martes, 2 de junio de 2020

LAS TAREAS DEL ESTADO DE BIENESTAR EN MÉXICO



Las fuerzas socialistas y de izquierda, a nivel mundial, siempre han estado reflexionando y expresando propuestas concretas para superar el sistema capitalista.

Ahora en medio del desastre neoliberal, fuerzas progresistas y democráticas  del mundo se aprestan, también, a profundizar la reflexión y agilizar propuestas para superar ese modelo, y el propio sistema capitalista.

Sería un despropósito pretender volver a la normalidad, en el sentido de que se mantuviera intocado e intocable el sistema capitalista, y su engendro: el neoliberalismo, y las expresiones salvajes que envuelven y caracterizan  la globalización.

Los globafólicos están desesperados ante los desafíos que representa la etapa actual, porque nada tienen que proponer. Se quedaron desarmados: sin programa y sin ideas, aunque conserven el poder económico.

Es urgente establecer nuevas bases sólidas, firmes, duraderas para que la humanidad haga posible su ascenso permanente.

En el ámbito nacional ocurre lo mismo que  en el resto del mundo: como los neoliberales fueron totalmente desprogramados por la pandemia, no han planteado ninguna propuesta razonable. Insisten, ellos sí, en regresar al pasado de saqueo, rapiña, explotación y brutal desigualdad.

 En consecuencia, en México, es urgente encaminarse por la ruta del Estado de Bienestar, y consolidarlo como la única opción popular y nacional en este momento.

 Algunas de las tareas inmediatas (otras ya forman parte de la política del actual gobierno federal a profundizarse) deben aplicarse con carácter urgente.

Entre otras las siguientes:

1.- Establecer bases firmes para fortalecer soberanía energética: el petróleo hoy, y las energías limpias en el futuro inmediato. Estas últimas deben ser manejadas exclusivamente por el Estado, con exclusión de los particulares, que sólo buscan lucrar, como ha quedado demostrado hasta el cansancio.

2.- La soberanía científica y tecnológica representa, en nuestros días, un pilar fundamental de la vida económica y social, y soporte de la verdadera soberanía nacional.

3.- Para erradicar el hambre y la pobreza debe instaurarse la soberanía alimentaria. La autosuficiencia en este renglón esencial contribuirá a garantizar alimento suficiente con el valor nutricional que requiere una vida sana.

4.- La salud universal (de la cuna a la tumba) que garantice una vida digna, por encima de los grupos delincuenciales que lucran con la enfermedad y hacen imposible la salud.

5.- Educación para todos que tenga en cuenta los valores del pueblo mexicano que nos vienen de lo más hondo de nuestra historia, que prepare y capacite a la juventud mexicana y fortalezca las relaciones familiares y sociales.

En este aspecto se debe fortalecer la cultura nacional y las culturas regionales.

6.- Los programas sociales que hoy se tienen en el país para adultos mayores, personas con alguna discapacidad, niños y jóvenes, deben ser entendidos como el inicio de más y mayores medidas que sirvan para una mejor distribución de la riqueza generada por los mexicanos.

7.- Pensiones suficientes con el carácter solidario con que fueron concebidas, abandonando el sistema de afores, creación del neoliberalismo rapaz.

8.- En materia fiscal debe gravarse el capital y no el trabajo, y aplicarse la progresividad impositiva.

En México debe aplicarse, pero ya, el mandato de la fracción  IV  del artículo 31  de nuestra Constitución nacional, que ordena la proporcionalidad y equidad en materia impositiva, de manera que paguen más los que más tienen, menos los que menos tienen, y nada paguen los que nada tienen.

9.- El proceso de nacionalizaciones debe elevarse a rango constitucional: de inmediato nacionalizar el crédito y la banca, los renglones fundamentales de la economía, y aquellos del futuro que garanticen el Progreso Social. Nacionalizar los recursos públicos, en beneficio de todos.

10.- En consecuencia, también a nivel constitucional, debe quedar expresamente prohibida cualquier privatización de los servicios, bienes y recursos públicos.

11.- Cancelar la deuda externa. Los bancos usureros del capitalismo no pueden seguir lucrando en medio de la tragedia, ni cuando esta haya sido superada.

12.- Decretar, por causas de utilidad pública, la cancelación del Fobaproa, que sigue siendo un mecanismo de saqueo de los recursos del pueblo.

13.- Acordar y exigir el cumplimiento de las medidas urgentes para proteger el medio ambiente y la biodiversidad.

14.- Luchar por un nuevo orden mundial, con base en los principios constitucionales que norman la política exterior del pueblo mexicano: “la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos, y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

15.- Por las características propias de México, fortalecer la propiedad social, y de manera particular el ejido, derogando toda disposición legal que se oponga a este propósito.

Las medidas señaladas, (que ya se contienen en artículos anteriores en este blog), y otras más, serían la base del nuevo Estado de Bienestar en México, y este, a su vez, sentará firmes y sólidos cimientos para la construcción de un sistema superior de la vida social, que deje atrás el sistema capitalista.

La divisa: socialismo o barbarie tiene en nuestros días  una vigencia inocultable.

martes, 28 de abril de 2020

LOS MISERABLES EN LA PANDEMIA



En un Cartón aparecido en el diario La Jornada, de México, el cartonista, lleno de ingenio y claridad política, señalaba que el covid19 había servido para que muchos se pusieran tapabocas, y algunos más (una minoría rabiosa de neoliberales, digo) se quitaran la careta.

Quizá habría que precisar, que el covid19 los obligó a quitarse la careta y aparecer, como lo que realmente son: unos verdaderos miserables.

En México, esos miserables apuestan a todo para que el gobierno de López Obrador fracase en el combate a la epidemia. Y no hay medida adoptada por el gobierno que no rechacen, sin aportar argumentos que valga la pena considerar.

Muchos empresarios y periodistas (sic), promotores y beneficiarios de la criminal política neoliberal, de manera mágica, se presentan como expertos epidemiólogos, virólogos, infectólogos, expertos, como diría el clásico, en el todo y la parte.

Resalta la ambición desmedida e incontrolable de los empresarios, que saquearon los recursos del pueblo, hasta decir basta, durante los 36 años de neoliberalismo. Y no sólo reclaman más dinero para ellos, en estos difíciles momentos, sino que se niegan a pagar lo que deben, que es una millonada de dinero; y han dicho públicamente que no pagarán, a sabiendas de que cometieron un delito contra el pueblo, de mayor gravedad si consideramos la situación de la pandemia. ¿Quién puede dudar que son unos verdaderos miserables?

Los voceros oficiales y oficiosos del neoliberalismo, fracasado rotundamente, como lo ha señalado Noam Chomsky, destilan rabia y rencor en sus artículos (que afortunadamente pocos leen). Esos voceros convenencieros, presumen ser economistas, médicos y especialistas en terapia intensiva, tecnólogos en respiración artificial, cuando en realidad son neoliberales enfermizos, aferrados al tren destartalado de su modelito económico, en franca actitud de aves de carroña, en espera de lo peor.

Del Consenso de Washington (su verdadera Biblia) no les queda nada.

 Ya sólo les falta que privaticen a quien dice José Saramago en la página 581 de su diario Cuadernos de Lanzarote, edición Alfaguara (1998).

Huérfanos de programa y de ideas, no tienen que plantear y mucho menos nada que justificar. Los destrozos que hicieron están a la vista de todos, y ya han sido condenados, histórica, política y moralmente, como auténticos  miserables delincuentes.

En México, los empresarios desnacionalizados y comentócratas (el autocorrector  me da como opción, comentó ratas) como ocurrió siempre, le imponen línea política a los partidos reaccionarios y de derecha que viven un desbarajuste en su interior porque, quieran o no, el fracaso estrepitoso del neoliberalismo los arrastró, y los dejó en cueros frente al pueblo y la opinión pública.

Los neoliberales de la pandemia (cabe decir, neoliberalismo pandémico), sin ocultar sus siniestros intereses de derecha y ultraderecha impulsan, a través de las redes sociales, noticias falsas. Hasta hoy en eso están bien coordinados, porque para movilizaciones, no lo logran ni con sus familias, por el enorme desprestigio que tienen.

Algunos comentócratas pontifican, a diestra y siniestra, y como he dicho, destilan rabia y rencor.

 El conocido pinochetista chileno, Pablo Hiriart, abusa de la hospitalidad del pueblo mexicano, y como verdadero energúmeno arremete, todos los días y a toda hora, de manera grosera, contra el gobierno mexicano, particularmente contra López Obrador.

Esta conducta debe tipificarse como una causal para retirar la nacionalidad por naturalización, en cualquier momento, o al menos establecer en la Constitución nacional, la prohibición expresa de intervenir en los asuntos políticos del país, que sólo compete a los mexicanos.

Y todos los miserables neoliberales, juntos o separados, dueños de plumas o empresas, y sus peones: los dirigentes de los partidos de derecha y ultraderecha (PAN, PRI, PRD, MC), son tan repudiados por el pueblo y, particularmente, por la opinión pública, que se ven obligados a pedir auxilio de otros miserables como Ernesto Zedillo, que a través del Fobaproa despojó a los mexicanos de tres billones de pesos (sin que hasta la fecha se haya podido pagar, porque sólo de intereses es un dineral) o el irredento ultraneoliberal Vargas Llosa (que tiene de escritor lo que tiene de ultra), tan repudiados como los que se encuentran en territorio mexicano.

Todos, sin excepción, no dejan de manifestar sus afanes golpistas, por eso las ansias incontrolables, enfermizas, verdaderamente patológicas de que se fracase en la lucha contra la pandemia.

Los golpistas exigen que el gobierno de López Obrador siga rescatando empresarios fraudulentos, y deje al pueblo mexicano en el desamparo.

Los mexicanos exigimos que el Fobaproa, criminal instrumento de saqueo y despojo a los mexicanos, debe cancelarse; que llegó el momento de suspender cualquier pago por esa extorsión. Y para esto hay plena justificación: se necesitan recursos para combatir la pandemia y reactivar la economía.

Mil veces cancelar definitivamente el Fobaproa ese pago, producto de un robo continuado, que suspender Santa Lucía, Dos Bocas, o el Tren Maya, que van a crear empleos y ayudarán a salir  de los problemas económicos generados por la pandemia.

Que se someta a consideración del pueblo mexicano, dicha propuesta. Que sea la voluntad del pueblo mexicano quien decida. Es por hoy de la mayor urgencia, y una medida de carácter profundamente democrático y popular.

martes, 14 de abril de 2020

CONCEBIR Y CONSTRUIR UN NUEVO MUNDO



En el artículo anterior, al final, dije que la  lucha por un mundo mejor es la tarea inaplazable de nuestro tiempo.

Este es el sentido en que infinidad de filósofos, politólogos y otras personalidades de pensamiento avanzado, progresista, de izquierda y revolucionario, con distintas expresiones, han insistido en los últimos años, pero sobre todo en los últimos meses.

El debate será intenso y profundo para concebir ese mundo nuevo, y este debate será privilegio de quienes han luchado, siguen luchando, o se han incorporado recientemente a la lucha por ese mundo mejor.

Al margen quedarán los ideólogos (defensores a ultranza) del sistema capitalista, que ha saltado por los aires, hecho añicos. Nada tienen que ofrecer para que la humanidad siga su camino ascendente. Al contrario, representan el mayor obstáculo, en las actuales circunstancias, para lograr ese propósito superior.

Hay plena coincidencia en que se ha llegado, en nuestros días, al fin de una época, y se abren horizontes para un nuevo mundo.

Y no sólo hay plena coincidencia, sino la afirmación contundente, basada en datos, cifras y hechos, de que la pandemia del covid19 puso en evidencia la incapacidad del capitalismo (y su producto: la globalización) para enfrentarla.

Como dice el filósofo inglés, John Gray, “los problemas mundiales no siempre tienen soluciones mundiales”, por lo que la tarea de superar dicho fenómeno natural y reactivar la economía mundial pasa a los Estados nacionales.

Se acentuará, en los días por venir, el proceso de desglobalización que se manifiesta en todas las latitudes del globo terrestre. “Adiós globalización, empieza un nuevo mundo. La hiperglobalización de las últimas décadas se acaba”, nos recuerda el citado filósofo inglés.

El criminal experimento neoliberal (esa política demencial como la califica Paolo Flores d´Arcais) al igual que todo el sistema capitalista, ha saltado hecho pedazos, y para bien de la humanidad está cerca de desaparecer.

Uno de los crímenes de lesa humanidad del capitalismo (y de su engendro, el neoliberalismo) fue el desmantelamiento de los sistemas de salud, para darle prioridad a la medicina privada, sucio negocio incapaz de atender y entender al ser humano como tal.

En medio de la pandemia, ese sentimiento de fragilidad y vulnerabilidad que el ser humano experimenta,  a lo largo y ancho del mundo, servirá para recordarnos, siempre, que somos parte de la naturaleza y que formamos parte de ella.

Rodarán por los suelos, las ideas que concibieron y siguen concibiendo erróneamente al ser humano apartado de la naturaleza. Esas creencias de que somos seres de excepción (y que tanto daño han causado a la evolución humana, a través de siglos) desaparecerán en el mundo que está por venir.

La ciencia se convertirá, más que nunca antes, en un instrumento certero de todos, para entender y explicarse no sólo su propia vida y su propio mundo, sino para concebir y planear su futuro.

Hoy la humanidad tiene ante si, la urgencia de concebir y aplicar un sistema social netamente humano, solidario, justo, racional que tenga en cuenta la satisfacción de las necesidades del ser humano en todas sus dimensiones y que permita crear las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales para su pleno desarrollo; que libere a la humanidad de las crisis cíclicas, verdaderas pandemias económicas que han cobrado la vida de millones de seres humanos.

En la fase inmediata a la pandemia, tendrá que prevalecer el Estado de Bienestar, con mayor capacidad y más atribuciones a fin de establecer y operar las medidas económicas y sociales inaplazables, que rescaten de la insalubridad y la pobreza a los millones de seres humanos desechados por el capitalismo.

El concepto de crecimiento económico, propio del capitalismo, tiene que ser sustituido por el concepto de Progreso Social, en toda su dimensión y plenitud, para hacer posible una nueva etapa en el bienestar pleno de los seres humanos y el ascenso indetenible de la humanidad.

De manera especial, el Estado de Bienestar establecerá como derecho de su población el de la salud universal, totalmente gratuito, con elevados estándares científicos y tecnológicos, donde se apliquen, en beneficio de todos, las formidables conquistas científicas alcanzadas hasta nuestros días.

La autosuficiencia alimentaria para el conjunto de seres humanos que habitan la Tierra, podrá lograrse  si cada Estado la logra en su territorio y fomenta un intercambio con base en el beneficio mutuo y la más amplia solidaridad y fraternidad. Así como hoy se hace, en varios casos, (todavía muy reducidos) con los insumos que se requieren en los hospitales para atender la pandemia.

Es evidente que la pandemia, por su propia dinámica (acentuada por problemas internos de las potencias económicas), no generará, un nuevo orden mundial, sino ciertos ajustes que harán variar la posición entre dichas potencias, pero lo que la humanidad requiere es un auténtico nuevo orden mundial, que contemple y respete la igualdad jurídica de los Estados, la auténtica solución pacífica de las controversias internacionales, y que establezca como norma (a la que todos los Estados ajusten su conducta) la lucha por la paz, la cooperación internacional para el progreso social y la seguridad internacional.

En el nuevo mundo, el egoísmo despiadado del capitalismo y la explotación del hombre por el hombre, tendrá que ser sustituido por la solidaridad y la fraternidad entre todos los seres humanos.

“Ahora una revolución es el mínimo indispensable” afirma convencido Paolo Flores.

Y por hoy, el sistema socialista representa la mejor opción para lograr esa revolución, en beneficio de los 7400 millones de seres humanos sobre la Tierra, para que todo patrimonio de la humanidad sea privilegio de todos y no de unos cuantos.


jueves, 9 de abril de 2020

CAÍDA ESTREPITOSA DEL NEOLIBERALISMO



El neoliberalismo surgió como modelo económico colonialista del capitalismo, para dominar y saquear los recursos de los países pobres y concentrar la riqueza en el seno de las potencias económicas.

El mundo presenció, en la última cuarta parte del siglo XX, un verdadero “asalto neoliberalista al Estado Social”, de acuerdo con la expresión precisa de Zygmunt Bauman.

En este blog, en distintos artículos, denuncié que en 1982 un grupo de facinerosos había asaltado el poder, y empezó a aplicar una política contraria a los grandes objetivos de justicia social de la Revolución Mexicana.

Con el neoliberalismo se estrechó el vínculo entre el poder económico y el poder político de las potencias. Y en sus metrópolis se prepararon los cuadros neoliberales para colonizar al resto de los países.

El resultado palpable y comprobable, señalado en infinidad de estudios de carácter mundial en los renglones económico, social y político, que al mismo tiempo condena ese modelo criminal, es claro: el 1% de la población mundial concentra, aproximadamente, el 95% de la riqueza global.

Lo que genera esta concentración es una brutal desigualdad social como no se había visto en todo el periodo del capitalismo. Y en la mayoría de los países se replicó, con pequeñísimas variantes, esa concentración de la riqueza, y se hicieron más profundas las desigualdades, que tienen postrados a millones de personas a lo largo y ancho del globo terrestre, y dejó a centenas de millones de personas a merced de las calamidades naturales y sociales.

Los malos gobernantes, bajo el manto neoliberal, se dedicaron a vivir para los mercados, y ahora los mercados los dejaron tirados, dice certeramente el cineasta británico, Ken Loach.

El neoliberalismo no es un sistema económico per se. No es que se haya creado de la nada, o que sea una creación al margen del capitalismo. El neoliberalismo es capitalismo puro. O para decirlo de otra manera, el neoliberalismo es la expresión más pura del capitalismo en estado putrefacto.

No es sólo una manifestación de descomposición del capitalismo. Es la descomposición del capitalismo en si. Un sistema enfermo, que se encuentra en etapa terminal.

Queda claro que el capitalismo ha cumplido su ciclo. Hoy representa un obstáculo para que la humanidad siga su marcha ascendente, y no sólo es un obstáculo, es el mayor peligro contra la humanidad. Por el bien de los 7500 millones de humanos sobre la Tierra, debe desaparecer.

México, como muchas otras naciones del mundo, sufrió los embates neoliberales, y los resultados desastrosos están a la vista de todos.

En 15 meses el pueblo se ha enterado, con datos, montos, fechas y nombres de neoliberales, el incalculable daño que le ocasionaron a México en 36 años de dictadura neoliberal, y que muchos denunciamos desde 1982.

Hoy, México, como muchos países del mundo, tiene que orientarse a la reconstrucción de sus economías, al establecimiento de principios y normas con una profunda orientación social.

Hay que reconocer el esfuerzo que realiza el actual gobierno en ese sentido, y hay que combatir a los desfasados neoliberales, que se aferran a sus dogmas fracasados como un naufrago a una tabla rota.

Ningún neoliberal, ni los que desgobernaron, ni los que hicieron turbios negocios desde y al amparo del poder publico, tienen una pizca de autoridad económica, política y moral para decir nada. Sus crímenes han quedado en evidencia, y sólo falta, en nuestro país, la decisión del poder público de llamarlos a cuentas y exigirles las responsabilidades que han eludido hasta hoy.

Desde el punto de vista que se le quiera ver, no es posible que ese grupo de delincuentes ande libre como si nada hubiera pasado. El gobierno actual no puede convertirse en cómplice de esa mafia criminal.

Es evidente que con o sin covid19, el neoliberalismo ha experimentado un fracaso absoluto, pero la pandemia exhibió, en forma clara e inocultable, su carácter mafioso y criminal, su naturaleza inhumana. Quien dude de esta afirmación que vea los hechos y datos derivados de la pandemia en varios países del globo terrestre.

Aquí, en México, como en otros países, la pandemia del covid19, ha desnudado a los neoliberales y a sus voceros a sueldo. Ha evidenciado su verdadera vileza, su espíritu mezquino.

La defensa de sus privilegios, derivados del fracasado sistema, los lleva a plantear la aberración de exigir la permanencia del neoliberalismo criminal. Con verdadera rabia se oponen a cualquier medida de corte popular. Tal parece que padecen ceguera mental, si no estuvieran plenamente identificados como unos verdaderos miserables.

No se puede calificar de otra manera a la banda de buitres que se afila las garras para enriquecerse en medio de esta crisis de consecuencias incalculables. Su egoísmo y sus afanes de acumular riqueza no tienen límites, como no tiene límites su espíritu faccioso y sus afanes golpistas.

Eso y más está por exhibirse en lo que ya es un problema de salud a nivel mundial, que ha acelerado la crisis capitalista y el derrumbe de su engendro: el neoliberalismo.

Programática e ideológicamente (si es posible utilizar este término) el neoliberalismo está liquidado. La apropiación desmedida e incontrolada de los bienes y recursos del pueblo, los llevó a que les estallara en pedazos el sistema capitalista.

Por ello, en estos momentos adquiere mayor fuerza el planteamiento, o más bien la exigencia, de que un mundo mejor es posible. Es para la inmensa mayoría de los que tenemos el privilegio de vivir en este tiempo, una tarea inaplazable.


domingo, 23 de febrero de 2020

DESMONTAR EL NEOLIBERALISMO. INVOLUCRAR AL PUEBLO EN LA RECONSTRUCCIÓN NACIONAL


Es verdad que se ha instaurada una nueva forma de hacer política en nuestro país, a raíz de la derrota electoral estrepitosa del grupúsculo neoliberal que, por cierto, estableció una verdadera dictadura del capital durante 36 años.

A partir del nuevo gobierno no se aplica el librito del neoliberalismo, al que se ajustaban los apátridas y desnacionalizados, pero a un poco más de un año, sobreviven elementos de aquel régimen antipatriota, antinacional, saqueador y corrupto, que a punto estuvo de destruir a México.

Los neoliberales y sus lacayos quedaron sin banderas ni propuestas; se han dedicado a difundir noticias falsas y a criticar las medidas de gobierno que no se ajustan a su modelito. Siempre ocultaron y callaron sus atrocidades, y hoy se rasgan las vestiduras ante lo que ocurre en el país.

Carecen, todos juntos y cada uno por separado, donquiera que se encuentren, de la más mínima autoridad política, y ya no se diga moral. Muchos han quedado exhibidos (y otros tantos faltan) como verdaderos delincuentes.

He dicho, en varios artículos publicados en este blog, que una banda de forajidos arribó al gobierno en 1982, que puso el gobierno al servicio del capital, remató la riqueza nacional de manera frenética, saqueo los dineros públicos en forma cotidiana, alteró gravemente la seguridad del pueblo mexicano, lo empobreció con toda intención, y dañó el sentimiento de solidaridad que desde siempre ha sido propio de nuestro pueblo.

Varias de las atrocidades de los criminales neoliberales se han puesto al descubierto y se han hecho públicas por el gobierno actual. Abarcan toda la administración pública, sin dejar un solo espacio sin destruir.

Ahora se está entendiendo el gravísimo daño que los neoliberales le hicieron a los mexicanos, como pueblo, como nación y como país.

Por lo tanto es urgente desmontar el andamiaje económico, político y social que construyeron en tres décadas y media.

En sentido literal hay que reconstruir al país de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, y en todas direcciones.

 Insisto en que desde el punto de vista jurídico, es urgente depurar toda la legislación neoliberal, y de manera especial la Constitución nacional de cualquier elemento neoliberal, y poner al Estado incondicionalmente al servicio del pueblo.

 Es tarea urgente e inaplazable.

También debe tenerse presente que las transformaciones profundas jamás se han realizado sin la participación de los pueblos.

Víctor Hugo dice que la gran Revolución francesa fue una inmensa afirmación humana. Las revoluciones, las grandes y las pequeñas, han sido eso a través del tiempo, y en todas las latitudes han tenido éxito con la participación de las fuerzas populares.

Si de verdad se quiere realizar la Cuarta Transformación, hay que involucrar al pueblo en esa transformación. Hay que hacerlo sujeto de los cambios, y no sólo objeto de ellos.

El sistema federal de gobierno constituye un factor favorable para lograr los profundos cambios que se requieren en todos los órdenes de la vida nacional, y representa un mecanismo para impulsar la participación popular en los tres niveles de gobierno: desde los municipios, cuyos gobiernos por primera vez deben ser autosuficientes para satisfacer las necesidades colectivas, hasta los de nivel estatal y federal.

Lo peor que puede ocurrir es mantener o fortalecer el centralismo político, pues por naturaleza es antidemocrático. Y lo que se requiere es lo contrario: abrir todos los causes posibles para que la voluntad popular se exprese abiertamente.

Como resultado de las luchas libertarias del pueblo mexicano, “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo”. Este texto de nuestra Constitución, en su artículo 39, convertido en simple proclama hasta ahora, debe hacerse realidad.

Insisto en algo que me parece fundamental: para lograrlo hay que enriquecer el contenido revolucionario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y de ahí llevar esa orientación hacia las leyes y demás normas que rigen la vida de los mexicanos.

Y al mismo tiempo establecer medidas prácticas y concretas para que el pueblo sea al autor y actor principal de las transformaciones económicas, sociales y políticas de México.

miércoles, 30 de octubre de 2019

¿PINOCHETISMO EN MÉXICO?



En este momento, hay que tomar posición frente al discurso de ultraderecha pronunciado recientemente por un general retirado de apellidos Gaytán Ochoa, en presencia del Secretario de la Defensa Nacional y ante un auditorio integrado, en su mayoría, por militares retirados, según las notas publicadas, hasta esta hora escasamente, sobre dicho evento.

Cuando falta sólo un mes para que se cumpla el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que ahí dijo el general retirado, resume la opinión de la derecha y ultraderecha que, poco a poco, se encaminan al enfrentamiento abierto contra el actual gobierno.

Los mexicanos debemos advertir, a tiempo, que los intereses económicos y políticos que se están afectando son muy poderosos, y que esos intereses se encuentran incrustados en distintos espacios que, incluso, trascienden las fronteras nacionales.

Hasta hoy, la derecha y ultraderecha han estado descoordinadas, y todos sus posibles dirigentes están señalados por distintas razones, pero sobre todo por corrupción y saqueo de los recursos públicos, y por haber dejado a lo largo de 36 años, pobreza, miseria, desempleo, bajos salarios y delincuencia en el país, así como pérdida de soberanía e independencia de la Nación.

Los primeros intentos de la derecha y ultraderecha de manifestarse en las calles fracasaron estrepitosamente. Las “marchitas” dejaron ver la incapacidad de esa breve minoría, que se ha refugiado en los llamados “comentócratas”, los que a través de varios medios de difusión se oponen indiscriminadamente a cualquier medida del gobierno federal.

Después canalizaron algunas inconformidades por la vía legal, como la lluvia de amparos contra el aeropuerto de Santa Lucía y a favor del que se iba a construir en Texcoco.

Sin embargo, en las dos semanas recientes se han dado sucesos graves que no se pueden ver aisladamente, sino como un esfuerzo de coordinación de los reaccionarios en México.

Evidentemente se trata de hechos que muestran de lo que son capaces y a lo que están dispuestos los enemigos declarados del actual gobierno.

Me refiero a lo sucedido en Culiacán, en que los opositores al gobierno de López Obrador se fueron con todo. Al margen de lo anecdótico, lo central de esos hechos es que se montó una gran provocación que involucra al crimen organizado, a la derecha y ultraderecha (que muestran ya signos de desesperación), y a los organismos de espionaje yanqui, que para desestabilizar, se pintan solos.

Lo de Culiacán tiene el sello inconfundible de la CIA.

En medio de esos hechos, se dio a conocer un intento fallido para utilizar territorio extranjero (Alemania), que con la máscara de un evento académico, conspirar, como bien se ha dicho, contra el gobierno de López Obrador, promovida por empresarios corruptos y panistas de la misma calaña. Y aquí lo central es que se trató de una verdadera conspiración, que abortó, en virtud de la denuncia de un juez electoral, que hasta el momento de escribir estas líneas no ha podido ser desmentida.

Y cuando estos dos hechos aún se mantenían en el interés de la opinión pública, vino el discurso golpista del general retirado, con un tufo pinochetista inocultable.

Gaytán Ochoa, algo debió aprender en la Escuela de las Américas, en Panamá, que los yanquis utilizaron para preparar militares golpistas en América Latina. Y todo indica que está poniendo en práctica lo aprendido, en su estancia, en esa escuela yanqui.

Quien lo dice, lo que dice, por la forma en que lo dice y en contra de quien lo dice, no hay duda alguna de que tiene intenciones golpistas. Porque no lo dice el cínico de Salinas, o el loco de Fox, tampoco el cristero acomplejado de Felipe Calderón, o el oscuro Ernesto Zedillo o el corrupto Peña, lo está diciendo, con todo y amplificadores, un miembro retirado (es cierto) del Ejército Mexicano.

Gaytán Ochoa se lanzó a la yugular del presidente López Obrador: lo acusó de polarizar a los mexicanos, lo calificó de falso izquierdista, le dijo que es un resentido, que desde el ejecutivo, sin contrapesos, “toma decisiones que no han convencido a todos” Dice sentirse inquieto, ofendido (Nos sentidos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados, dijo textualmente) y preocupado por el desgaste (que según él) sufre el ejército. Gaytán reduce la representación de López Obrador a 30 millones de mexicanos, nada más.

De manera abierta y encubierta se pregunta: “¿Quién aquí ignora que el alto mando enfrenta desde lo institucional, a un grupo de halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido?”. Y casi en la parte final juró su lealtad al pueblo mexicano, que al remarcarlo se la negó al Presidente de la República que, por mandato constitucional, es el Comandante Supremo del Ejército Mexicano.

Las preguntas obligadas son: ¿por qué este general (de repente  henchido de patriotismo y amor a México) jamás denunció el uso que se hizo del ejército por anteriores presidentes y que lo transformaron en un cuerpo represor? ¿Por qué no dijo esta boca es mía frente al vulgar fraude electoral de Salinas y de Calderón que mal gobernaron como representantes de la minoría de la minoría? ¿Por qué no se sintió agraviado (según sus propias palabras) durante largos 36 años en que los neoliberales saquearon al país, remataron las riquezas de los mexicanos y empobrecieron al pueblo?

¿De qué valores habla y a qué lealtades se refiere cuando guardó silencio ignominiosamente frente a la rampante y cínica corrupción de los gobiernos en el periodo 1982 - 2018?

¿Por qué guardó silencio frente a la criminal desigualdad social que convirtió al 1% de los mexicanos en multimillonarios, gracias al contubernio del poder económico y el poder político, y que polarizó a los mexicanos, y verdaderamente los agravió como nunca antes?

El discurso de este general tiene el sello inconfundible del golpismo latinoamericano que tanto daño hizo a millones de hermanos nuestros, y que, como ayer, busca detener los anhelos de verdadera justicia social, siempre negada y siempre aplazada por los intereses de los oligarcas.

La provocación de Culiacán, la fallida conspiración desde Alemania y el discurso de Gaytán, se inscriben en la misma línea de la política derechista y ultraderechista (golpista). Ni duda cabe.

sábado, 24 de agosto de 2019

EL DEBATE DE LAS IDEAS EN MÉXICO



La historia de México nos muestra que en las etapas revolucionarias, de profundos cambios, se agudiza la lucha de ideas.

Nuestra historia nos muestra, también, que en esa batalla han salido vencedoras las ideas más avanzadas, las que señalan la ruta del progreso, la justicia, la independencia y el fortalecimiento de la soberanía popular.

A través del debate de las ideas se manifiesta, de manera contundente, la lucha de clases, que se vuelve intensa en los periodos de cambios.

Hoy, sin que se pueda hablar de una etapa revolucionaria, se ha iniciado la urgente y vital tarea de desmotar el neoliberalismo, verdadera dictadura que se instaló hace 36 años.

Los partidarios de este modelo se encuentran ayunos de ideas, huérfanos de propuestas, a no ser aquellas que intentan mantener al país dentro del esquema neoliberal. Nada original y nada nuevo. El Consenso de Washington, biblia de los neoliberales, aprendido de memoria y repetido como disco rayado.

La sacrosanta inversión extranjera como el remedio de todos los males habidos y por haber, el mercado como su becerro de oro, las privatizaciones como expresión de la modernidad, el saqueo de los recursos púbicos como modo de vida, la antidemocracia como modelo político y social, el individualismo como concepción de la vida y culminación de sus anhelos.

Los neoliberales ni de prestado pueden vivir en estos momentos, porque su modelo es repudiado a lo largo y ancho del mundo, en países desarrollados, de medio desarrollo y en países pobres.

No hay nadie, en su sano juicio, que levante las demandas neoliberales, visto el desastre económico, social y político ocasionado en todas partes, y el verdadero reguero de pobreza e injusticia que provocaron.

Por lo tanto, por hoy y aquí en México, el debate de las ideas corresponde a las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias, de manera que se hagan propuestas y aportaciones para desmantelar el modelo neoliberal y se marque el camino hacia un sistema de la vida social elevado, que supere al régimen capitalista en un futuro no lejano.

Una corriente progresista ha llegado al gobierno y debe abrir el camino para que el pueblo recupere el poder para consolidar los grandes y necesarios cambios que requiere México.

Esta será la mejor garantía de que los neoliberales, derechistas y ultraderechistas no regresen al poder.

Si alguna característica tiene este blog, desde su aparición, es su lucha permanente contra el neoliberalismo, denunciando este oprobioso modelo, y advirtiendo los graves riesgos que entrañaba. La realidad fue más allá de lo que aquí se denunció y advirtió.

Las cosas, en nuestro país, han empezado a cambiar, a partir de la elección del 1º. de julio de 2018, que dejó una correlación de fuerzas favorable a los cambios progresistas, y colocó a la derecha y ultraderecha contra la pared.

Sin embargo los riesgos de retroceso permanecerán hasta que el pueblo, sus fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias se hagan del poder, y hayan organizado al pueblo desde la base.

Sin la participación directa y organizada del pueblo y de sus mejores fuerzas nada será perdurable.

En esta etapa, al lado de las medidas contra la corrupción y por la austeridad en el manejo de los recursos públicos, al lado de aquellas que se van tomando a favor de la soberanía energética, de la autosuficiencia alimentaria, de atención a la salud y la educación, de atención a la juventud y personas de edad, y otras igualmente urgentes, habría que considerar la conveniencia (urgente también) de desmontar el andamiaje jurídico de corte neoliberal, en los tres ordenes de gobierno.

En primer lugar, es urgente depurar la Constitución nacional de las contrarreformas neoliberales que le incorporaron en más de tres décadas, sobre todo a los artículos 3º. 27, 28, 123 y 130, derogando de nuestra Carta Magna el contenido neoliberal.

Establecer como norma, precisa y clara, la prohibición de privatizar y desnacionalizar las empresas, servicios, bienes y recursos públicos.

Enumerar, en esa prohibición, las empresas energéticas y de otro tipo que, en el futuro, se incorporen al patrimonio nacional, como  las eólicas y solares.

 Tal prohibición debe comprender, expresamente, la educación en todos sus niveles, la salud, la seguridad social, los centros de atención infantil, de los jóvenes, mujeres y personas de edad adulta.

De manera especial, los servicios municipales deben quedar incluidos dentro de esa prohibición.

Aunque el suelo y subsuelo son propiedad de la nación, es necesario señalar, enfáticamente, que en ningún caso, y en ninguna circunstancia podrán ser privatizados ni desnacionalizados. Además, de manera expresa debe señalarse el agua como recurso vital al servicio de la nación, y excluir cualquier posibilidad de desnacionalización.

Proteger de forma amplia los recursos de la hacienda pública de la federación, los estados y los municipios, para impedir actos de corrupción, y elevar la eficiencia de su utilización. Elevar a rango constitucional la austeridad como principio fundamental de la administración pública.

El Estado mexicano debe convertirse, constitucionalmente, en un instrumento incondicional del pueblo, para garantizar el auténtico progreso social, para consolidar y mantener su independencia, y reafirmar, en el ámbito internacional, su soberanía.

En otros términos, el Estado mexicano debe ser un instrumento de emancipación y liberación nacional, y de verdadera democracia popular.

Señalar, con absoluta claridad y precisión, que las medidas que se apliquen en la vida económica, social y política, se orientarán a fortalecer y consolidar el gobierno al servicio del pueblo, rescatando, así, el poder del que se despojó al pueblo mexicano.

Sin ninguna duda, los delincuentes neoliberales que destrozaron al país, tienen que rendir cuentas ante la justicia. No pueden quedar impunes la gran cantidad de delitos cometidos, en el afán antinacional y antipopular, de rematar el patrimonio nacional a través de las privatizaciones y desnacionalizaciones, así como la grosera y criminal acumulación de riquezas a costa de los recursos públicos. Esto debe incluir también a los empresarios voraces, socios y cómplices de los funcionarios neoliberales corruptos.

No basta la sanción moral que ya cargan a cuestas esos sectores minoritarios. Por elemental sentido de la justicia, deben ser objeto de sanciones administrativas, políticas y penales. Y, de manera especial, obligarlos a reparar el inmenso daño ocasionado a los mexicanos.

El centralismo político y administrativo será siempre un enorme obstáculo para lograr los cambios y las transformaciones que urgen. Por eso debe fortalecerse la descentralización, otorgando mayores facultades a las entidades de la federación y, de forma clara, a los municipios.

Es a nivel municipal donde se puede y se debe impulsar la participación directa del pueblo, en una primera etapa para superar la inoperante y antidemocrática forma de gobierno representativa.

Organizar al pueblo para que participe en acciones y decisiones de gobierno, de abajo hacia arriba, y de arriba hacia abajo, será la mejor garantía para lograr y consolidar las transformaciones económicas, sociales y políticas.

Finalmente, debe conservarse el contenido de nuestra Constitución nacional, en los aspectos fundamentales que vienen de nuestra historia, y que han reflejado las aspiraciones de justicia, independencia y soberanía, y auténtica democracia popular.