

Los neoliberales del PRI y del PAN tienen la responsabilidad política, jurídica, moral y muchas veces penal de haber causado severos daños al pueblo mexicano, de haberlo empobrecido hasta niveles intolerables, y de haber rematado el patrimonio nacional.

Cuando Miguel de La Madrid arribó a la presidencia de la República, los neoliberales se sacaron de la manga la “teoría” del Estado obeso, una idea desfachatada para justificar el proceso de privatizaciones que a la postre se convirtió en un robo abierto al pueblo y a la nación.

Los neoliberales de México ni siquiera llegaron a teóricos. Fueron simples  aprendices del neoliberalismo en las universidades de Estados Unidos y de algunos países de Europa. Eso sí, se convirtieron en fieles lacayos de sus maestros y de los intereses económicos transnacionales y domésticos.

Desnacionalizaron la banca, y después la entregaron a intereses extranjeros; privatizaron la Compañía Mexicana de Aviación y Teléfonos de México. Precisamente a raíz de la privatización de la línea aérea, la Dirección Nacional del Partido Popular Socialista, de la que yo formaba parte, se entrevistó con Carlos Salinas de Gortari, entonces Secretario de Programación y Presupuesto, para rechazar con la mayor firmeza esa medida antinacional. La entrevista fue dura por los términos con que calificó ese remate el PPS, cuya Dirección Nacional abandonó violentamente la reunión y rompió todo trato con el gobierno de Miguel de La Madrid.

Los lacayos neoliberales privatizaron Televisión Azteca, la Siderúrgica Lázaro Cárdenas, Altos Hornos de México, Fertimex (Fertilizantes de México), el complejo industrial de Ciudad Sahagún en lo que correspondía al Estado Mexicano, ingenios azucareros, aseguradoras, minas de oro y plata, fábricas de cemento.

Mediante una contrarreforma al artículo 27 constitucional se impulsó la privatización de las tierras ejidales, conquista fundamental de la Revolución Mexicana e institución principal para destruir los latifundios y preservar la integridad del territorio nacional.

Los dogmáticos neoliberales privatizaron puertos, aeropuertos y Ferrocarriles Nacionales de México. Desmantelaron la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y lo mismo están haciendo con la Comisión Federal de Electricidad y Pemex.

La hacienda pública se puso al servicio de los acaudalados, a los que rodean  privilegios increíbles a costa del bienestar de los mexicanos. Contraviniendo el mandato constitucional, en México paga más el que menos tiene. Y ahora la reforma fiscal “integral” que se proponen es para sacarle más dinero al pueblo a través del IVA, que es un impuesto al consumo, sin tocar para nada las fortunas de los ricos.

Han dado pasos muy peligrosos para destruir la seguridad social. No han ocultado en ningún momento su lucha (podría decirse odio) contra el Instituto Mexicano del Seguro Social y el ISSSTE, como tampoco han ocultado su odio contra la educación impartida por el Estado y la universidad pública, a pesar de que algunos gobernantes pasaron por sus aulas.

Es difícil distinguir donde empieza y dónde acaba el terrorismo social, dónde empieza y dónde acaba el terrorismo económico, todo envuelto bajo el manto del terrorismo político que ha quebrantado las instituciones políticas emanadas de la Carta Magna de 1917, cuyas normas han sido violadas sistemáticamente. Al menos tres fraudes electorales –en 1988, en 2006 y en 2012- muestran el rostro verdadero del neoliberalismo en materia política y electoral.

Quizá esta relación no agote el número de fechorías realizadas desde el poder público por los dogmáticos neoliberales, pero sí nos da una idea de los gravísimos daños causados al pueblo mexicano.

Para aplicar el neoliberalismo siempre le mintieron al pueblo y le siguen diciendo falsedades. Dijeron que con las privatizaciones se haría más eficiente al Estado y lo destruyeron; que el país sería más competitivo y lo postraron ante los intereses económicos de afuera y de adentro; que se crearían más empleos y no los crearon; que todo se hacía para beneficio de los “que menos tienen” (término chocante que oculta las condiciones de pobreza y miseria de millones que ellos generaron, convirtiendo al Estado mexicano en una fábrica de pobres); que con las privatizaciones se “democratizaría” la riqueza y la concentraron en pocas manos a niveles  inauditos; que se mejoraría la educación y la han llevado a niveles peligrosos de ineficiencia e inoperancia; que se desarrollaría la ciencia y la tecnología y convirtieron a México en un país maquilador y ensamblador, rezagado científica y tecnológicamente, y en periodos prolongados impusieron los salarios más bajos del mundo.

Repitieron, hasta la saciedad, que el Estado mexicano conservaría “la rectoría” de renglones fundamentales de la economía y la entregaron en bandeja de plata  a la iniciativa privada. Casi dejan el puro cascarón del Estado mexicano surgido de la Revolución de 1910.

El prestigio de México logrado por sus gestas libertarias y soberanas está por los suelos gracias a los neoliberales. En América Latina México ha dejado de ser el respetado hermano mayor porque los neoliberales lo convirtieron en punta de lanza de la política yanqui. En estos días el actual gobierno federal vuelve a levantar al libre comercio para torpedear el verdadero proceso de integración latinoamericana que impulsa vigorosamente la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

La política neoliberal, repito, ha sido una fábrica de pobres.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), citando cifras del INEGI, señala que de un total de 112 millones de mexicanos, 52 millones  viven en la pobreza, y casi 2 millones viven en la pobreza extrema, es decir, en la miseria.  Y también, de acuerdo con el INEGI, entre 2000 y 2011, 102 mil 568 personas murieron por nutrición deficiente, lo que significa que murieron ¡23 personas cada día por hambre!

Para la Comisión Económica para América Latina (Cepal), del total de la población, más de 40 millones viven en pobreza y 14 millones en la indigencia.

Ante esta realidad desastrosa, injusta y cruel, resultado de 30 años de neoliberalismo, hablar de terrorismo neoliberal parece poco.

De acuerdo con datos dados a conocer en el curso de la segunda semana de febrero de 2013, aproximadamente 30 millones de personas, que representan casi el 60%  de la población ocupada en  México trabajan en la informalidad.

Eso y más. Los neoliberales son los gerentes de la fábrica que produce elevadísimos índices delictivos. Son muy conocidas las cifras de la enorme cantidad de mexicanos muertos durante el sexenio del cristero menor, Felipe Calderón.

El actual gobierno federal priista agrava las medidas de los neoliberales panistas:

La contrarreforma laboral, exigida por los intereses transnacionales y los empresarios domésticos, ya está teniendo resultados desastrosos para los jóvenes, principalmente, que se ven en la imposibilidad de tener empleo, y  si lo tienen por horas no ganan ni siquiera para sufragar sus gastos de transporte.

En una decisión propia del terrorismo neoliberal contra los trabajadores, la SCJN negó que CFE asumiera el papel de patrón sustituto de los electricistas, que hubiera reparado, en parte, la infamia cometida contra el Sindicato Mexicano de Electricistas.

Y la anunciada reforma energética –hay que decirlo a tiempo- tiene el propósito de regresar el petróleo, que se nacionalizó en 1938, a las empresas transnacionales.

John Saxe-Fernández sostiene que “ya la privatización de facto de Pemex es tan intensa que el llamado de Peña a abrir más la paraestatal a la IP implica el finiquito de lo que van dejando los neoliberales a favor de las transnacionales que operan con el respaldo del aparato de seguridad de Estados Unidos, interesadas en hacer activos suyos lo que es patrimonio del pueblo mexicano”.

Alerta al pueblo de México: “Mientras en Estados Unidos los sectores estratégicos son asunto de seguridad, acá la cúpula en el poder alienta la privatización y desnacionalización petroeléctrica con grave riesgo para la seguridad humana y la integridad del país”.

Y ante el peligro latente de la desnacionalización petrolera, el PRI busca cambiar, de manera vergonzante, sus documentos básicos, donde aún asoma el nacionalismo revolucionario por los dogmas del mercado, para servir, ya sin ningún recato, a la oligarquía, que es la que realmente manda en México.

El PAN confirma su carácter de alcahuete neoliberal, un simple peón de los peones mayores, y el PRD, por incapacidad y vulgar oportunismo se sube al carro del neoliberalismo, fortaleciendo a los sectores de derecha entreguistas y antipatriotas.

El pueblo dice ¡ya basta! al terrorismo neoliberal que agrede la vida de los mexicanos y quebranta la soberanía nacional.





martes, 22 de enero de 2013

DEFENDER LOS DERECHOS DE LA CLASE OBRERA



La reciente contrarreforma laboral aprobada, con entusiasmo, por los priistas que gobiernan culmina una ofensiva iniciada desde 1982, cuando los neoliberales asaltaron el poder.

El contenido de esta intervención en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión denuncia, desde entonces, las sucias maniobras neoliberales que suplantaron las funciones de las Cámaras de Diputados y Senadores al elaborar Reglamentos a su gusto, violatorios de la Constitución y las leyes, para cancelar derechos fundamentales de los mexicanos, y en este caso de la clase trabajadora.

Hoy, con un Congreso de la Unión integrado, en su mayoría, por partidarios del neoliberalismo rapaz, elaboraron, sin discutir, una ley reglamentaria violatoria del artículo 123 constitucional que agrede violentamente los derechos laborales de los mexicanos.

Se puede acceder al  Diario de los Debates con la dirección:
cronica.diputados.gob.mx/D Debates/54/index.html


Trabajo Parlamentario

LIV LEGISLATURA
PODER LEGISLATIVO FEDERAL
DIARIO de los DEBATES
DE LA COMISIÓN PERMANENTE DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
AÑO III México, D. F., miércoles 13 de febrero de 1991 No. 9

El Presidente: - Tiene la palabra el diputado Alfredo Reyes Contreras, del grupo parlamentario del Partido Popular Socialista, para presentar una proposición sobre los derechos laborales.

El diputado Alfredo Reyes Contreras: -Honorable asamblea:

En distintas ocasiones el Partido Popular Socialista ha denunciado que desde 1982 los gobiernos federales han violentado nuestro régimen constitucional, y a través de la facultad reglamentaria que tiene el Ejecutivo de la Unión han pasado por encima de la Constitución General de la República y por encima de las leyes.

Tal cosa ocurrió con el Reglamento de la Ley de Inversiones Extranjeras al reclasificar los productos de la petroquímica básica para pasarlos a la petroquímica secundaria, al elaborar un reglamento posterior a la venta de Teléfonos de México para justificar su reprivatización. Al margen de la Constitución se fomenta la reprivatización del ejido. Y recientemente se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el 12 de diciembre de 1990, el Reglamento Interior de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, que conculca derechos fundamentales de la clase obrera de México.

Como se recordará, las normas que regulan la relación obrero-patronal se elevaron a rango constitucional como producto de la Revolución Mexicana, respondiendo a los intereses mayoritarios del pueblo trabajador. La notoria desigualdad entre el patrón y los trabajadores obligó a que las normas laborales, en lugar de permanecer en el derecho privado, se elevaran a rango público y el Estado adquiriera un carácter tutelar para proteger los derechos del trabajador; es decir, de la parte más débil de la relación obrero-patronal.

De una o de otra manera esta situación prevaleció hasta 1982 cuando, a pretexto del cambio estructural y ahora de la modernización, empezó una fuerte ofensiva en contra de la clase obrera del país y de manera particular en contra de todas sus conquistas logradas en una lucha permanente y con grandes sacrificios.

En la ofensiva neoliberal coinciden algunos sectores del gobierno y naturalmente los empresarios. Ellos piensan que nuestra legislación laboral debe adecuarse a la “modernización” y plantean como objetivos fundamentales la productividad y la competitividad internacional, reprimiendo los salarios de los trabajadores para contraer el mercado interno y fomentar las exportaciones.

Tanto empresarios como neoliberales en el gobierno se han propuesto dar marcha atrás a las conquistas obreras y regresar las normas laborales al campo del derecho privado, porque parten de la tesis modernísima de que el obrero y el patrón son iguales y pueden "contratar libremente". Que, por lo tanto, los conflictos obrero-patronales se deben resolver sin la intervención del Estado y que tanto el puesto de trabajo como el salario, la jornada de trabajo, el turno, la estabilidad en el empleo, deben ser variables para aumentar la productividad, término que en realidad encierra mayor sobreexplotación de la mano de obra.

Estas nuevas tesis pretenden que los salarios se paguen por hora de trabajo, que el reparto de utilidades se haga en función de la productividad y la situación bonancible de la empresa, porque dicen los empresarios y los neoliberales que debe acabarse con el "igualitarismo" y el "paternalismo".

Son muy claras las acciones aplicadas por esas fuerzas que constituyen verdaderas agresiones a los trabajadores del país. Las fuerzas de derecha del gobierno en plena armonía con los empresarios se han propuesto los siguientes objetivos: pulverizar la acción del movimiento obrero para debilitarlo; nulificar de varias maneras la acción de los sindicatos, obstaculizar la sindicalización de los trabajadores, bajo el pretexto de defender su "libertad", eliminando la sindicalización obligatoria; obstaculizar la formación de sindicatos mediante el recurso de "acreditación" de la personalidad de esas agrupaciones; destruir el derecho de defensa mutua de los sindicatos al proponer que se eliminen las huelgas por solidaridad, arma del proletariado para multiplicar la presión; acabar con avances tales como el contrato-ley al demandar que se dé preferencia al contrato de cada empresa por separado; hacer nugatorio el derecho de huelga mediante múltiples recursos de presión y de excepciones; intervenir en la vida interna de los sindicatos, a través de todo un sistema de fiscalización; propiciar la persecución de los trabajadores al proponer que se le obligue a identificarse con nombres y firmas en los pronunciamientos de huelga; impulsar la intromisión del poder público para debilitar el derecho de presión de los trabajadores.

Todas estas medidas se requieren para concluir o formalizar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos de América y Canadá, sin importar la vigencia de los derechos fundamentales de la clase obrera.

Señoras y señores legisladores, una característica esencial de la legislación laboral hasta 1982, fue su constante enriquecimiento para garantizar y ampliar los derechos de los trabajadores. La vigente Ley Federal del Trabajo, reglamentaria del artículo 123 constitucional, cuando se expide es una de las más avanzadas del mundo capitalista; ahora, cuando las relaciones de producción están siendo modificadas en forma contrarrevolucionaria en favor del capital privado, representa un verdadero obstáculo para el proyecto neoliberal.

Por esa razón o se busca su modificación, que no se ha logrado gracias a la lucha de los trabajadores, o se viola abiertamente y se burlan por vía reglamentaria sus disposiciones, como ocurre con el citado Reglamento Interior de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

Sólo a modo de ejemplo quisiera señalar, ante ustedes, que el artículo 24 del mencionado reglamento es violatorio de los artículo 369 y 370 de la Ley Federal del Trabajo, porque de acuerdo con la ley es la Junta de Conciliación y Arbitraje la que resolverá acerca de la cancelación del registro de sindicatos en lo casos que la misma disposición señala; es decir, en caso de disolución o en caso de que el sindicato deje de tener los requisitos legales.

El artículo 370 de la Ley Federal del Trabajo, expresamente señala que los sindicatos no están sujetos a disolución, suspensión o cancelación de su registro por vía administrativa, pero la fracción II del artículo 24 del Reglamento señala que corresponde a la Dirección General de Registro de Asociaciones de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, la facultad de proceder a la cancelación de los registros otorgados a asociaciones de trabajadores o de patrones.

En la fracción III del artículo 24 del citado reglamento, la mencionada dirección general tiene la facultad de resolver sobre el registro de los cambios de directiva de los sindicatos, federaciones y confederaciones, lo que significa una indebida intromisión del Poder Ejecutivo en la vida de los sindicatos.

Estas disposiciones del Reglamento de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social constituyen una abierta agresión al derecho de sindicalización de los trabajadores y no incluyó aquí a los patrones porque sus intereses están fielmente representados y defendidos por el actual Secretario de Trabajo y Previsión Social.

Señoras y señores legisladores, al observar el contenido de este reglamento en materia sindical, nos parece que estamos ante hechos muy graves, y más si recordamos cómo se ha burlado por vía reglamentaria el contenido revolucionario de nuestra Constitución y de nuestras leyes.

Nos encontramos ante un hecho grave, el Ejecutivo asume funciones legislativas; es decir, el Ejecutivo suplanta al legislativo en su función esencial. El Ejecutivo violenta el estado de derecho en que vivimos y rompe con la división de poderes. Además de que en este caso concreto, estamos ante una agresión, como lo he dicho, al movimiento obrero, a los trabajadores y a sus derechos que para nosotros como representantes populares deben ser sagrados.

Por la gravedad que reviste esta situación, me permito presentar a nombre del Partido Popular Socialista, la siguiente proposición:

"Solicito con todo respeto a la Presidencia, que a esta proposición le dé el trámite que señala la fracción III del artículo 79 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. La proposición es la siguiente:

Primera. Turnar el contenido de esta intervención a la Comisión de Trabajo y Previsión Social.

Segunda. Que la Comisión de Trabajo y Previsión Social, se aboque al estudio del citado reglamento.

Tercera. Que se demande la comparecencia del Secretario de Trabajo y Previsión Social, ante la comisión correspondiente de la Cámara de Diputados, para que explique con detalle el contenido del reglamento.

Cuarta. Por ser el reglamento ilegal y por atentar en contra de los derechos de sindicalización de la clase obrera, demandar en su oportunidad su derogación.

Sala de sesiones de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, a los trece días del mes de febrero de 1991.

Por la fracción parlamentaria del Partido Popular Socialista, diputado Alfredo Reyes Contreras."

El Presidente: -Túrnese para la atención que proceda, a la Comisión de Trabajo y Previsión Social de la Cámara de Diputados. (Versión estenográfica)

miércoles, 9 de enero de 2013

CAMBIAR EL RÉGIMEN POLÍTICO DE MÉXICO



En el artículo anterior señalé las tareas urgentes que, a mi juicio, tienen las fuerzas democráticas de la Nación mexicana, frente al desastre provocado por los neoliberales en treinta años de mal gobierno. No se trata, como lo expresé al final, de un programa, sino de las medidas urgentes para detener, también, la continuidad del neoliberalismo anunciado por el nuevo gobierno federal.

Y frente a la continuidad del neoliberalismo que socava la soberanía nacional, que daña gravemente la independencia de México, que empobrece al pueblo y enriquece a unos cuantos, generando un grado de desigualdad social inadmisible, me parece que también es urgente plantear el cambio de régimen político.

El neoliberalismo conduce al país al abismo de manera directa.

La democracia no es más que una caricatura, y la llamada democracia representativa ha sido utilizada para impedir que el pueblo ejerza su soberanía. El pueblo mexicano ha sido despojado de su carácter soberano. En su nombre y representación se gobierna para un selecto grupo de acaudalados.

La elección de los gobernantes se ha convertido en un mecanismo formal que convalida el gobierno de la oligarquía. Los hechos, en este aspecto, son contundentes. El enorme abstencionismo es la muestra débil del rechazo de la mitad de los electores a un proceso lleno de vicios, dominado hoy plenamente por el dinero.

La impunidad ha sido la marca del neoliberalismo que, usando y abusando del poder, dispone a su antojo del patrimonio nacional, lo pone a remate como si se tratara de una mercancía cualquiera, asume conductas verdaderamente delictivas, sin que los responsables sufran ninguna sanción.

La Constitución de 1917 corrió la misma suerte que el Código Fundamental de 1857 bajo la dictadura porfirista: formalmente existe, pero su vigencia ha sido cancelada. Los funcionarios públicos violan constantemente el contenido de la Constitución nacional a ojos vistos, y no pasa nada.

Sus mandatos fundamentales han sido alterados para garantizar los negocios más turbios y las ganancias más sucias de la oligarquía. A través de las leyes secundarias se han cancelado derechos constitucionales fundamentales de la nación y del pueblo: el despojo del petróleo y la industria eléctrica; el regreso multimillonario de dinero a los empresarios, que no sólo no contribuyen con sus impuestos, sino que se apoderan de los recursos públicos; el despojo de los derechos de los trabajadores mexicanos mediante la contrarreforma electoral reciente; el despojo a la nación y a los ejidatarios de la propiedad social. Los ejemplos se multiplican.

Cuando el neoliberalismo ha sido desechado en otros pueblos hermanos de América Latina y del Mundo, y es repudiado mediante grandes manifestaciones, en México se le invoca como el último grito de la moda y se presenta, falsamente, como el remedio de todos nuestros males.

El fuero constitucional, otorgado a funcionarios federales y estatales, ha dejado de ser un mecanismo de protección en el buen ejercicio de las responsabilidades públicas, para convertirse en un instrumento que garantiza el desaseo de los funcionarios y fuente primaria de la impunidad, que se extiende hasta los familiares de quienes lo gozan.

Mientras exista el fuero no habrá transparencia en el ejercicio del gobierno y menos rendición de cuentas, temas sobre los que se habla mucho, se legisla en los tres niveles de gobierno, pero todo sigue igual. La corrupción ha invadido como un cáncer terminal al poder público.

En el extremo, y para garantizar la continuidad de la política depredadora del neoliberalismo, el actual gobierno federal presenta como una conquista histórica la conformación de un bloque de fuerzas de derecha, integrado por el PRI, el PAN y el PRD, que nulifica en la práctica la función deliberativa y resolutiva de las Cámaras del Congreso de la Unión, que se convertirán en simples oficinas de trámite. Ese bloque derechista pretende avasallar a las fuerzas opositoras y cancelar las opiniones contrarias al proyecto neoliberal.

Como en uno de los momentos más aciagos de nuestra historia, surge un Consejo para impulsar el llamado “Acuerdo por México” con un tufo reaccionario, como lo tuvo en su momento la Junta de Notables que impuso la forma monárquica de gobierno. Hoy, en lugar de monarquía, hablamos de neoliberalismo.

A quien le quede alguna duda, lea las siguientes líneas aparecidas en algunos medios nacionales la tarde del martes 8 de enero del año en curso: “El secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), José Ángel Gurría, calificó ayer como inédito y excepcional la firma del acuerdo por México. “Lo vemos con enorme interés y entusiasmo… Es lo que le había faltado a México durante tantos años”, puntualizó.

El entusiasmo de la derecha neoliberal expresado en pocas palabras por alguien que debe decir abiertamente qué intereses representa y qué autoridad tiene para meterse en la vida de los mexicanos cada que le viene en gana, sin tener ninguna autoridad para hacerlo.

Los funcionarios públicos a los que la Constitución les otorga el carácter de mandatarios, en la práctica asumen el papel de mandantes o mandones. Todos, sin excepción, son electos por la mayoría de la minoría, incluyendo los escandalosos fraudes que marcan nuestra historia en los últimos 30 años.

Hemos arribado a una situación en que la democracia representativa, en México, no representa al pueblo, no representa a la nación, no representa las aspiraciones legítimas del pueblo mexicano de independencia, soberanía, libertad y justicia social.

La primera condición para cambiar el régimen político en México es que el pueblo recupere su carácter soberano. Esto puede sonar subversivo para los neoliberales, pero el artículo 39 de la Constitución mexicana ordena: “La soberanía reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Esta norma constitucional debe modificarse o adicionarse para quedar con la siguiente redacción: “La soberanía reside esencial y originalmente en el pueblo, quien la ejerce directamente a través de las figuras y formas previstas por esta Constitución y las leyes respectivas. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Modificar la fracción II del artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para establecer “el derecho inalienable de los mexicanos de participar en la dirección de los asuntos públicos, entre otras figuras a través del plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular, la contraloría social”.

La Iniciativa popular, como derecho de los mexicanos, está prevista en el artículo 35 constitucional, pero establece tales requisitos que hace imposible su ejercicio.

De acuerdo con el nuevo contenido del artículo primero constitucional esos derechos son reconocidos (no otorgados) y deben ser escrupulosamente respetados por todos los funcionarios. Y las leyes reglamentarias deben facilitar su ejercicio y no hacerlos nugatorios.
Hay que destacar que deben ser los ciudadanos los que hagan uso de los derechos citados, y no las autoridades siempre proclives a impedir que se exprese la voluntad colectiva de manera libre y segura.

Como consecuencia de las adiciones señaladas, debe establecerse la revocación del mandato. El mandante es el pueblo y ese carácter, por disposición constitucional, es inalienable. Hay que regresar su carácter soberano al pueblo. Hay que reconocer el poder que la Constitución otorga al pueblo, ese poder que le han usurpado los funcionarios.

En las reformas a la Constitución no debe quedar excluido el pueblo, por lo que es necesario incorporar la figura del Referendo o Referéndum Constitucional para que el pueblo participe directamente en la adición o modificación de la Carta Magna, y lo mismo debe hacerse en las entidades de la federación con las constituciones estatales.

Los funcionarios no deben tener fuero cuando atentan contra los intereses de la nación, contra los intereses del pueblo y de manera particular cuando se atenta contra el patrimonio público. Es decir, los funcionarios públicos, cualquiera que sea su rango no tienen facultades para disponer del patrimonio nacional, estatal y municipal.

Por lo tanto, la Constitución de la República debe consagrar, de manera expresa, como derecho de los mexicanos la prohibición de privatizar el patrimonio nacional, el de los Estados y el Municipal, así como la prohibición de privatizar los servicios de salud, de educación, la seguridad social, las empresas que formen parte o se incorporen al patrimonio público, los aeropuertos, los puertos marítimos, las reservas ecológicas, el petróleo y sus derivados, la electricidad y las empresas que por mandato constitucional hoy tienen el encargo de manejar en forma exclusiva esos renglones básicos de la economía nacional, como PEMEX y la CFE.

También estará prohibido privatizar las carreteras, el ejido, restableciéndolo como propiedad de la nación entregada en usufructo a los ejidatarios, los sistemas de riego, la propiedad y los bienes federales y estatales.

Privatizar un bien público será causa inapelable para revocar el mandato de los funcionarios, separarlos de cualquier función pública y obligarlos a reparar los daños provocados, además de las sanciones penales que correspondan.

La Constitución establecerá como obligación del Estado la nacionalización de la Banca y el Crédito, los ferrocarriles de carga y pasajeros, la industria minera y siderúrgica. Y declarar nulos de pleno derecho los contratos otorgados  a particulares o empresas petroleras o de la electricidad en violación de las disposiciones constitucionales que los prohíben.

La Carta Magna deberá establecer como principio constitucional la intervención del Estado en la economía, no la rectoría que es una figura impulsada por el neoliberalismo y que impide al Estado promover el desarrollo económico y social.

Los delitos cometidos por los funcionarios, en ejercicio del poder, contra los intereses de la nación y del pueblo, en todos los niveles de gobierno (ejecutivo, legislativo, judicial y municipal) serán exigibles en todo momento y no prescribirán.

Hay que ampliar sistemáticamente los derechos sociales y las garantías individuales de los mexicanos:

Reconocer, a nivel constitucional, el derecho a la libertad ideológica, la indemnización por error judicial, a cargo del Estado; la obligación del Estado de garantizar la soberanía alimentaria del país y, consecuentemente, el derecho a la alimentación; el derecho al agua segura; el derecho de los mexicanos a la soberanía energética y tecnológica; el derecho de llevar una vida libre de violencia; el derecho a la paz social; reconocer y ampliar los derechos de las personas de la tercera edad y de las personas con capacidades diferentes; el derecho a la investigación científica; el derecho de los mexicanos a la enseñanza superior.

La Constitución mexicana reconocerá el derecho de toda persona para recurrir a los tribunales a fin de garantizar los derechos que ella reconoce y objetar las violaciones a la propia Constitución. Reconocer también el derecho, tanto a las colectividades como a las personas, para que los funcionarios responsables reparen el daño causado.

Y aunque no estén explícitamente contenidos en las normas constitucionales, se tendrán por reconocidos los derechos otorgados por instrumentos internacionales a favor de las personas, estableciendo el principio de que la ignorancia de un tratado internacional no excusa su cumplimiento.

El cambio de régimen político tendrá, entre uno de sus principales objetivos, el cambio de modelo económico: prohibir las privatizaciones y fomentar las nacionalizaciones.