domingo, 19 de abril de 2015

HOMENAJE AL PREMIO NÓBEL MEXICANO ALFONSO GARCÍA ROBLES.

Intervención en la sesión en que se rindió homenaje a Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz 1982.

Trabajo Legislativo

Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos.
LII Legislatura. Jueves 11 de noviembre de 1982.

Presidente: Tiene la palabra el C. diputado Alfredo Reyes Contreras.

El C. Alfredo Reyes Contreras: Señor Presidente; señor licenciado Alfonso García Robles; distinguidos invitados; compañeros diputados.

La fracción parlamentaria del Partido Popular Socialista se une al justo homenaje que esta soberanía rinde al licenciado Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz y primer mexicano Premio Nobel.

Los mexicanos entendemos que la decisión de la Academia Sueca de otorgar el premio Nobel de la Paz al licenciado Alfonso García Robles expresa, sin ninguna duda, el propósito de contribuir a la lucha por la paz mundial, como condición esencial para preservar la vida del ser humano sobre la tierra.

Pero, además, la resolución del Comité Sueco recoge la decisión de todos los pueblos de la tierra, para detener y destruir el peligro de la guerra que se cierne, como amenaza constante, sobre toda la humanidad.

El problema de la guerra y la paz, sigue siendo el problema fundamental de nuestros días.

De la solución que se dé a este problema, depende el porvenir de la humanidad Por eso, hoy más que nunca, la lucha por eliminar la amenaza de la guerra y por mantener y fortalecer la paz significa la decisión de que el género humano pueda sobrevivir.

El Premio Nobel de la Paz que se otorga a un mexicano destacado significa también el reconocimiento de que el camino que lleva a la paz necesariamente pasa por el desarme.

Precisamente en la lucha por el desarme usted, licenciado García Robles, se ha ubicado en un lugar de primera línea, desplegando una importante actividad para lograr ese propósito, que es anhelo de todos los pueblos de la Tierra.

Entendemos, también, que la decisión de otorgarle a usted el Premio Nobel de la Paz constituye el reconocimiento de la política exterior mexicana, que cuenta con el respaldo del pueblo, que la apoya y la impulsa vigorosamente.

Tenemos una tradición importante en la política exterior mexicana, y a pesar de las graves presiones que se han ejercido sobre los gobiernos nacionales se mantiene y cada día se enriquece.

Usted, señor licenciado, no sólo ha sido un fiel intérprete de la política exterior mexicana, circunstancia que lo enaltece, sino que ha sido uno de sus constructores más consecuentes, pues de esa manera se responde al mandato de nuestro pueblo y de la historia nacional.

Cuando México lucha por la coexistencia pacífica, cuando combate por que desaparezcan los focos de tensión internacional, cuando aplica consecuentemente los principios de solución pacífica de los conflictos internacionales y de igualdad jurídica de los Estados; cuando respeta y exige que se respeten los principios de no intervención y autodeterminación responde al mandato que recogemos de nuestro brillante pasado.

Seguramente los que se encuentran presentes recordarán el anhelo de nuestros antepasados, expresado en el Cantar de la Pobreza, al decir: "Ojala que haya paz en la tierra con el agrado del pueblo".

Es particularmente significativo el momento en que le otorga el Premio Nobel de la Paz, por eso crece su importancia.

El mundo vive momentos difíciles, complicados y llenos de presagios negativos.

Hay hechos en la vida internacional que nadie, en sano juicio, se atrevería a negar; sin embargo, existen fuerzas poderosas que ocultan y alteran intencionalmente esos hechos; hay intereses que todos los días echan fuego a la hoguera de la guerra y hacen todo lo que pueden para crear un clima de tensión internacional.

Actualmente, en el panorama mundial, se percibe la lucha de dos tendencias opuestas: por una parte, la que se orienta a frenar la carrera armamentista; la que impulsa la distensión internacional; la que defiende la soberanía y libertad de los pueblos y defiende la paz y su fortalecimiento. Por la otra está la que impulsa la carrera armamentista, pone obstáculos a la distensión, amenaza la soberanía y la libertad de los pueblos; es la corriente que pone en peligro la paz mundial.

Usted ha dicho que es preocupante la ruptura de la distensión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, que en la década de los años setenta habían abierto un horizonte alentador.

Ha expresado que la prueba más clara de que la distensión ha sido rota y el camino se ha torcido de nuevo hacia una guerra fría que podría llevar a un nuevo enfrentamiento; es la reticencia de los Estados Unidos a que sus aliados europeos colaboren con la Unión Soviética en la instalación del gasoducto transiberiano que llevará gas soviético a Europa.

Usted afirmó que los Estados Unidos y el Reino Unido llevaron al fracaso la Segunda Asamblea extraordinaria para el desarme.

Y hay otros hechos, que todo mundo conoce, de la conducta irresponsable del gobierno norteamericano, que con Reagan se encuentra dominado por los negociantes de la guerra.

Pero hay que decir que la actitud asumida por el gobierno norteamericano responde, en esencia, a la crisis profunda e insalubre del sistema económico del capitalismo, que arribó a su última fase y se halla en agonía.

Asistimos a las convulsiones finales de ese sistema, que no ha sido capaz de dar solución a las necesidades más elementales del ser humano, y que los pueblos del mundo, para preservar a la humanidad, están sustituyendo por una forma de organización superior de la vida social.

Precisamente el peligro del momento que vivimos parte de los círculos que se mueven dentro del sistema que no tiene porvenir. Lo verdaderamente peligroso es que el cadáver del imperialismo arrastre a la tumba a todo el mundo.

A medida que se agravan los problemas del gobierno norteamericano se acelera la brutal campaña a favor de la guerra y se dispara, de manera sensible, la carrera armamentista, haciendo a un lado el proceso de distensión que caracterizó el decenio pasado.

Nadie puede negar la responsabilidad que recae sobre los gobiernos yanquis, que orientaron sus recursos al desarrollo militar. Fue la potencia norteamericana la que creó la bomba atómica y que, como lo ha mencionado usted, realizó el primer ensayo en 1945, antes de hacerla estallar en Hiroshima, ante la angustia y la desesperanza de la humanidad.

Un sobreviviente de Hiroshima hace un relato que un periódico mexicano de circulación nacional reprodujo en agosto pasado. Ese relato vale más que grandes volúmenes escritos, porque recoge un drama que explica las increíbles consecuencias y desastres de una guerra. Al leerlo causa ciertos sentimientos difíciles de describir, pero lo menos que provoca es odio y repudio contra la guerra.

Recuerda ese sobreviviente que el 6 de agosto de 1945, como a las 8:45 de la mañana, se encontraba debajo de su carro, reparando un desperfecto, cuando estalló la bomba atómica a un kilómetro y medio del lugar en que se hallaba.

Dice: “Vi los cuerpos de los niños, estudiantes, mujeres, jóvenes y ancianos; madres con sus hijos en los brazos, caballos y perros. Unos estaban chamuscados, otros bañados en sangre.

Los vi y aún no los olvido.

Encontré a un niño en edad escolar, tendido sobre un montón de paja. A pesar de sentir un dolor muy profundo, hizo enormes esfuerzos para llegar a donde se encontraba su madre. Cuando estaba ya casi junto a ella, su cabecita se desprendió de su cuerpo, y quedó muy cerca del cuerpo de su madre, como él quería.

Descubrí a una niña que, casi con sus labios inmóviles, pedía: "agua, por favor". Estas fueron sus últimas palabras.

Un poco más allá se encontraba una mujer rígida y desnuda. Su cara había quedado convertida en una masa de carne.

También pude ver a un joven; toda su piel estaba completamente quemada. Se podía apreciar toda su musculatura color rojo oscuro. Parecía que se hubieran quitado, con muchísimo cuidado, toda la piel.

Un viejo colgaba de un puente. Su cuerpo había quedado sin sangre, porque ésta se le había escapado por una grieta enorme que tenía en la cabeza.

Caos no es la palabra precisa para describir lo que había pasado en Hiroshima. Los sobrevivientes, como yo, afirmamos que eso era el mismo infierno.

Durante muchos años he tratado de escribir algo sobre la experiencia que viví ese día.

Cada vez que tomaba el lápiz y me sentaba a la mesa para empezar a llenar la primera cuartilla me invadía la desesperación y la frustración. Escribía palabras que se quedaban pálidas ante la realidad que presencié un día de agosto de 1945. La crueldad que representa la guerra sobrepasa todas las palabras del ser humano”.

Hasta aquí el relato dramático, verdaderamente dantesco, de un sobreviviente de Hiroshima.

Decía, antes de transcribir este relato, que los Estados Unidos tienen la responsabilidad, ante la humanidad, de haber abierto la etapa en el uso de nuevas armas, con la bomba atómica, y esa ha sido la primera potencia en construir misiles balísticos, submarinos de carga nuclear, cohetes con cabezas múltiples, bombas de neutrones, etcétera.

El gobierno norteamericano, fuera de su territorio, en todo el mundo, tiene instaladas más de cuatro mil ojivas nucleares.

También tiene ubicadas fuera de sus fronteras más de 2500 bases e instalaciones militares.

Una cifra superior a 500 mil soldados norteamericanos se encuentran fuera del territorio de la Unión Americana.

Particularmente insistente ha sido el gobierno norteamericano sobre la conveniencia de una guerra nuclear limitada, que atrae a los estrategas yanquis y sobre la cual despliega una feroz campaña para convencer al pueblo norteamericano sobre su viabilidad.

No ha querido el gobierno norteamericano comprometerse a no utilizar el arma nuclear contra países que se nieguen al emplazamiento de esa arma en su territorio.

Tampoco ha adquirido la obligación de no ser la primera potencia que lance el primer disparo nuclear.

El gobierno norteamericano rechaza permanentemente toda iniciativa de reducción de armas nucleares o aquellas que tiendan a consolidar la paz mundial.
Ante estos hechos a nadie puede quedar duda de quién es la potencia responsable de la tirantez internacional y del peligro de una nueva guerra mundial.

Sin excepción todos los pueblos de la tierra están a favor de la paz y luchan por ella. Muchos gobiernos también combaten para que prevalezca la paz; sin embargo, con insistencia, se distorsiona la actitud pacifista del campo socialista y particularmente de la Unión Soviética.

Usted más que nadie conoce las múltiples propuestas de la Unión Soviética para aliviar la tensión internacional, para detener la carrera armamentista y para consolidar la paz en el mundo.

Esa potencia ha declarado su compromiso de no hacer uso del arma nuclear contra países que no la posean; ha propuesto que cese la producción del arma nuclear, ha declarado su voluntad y decisión de no fabricar la bomba de neutrones si no aparece en otro Estado. Se a comprometido a no ser la primera potencia en utilizar el arma nuclear, compromiso que si hubiera sido adoptado por los norteamericanos alejaría realmente el peligro de la guerra; se ha pronunciado por no ampliar los bloques militares, etcétera.

Pero aparte de esas proposiciones concretas, a nuestro juicio, señores diputados, señor licenciado Alfonso García Robles, la Unión Soviética es el pilar más firme de la paz en el mundo. Si no fuera por el poderío económico y militar de la Unión Soviética, los norteamericanos, en su ambición desmedida y en su afán de seguir asumiendo el papel de gendarme internacional, ya hubieran desencadenado acciones bélicas para someter a todos los pueblos de la tierra.

Difícilmente se pueden encontrar fuera de la URSS y del campo socialista tantas y tan frecuentes publicaciones a favor de la paz, en contra de la guerra. Este es un hecho que refleja la esencia de la política consecuente que aplican los países amantes de la paz, mientras que en Norteamérica y en otros países capitalistas se hace verdadera apología de la guerra.

No es posible, por todos los hechos señalados, colocar en el mismo lugar a los Estados Unidos y a la Unión Soviética.

Pero a pesar de las fuerzas poderosas que se mueven a favor de la paz el peligro de una guerra mundial es real.

Usted señor licenciado García Robles, recientemente expresaba que en la actualidad se encuentran almacenadas tres toneladas de dinamita para cada ser humano, y que con ese volumen es posible destruir cincuenta veces la población total de la tierra.

También mencionaba que anualmente se gastan 600 mil millones de dólares en la carrera armamentista, distrayendo recursos que bien podrían utilizarse para resolver las necesidades de la humanidad.

Como lo recordaba usted, la amenaza a la supervivencia de la humanidad es mucho mayor desde 1945, de lo que fue el primer millón de años de la historia, mencionando las palabras de Toynbee.

Todos los hombres sensatos del planeta seguramente están de acuerdo en que las armas nucleares y la continuación de la carrera armamentista constituyen una amenaza a la supervivencia misma de la humanidad.

Honorable Asamblea:

 El Partido Popular Socialista, su fracción parlamentaria, desde esta alta tribuna, convoca, de manera vehemente, a todo el pueblo mexicano a luchar sin tregua para preservar y consolidar la paz en el mundo, para desbaratar los intentos de quienes quieren conducirnos a la guerra y a la destrucción de la humanidad.

Este llamamiento y esta decisión de luchar, hombro con hombro, junto a las fuerzas que en el mundo luchan por la paz es el menor homenaje que podemos rendir al mexicano que ha dedicado la mayor parte su vida a la noble y elevada tarea de destruir las bases materiales de la guerra. Muchas gracias.

(Aplausos)


(Versión estenográfica)

jueves, 5 de marzo de 2015

EL NEOLIBERALISMO TIENE CONVULSIONADO A MÉXICO

En varios  artículos publicados en este blog, he señalado que desde 1982 llegó al poder la contrarrevolución, encarnada en los neoliberales que desmontaron paulatinamente al Estado surgido de la Revolución Mexicana.

En México se estableció una estrecha alianza entre el sector privilegiado, es decir, adinerado del Partido Revolucionario Institucional, o sea su sector derechista y la ultraderecha representada por el Partido (de) Acción Nacional, el reaccionario partido Verde Ecologista, Nueva Alianza y los empresarios que, al final del siglo pasado, estaban sujetos y dependían del capital extranjero. Como en todo proceso contrarrevolucionario a esa alianza se adhirió el clero político.

En esencia, como bien se ha señalado, todas esas fuerzas se han colocado claramente en posiciones de ultraderecha.

Dicha alianza provocó la transformación de la burguesía parasitaria en oligarquía: la relación estrecha del poder económico y el poder político que recurrió a lo largo de 3 décadas, como se ha repetido con insistencia, a vulgares fraudes electorales y, en consecuencia, a la alteración de la voluntad popular.

Al tiempo que despojaron al pueblo de su patrimonio, empezaron a desmontar las instituciones jurídicas y políticas que se formaron en el curso de 60 años. De manera soterrada o abierta, durante ese tiempo se dio una lucha clara entre la soberanía popular y la oligarquía.
La lucha de clases en su expresión más clara. Esta lucha se ha acentuado en lo que va del siglo XXI.

En los últimos dos años el modelo neoliberal de desarrollo entró en una fase rápida de descomposición. Sin duda el gobierno de Peña Nieto representa el neoliberalismo putrefacto, es decir, el capitalismo en descomposición.
  
En esas condiciones Peña no tuvo, no tiene y no puede tener un proyecto de nación que  merezca ese nombre. Lo suyo, su programa de gobierno, lo que el llama presuntuosamente “proyecto de nación” es simple y llanamente el programa de la oligarquía, estrechamente ligada al capital transnacional.
 
La oligarquía nativa  intenta salvarse del repudio popular  recurriendo al apoyo del capital extranjero. Eso explica la entrega de la riqueza energética de México, un despojo descarado del patrimonio de los mexicanos.

La nación mexicana hoy no tiene un Estado como entidad jurídica que la represente. Roto el pacto que se estableció entre las fuerzas políticas al triunfo de la Revolución Mexicana, a la vista de los intereses populares y de la nación, el actual gobierno neoliberal carece de legitimidad para continuar en el poder. Y esa es, también, la razón del amplio repudio popular del actual gobierno priísta.

Ningún Presidente de la República desde el chacal Victoriano Huerta hasta la fecha había sido tan repudiado como Peña.

"Juntemos al traidor Antonio López de Santa Anna, a Porfirio Díaz y a Victoriano Huerta y tendremos a Peña Nieto" comentaba recientemente un historiador frente a la aprobación de su auditorio”. “Peña representa al neoliberalismo en su máxima rapacidad. Su verdadero proyecto, en el poder, es vender a la nación" concluía el conferencista.

Todos los mexicanos hemos presenciado, en el último semestre, las intensas movilizaciones sociales en todo el país. La irritación social comprende a grandes sectores de la población. La juventud mexicana está desempeñando un papel de primer orden.

Pero la lucha ya no es, no puede ser por restablecer lo que era México antes de 1982. El pueblo ha sido agraviado en muchos sentidos. Los objetivos a conseguir tienen como fundamente la reconstrucción de la nación mexicana.

Además, aunque exista un hilo conductor entre 1968, 1982 y las movilizaciones de 2014 y lo que va de 2015, parecen claras las diferencias.

Sólo para referirse al movimiento estudiantil de 1968 -cuyo principal escenario y casi único fue el Distrito Federal- el repudio a Díaz Ordaz se queda corto frente al repudio popular a Peña.
 
En 1968 estaba el país en pleno "Milagro mexicano" con un promedio de crecimiento del PIB entre 6% y 7%, con un mercado interno en crecimiento y con un proceso de industrialización que atraía la mano de obra proveniente del agro mexicano. Se había terminado el proceso de nacionalizaciones con el gobierno de López Mateos, al concluir la nacionalización de la industria eléctrica.

 El sector estatal de la economía le permitía al Estado mexicano un amplio margen de maniobra, tanto a nivel nacional como internacional. Fue la intervención del Estado en la economía, el poder económico estatal, lo que permitía a los gobiernos emanados de la Revolución mexicana, planear el desarrollo económico del país y realizar una política internacional con alto grado de independencia frente al gobierno yanqui. Eso le dio a México un buen prestigio en el escenario internacional.

Hoy el Estado mexicano es un Estado débil. Prácticamente sólo queda el cascarón de lo que fue el Estado alcanzado en la fase constructiva de la Revolución mexicana.

Desde 1982 los neoliberales se pliegan sin chistar, como siervos, a la política que conviene a los gobernantes yanquis. Actualmente basta un botón de muestra: a la Alianza del Pacífico promovida por Estados Unidos de Norteamérica en contra de la integración latinoamericana, se presta de buen grado el gobierno de Peña, jugando el vergonzoso papel de cabús del tren imperialista.

Está claro que hoy en México se conjugan la incapacidad de la clase gobernante y la amplia inconformidad de la inmensa mayoría de los mexicanos. Se va configurando lentamente una etapa prerrevolucionaria. Los estallidos sociales ya se han manifestado en múltiples ocasiones y diversos lugares del país.

Con un grado mínimo de organización de las fuerzas sociales que  se oponen al neoliberalismo y se proponen reconstruir la nación, el pueblo recuperará su soberanía.

Doscientos años después del inicio de la Revolución de Independencia y a cien años de la Revolución Mexicana, los neoliberales han convulsionado al país. De esta intensa lucha de clases saldrá vencedor el pueblo mexicano.


martes, 18 de noviembre de 2014

MÉXICO EN PIE DE LUCHA

Al pueblo mexicano: por sus luchas,
sus esperanzas, y porque siempre
ha sabido derrotar a sus enemigos


En México se está configurando una etapa prerrevolucionaria, resultado de 32 años de dictadura neoliberal, en la que el poder público (los tres poderes federales: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, los poderes de los Estados y la mayoría de los poderes municipales) se pusieron incondicionalmente al servicio de la oligarquía.

Esta dictadura neoliberal tiene, pues, una existencia temporal similar a la que tuvo, a fines del siglo XIX y los primeros 10 años del siglo XX, el Porfiriato que entregó la riqueza nacional a los extranjeros, anuló en la práctica la vigencia de la Constitución de 1857, suprimió las más elementales libertades de los mexicanos y sumió al pueblo mexicano en la esclavitud y semiesclavitud para garantizar las riquezas de los terratenientes y del capital extranjero, a los que se entregó, en bandeja de plata, el patrimonio nacional.

El Porfiriato, que en los primeros meses de 1910 recibía elogios desmesurados en el extranjero y que calificaban a Porfirio Díaz como un gran estadista, se derrumbó violentamente en sólo seis meses: del 20 de noviembre de 1910, fecha de inicio de la Revolución Mexicana al 25 de mayo de 1911, en que el dictador presentó su renuncia. Esta lección de la historia nacional debe tenerse muy en cuenta en estos momentos de rebelión popular.

¿Qué hicieron en 32 años los neoliberales facinerosos que asaltaron el poder en 1982?

Hay que recordarlo cuantas veces sea necesario:

 Despojaron al pueblo mexicano de su carácter soberano; convirtieron las elecciones de los gobernantes en un mecanismo formal para convalidar el gobierno al servicio de la oligarquía; hicieron de la democracia una caricatura. Todos los funcionarios, sin excepción, han sido electos por la mayoría de la minoría, incluyendo los escandalosos fraudes que marcan nuestra historia en las últimas tres décadas.

 La impunidad ha sido la marca del neoliberalismo que, usando y abusando del poder, dispuso a su antojo del patrimonio nacional, puesto a remate como si se tratara de una mercancía cualquiera, asumiendo conductas verdaderamente delictivas, sin que los responsables hayan sido castigados.

Hicieron de la corrupción, en todos los niveles de gobierno un modo de vida, frente al cual la corrupción del gobierno de Miguel Alemán parecería juego de niños, sin que esto justifique ese sexenio corrupto.

La Constitución de 1917 corrió la misma suerte que el Código Fundamental de 1857 bajo la dictadura porfirista. La Constitución nacional ha tenido una existencia formal, pero su vigencia ha sido cancelada mediante la abierta violación de sus disposiciones. Los funcionarios públicos, en todos los niveles violan constantemente el contenido de la Constitución nacional, sin que, tampoco, sean sancionados.

Lo he señalado infinidad de veces, y hoy lo vuelvo a repetir: las normas fundamentales de la Constitución mexicana han sido alteradas para garantizar los negocios más turbios y las ganancias más sucias de la oligarquía. A través de las leyes secundarias se han cancelado derechos constitucionales fundamentales de la nación y del pueblo: el despojo del petróleo y la industria eléctrica; el regreso multimillonario de dinero a los empresarios, que no sólo no contribuyen con sus impuestos, sino que se apoderan de los recursos públicos; el despojo de los derechos de los trabajadores mexicanos mediante la contrarreforma electoral del mal gobierno de Peña; el despojo a la nación y a los ejidatarios de la propiedad social.

En el actual sexenio, para garantizar la continuidad de la política depredadora del neoliberalismo, el gobierno maniobró para conformar un bloque de fuerzas de derecha, verdadera junta de notables en el sentido que esta expresión tiene en la Historia de México, integrada por el PRI, el PAN y el PRD, que nulifica en la práctica la función deliberativa y resolutiva de las Cámaras del Congreso de la Unión, que se convirtieron en simples oficinas de trámite. En la práctica el Congreso de la Unión dejó de existir.

El neoliberalismo ha socavado la soberanía nacional, ha dañado gravemente la independencia de México, ha empobrecido al pueblo y enriquecido criminalmente a una breve minoría, generando un grado de desigualdad social inadmisible. Esta brutal desigualdad, generada intencionalmente por las  políticas neoliberales, está en la base de los graves problemas sociales y económicos, que a su vez se convirtieron en una fuente inagotable de la inseguridad pública.

Desde el poder público se dio impulso y protección a los grupos criminales que se multiplicaron a lo largo y ancho del territorio nacional. Los malos gobernantes de México ajustaron sus actos y su política, en esta materia, a las exigencias de los gobiernos yanquis. Así, colombianizaron a México y lo colocaron en una situación similar a la de Afganistán y Paquistán. El imperialismo yanqui manejó a su antojo a los gobernantes de México.

Frente a esta situación ¿qué hacer?

Aplicar la táctica y la estrategia que el pueblo ha utilizado a través de su historia: la unidad más amplia de sus fuerzas populares, progresistas y democráticas. Sin esa amplia unidad no hubiera sido posible la Independencia, el triunfo en la Reforma ni la derrota del porfirismo. Tampoco hubiera sido posible la expropiación petrolera.

El objetivo en este momento debe ser expulsar del poder al grupo gobernante que representa los intereses de la oligarquía y no los del pueblo.

La indignación y la movilización de los mexicanos en las últimas semanas son legítimas y están plenamente justificadas. Es más, son necesarias, pero no deben quedar sólo en la indignación y la movilización.

Los hechos que las desataron: las ejecuciones de Tlatlaya, las muertes y desapariciones de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa; la corrupción de la “Casa Blanca de Peña”,  las agresiones contra la UNAM y la injerencia del gobierno, mediante infiltrados, en las manifestaciones públicas, deben ser un punto de partida para incrementar la lucha contra la dictadura bestial de los neoliberales.

Frente al neoliberalismo el pueblo debe ejercer el derecho a la revolución que le otorga la Constitución mexicana. Señala su artículo 39: “El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

El pueblo va a decidir qué formas utilizará para cambiar a este gobierno. Hacerlo es un derecho irrenunciable frente a la violencia de los oligarcas y sus peones.

El repudio contra el gobierno de Peña Nieto (en este momento sin ninguna autoridad moral y política para mantenerse en la presidencia de la República) calificado como traidor a la patria por entregar la riqueza energética a los intereses privados, hasta la corrupción que representa la “casa blanca", que ha provocando un escándalo mundial, ya llegó a tal grado que millones de mexicanos exigen su renuncia (de la cual hablé el 5 de diciembre de 2013 en este blog).

En estos momentos no sólo de estallidos sociales sino de rebelión popular que vive México –y que crecerá con la irresponsable declaración de Peña de recurrir a la represión de las movilizaciones populares- lo que va a desatar la violencia es la permanencia de Peña y su gobierno en el poder, la existencia de un poder legislativo que ya no representa al pueblo y de un poder judicial ajeno, mejor dicho, enemigo del pueblo.

El baño de sangre que pretende Peña debe ser enérgicamente rechazado por el pueblo, mantener las movilizaciones, crecer en organización y profundizar la lucha por el rescate de la nación.


Creo que está llegando la hora del pueblo mexicano.

martes, 30 de septiembre de 2014

CONTRA EL NEOLIBERALISMO. POR LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA


Esta intervención parlamentaria, a raíz de la presencia del presidente de Costa Rica en turno en el Legislativo federal, tuvo lugar hace más de 23 años, cuando la ola neoliberal ya recorría América Latina, que se encontraba sumida bajo el dominio yanqui. La respuesta latinoamericana no se hizo esperar mucho y poco después se consolidarían los movimientos antineoliberales que hoy caracterizan a esta región del mundo, con excepciones como México que permanece, hasta nuestros días, bajo el yugo neoliberal.


Trabajo Parlamentario

 Poder Legislativo Federal. Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión de los Estados Unidos Mexicanos.

 Legislatura LIV. Período Comisión Permanente. Año III México, D.F., lunes 25 de febrero de 1991. Número de Diario 11.

El Presidente: - Tiene la palabra el diputado Alfredo Reyes Contreras, del grupo parlamentario del Partido Popular Socialista.

El diputado Alfredo Reyes Contreras: - Con la venia de la Presidencia; señor Presidente de la República de Costa Rica; señoras y señores legisladores:

 Su presencia en este recinto del pueblo mexicano, señor Presidente, es oportuna para reflexionar sobre nuestra patria grande, precisamente en el momento en que una ola neoliberal recorre a la América Latina, trastocando y alterado el desarrollo económico e independiente de nuestros pueblos, promoviendo cambios políticos que fortalecen la presencia de las fuerzas económicamente poderosas en los gobiernos latinoamericanos y sumiendo a toda la región en una de las crisis económicas y sociales más profundas y severas de su historia.

En la década de los ochentas, los intercambios comerciales de América Latina con el exterior decrecieron en un 2.5%; disminuyó el producto medio por habitante en un 8% respecto de aquél que tenía en 1980; la carestía de la vida, el desempleo y la disminución de la capacidad adquisitiva del salario acentuaron de manera dramática la crisis social de la inmensa mayoría de los latinoamericanos; la producción industrial dejó de crecer y disminuyeron las exportaciones latinoamericanas, y al mismo tiempo a Latinoamérica le saquearon inmensos recursos a través del mecanismo de la deuda externa, situación que obligó prácticamente a toda la región a declararse en moratoria ante el carácter impagable de esa onerosa carga impuesta por los intereses financieros imperialistas.

La ola neoliberal que ha ido creciendo y se está imponiendo en toda la región no es producto de las condiciones del desarrollo latinoamericano, ni responde a sus necesidades más apremiantes, al contrario, es toda una política impuesta desde el exterior que responde a los intereses y objetivos de aquellas fuerzas que han explotado históricamente nuestros recursos humanos y naturales, y ahora en las nuevas condiciones mundiales quieren seguir explotándolos.

La privatización de la economía, el abandono de las inversiones estatales, la apertura indiscriminada de los mercados latinoamericanos a las inversiones extranjeras, la derogación de la estructura jurídica que norma la actividad económica del Estado, el cambio de las relaciones obrero -patronales para elevar la productividad de las empresas mediante la mayor explotación de los trabajadores, constituyen los rasgos del neoliberalismo que ya han dejado una estela de pobreza, hambre, miseria y muerte en toda la región latinoamericana.

La Iniciativa de las Américas, señor Presidente, compañeros legisladores, simple y llenamente es un plan imperialista para someter y continuar explotando a los pueblos latinoamericanos.

Y el Acuerdo de Libre Comercio que propone el gobierno norteamericano, constituye el camino más seguro para que América Latina se transforme, de traspatio del imperialismo norteamericano, en colonia yanqui, sometida, sojuzgada y explotada por las empresas transnacionales, sin límite de ninguna naturaleza ni en el espacio ni en el tiempo.

El Tratado de Libre Comercio Centroamericano no debe convertirse en el mecanismo a través del cual América Latina se someta aún más a la economía norteamericana.

Por eso, los latinoamericanos no podemos ir atados de pies y manos a esa "nueva piedra de los sacrificios", que ha preparado el imperialismo. Tenemos la urgencia, por necesidad de sobrevivencia, de voltear los ojos hacia nuestros pueblos, hacia nuestra propia región, para defender los intereses latinoamericanos. Lo que requerimos como necesidad vital y frente a los nuevos tiempos, es integrarnos nosotros, integrar a nuestra América Latina, para defender los intereses económicos, políticos, sociales y culturales de nuestro pueblo. Sin chauvinismo, sino con la más elevada responsabilidad latinoamericana.

Se requieren medidas concretas que respondan a una verdadera estrategia de integración latinoamericana. Avanzar en la liberalización del comercio regional. Acrecentar la transferencia tecnológica de procesos industriales, de infraestructura industrial, de comunicaciones y servicios en toda la región latinoamericana.

Preservar en cada país las empresas estratégicas bajo el control del Estado. Crear las empresas necesarias para el desarrollo económico nacional; nacionalizar aquéllas que tienen carácter estratégico, que están en manos de las transnacionales. Crear grandes empresas industriales o de servicios, con capital multinacional latinoamericano, estatal o mixto. Desarrollar una amplia y sólida colaboración científica y cultural en toda la región.

Esta estrategia económica y no la del imperialismo, nos conducirá a fortalecer nuestra independencia, a la instauración de verdaderos regímenes democráticos y a impulsar el progreso social: sueño y aspiración de todos los pueblos latinoamericanos. Muchas gracias. (Aplausos.) Versión estenográfica.


martes, 9 de septiembre de 2014

LA LUCHA POR LA EMANCIPACIÓN DE MÉXICO

Desde 1982 los gobernantes neoliberales aislaron paulatinamente a México de Latinoamérica y con descarada desvergüenza lo convirtieron en el patio trasero de los yanquis. Si hoy algún gobierno de América Latina no participa de los afanes libertarios y de justicia social que animan a la mayoría de los gobernantes latinoamericanos, ese es el gobierno mexicano.

Como peones de las transnacionales y de la oligarquía nativa, desde hace más de tres décadas, los gobernantes neoliberales participaron febrilmente en la transferencia desenfrenada del patrimonio nacional a los intereses privados, es decir, la riqueza pública se transfirió a la riqueza privada y, en consecuencia, condujeron la economía nacional al desastre y a la quiebra de la soberanía nacional.

Con la privatización de los recursos energéticos, el neoliberalismo en México, ha tocado fondo, porque ya nada más quedarían los edificios públicos por privatizar como se dice entre el pueblo.

Durante el proceso de privatizaciones se fue privatizando, también, el gobierno. Al tiempo que se despojó al pueblo de su patrimonio recuperado de manos coloniales, con las tres grandes revoluciones que marcan la vida de México en las últimas dos centurias (Independencia, Reforma y Revolución), se destruyeron sus instituciones políticas. Hoy ninguno de los tres poderes de la Unión representa los intereses de la nación y del pueblo.

Más que en el pasado los gobernantes están dedicados febrilmente a realizar turbios negocios con el patrimonio nacional y los recursos públicos propiedad de los mexicanos. Al mismo tiempo, invocando una falsa modernidad, protegen a los buitres de los negocios que ya han penetrado al gobierno. Existe una relación de mafias entre los gobernantes y los potentados. El resultado ha sido el saqueo descarado de la riqueza del país.

Todos los neoliberales, sin excepción, se han conducido como vulgares demagogos y han caído en el cinismo político más abierto. Falsean la realidad, engañan al pueblo y le mienten permanentemente. El establecimiento de sueldos vitalicios para funcionarios públicos agrede la esencia misma de la República y restablece en los hechos el régimen monárquico.

De manera burda han despojado al pueblo de su carácter soberano y se oponen, por todos los medios a su alcance, a que el pueblo sea el que decida.

El impulso a la educación privada en décadas le ha dado resultado a la oligarquía que, ahora, ha colocado en el poder a los cuadros profesionales formados en sus escuelas y con su filosofía. La práctica ha demostrado que la educación privada ha creado verdaderos estafadores y delincuentes cuando asumen funciones públicas.

En el curso de las últimas tres décadas la distancia política entre el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional se redujo a cero. Además ambas organizaciones políticas están penetradas hasta los huesos por la corrupción, base y sustento de las privatizaciones y otras acciones criminales perpetradas desde el poder. Los neoliberales son corruptos por naturaleza, son corrompidos y corruptores. Con ellos en el poder México no tiene porvenir.

El PAN de cogobernante pasó a ser gobernante en contubernio con el PRI, y éste, que en estricto sentido no es un partido político porque en su interior se da la lucha de clases, recorrió un rápido camino: del nacionalismo revolucionario a una pretendida (y falsa) posición centrista; de ahí se desplazó rápidamente a la derecha. Hoy, bajo, la dirección de Peña Nieto, es una organización colocada en la ultraderecha, y quien lo dude puede ver los constantes reclamos de amasiato y maridaje que le hacen frecuentemente los panistas.

El reaccionario y fascista Bravo Mena, cuadro destacado de la contrarrevolución, lo dijo para que todo mundo lo entienda. Textual: “Peña Nieto concretó el programa histórico del PAN”. Así o más claro.

Por lo tanto, uno de los hechos políticos más relevante de las últimas tres décadas fue  el ascenso de la contrarrevolución al poder.

Precisamente este hecho pone en riesgo el porvenir inmediato de México como país independiente y soberano, sin hablar ya de un país justo que desde hace años fue cancelado por los neoliberales.

El pueblo mexicano iniciará, más temprano que tarde, un vigoroso movimiento de emancipación soberana, económica, política, social y cultural para cumplir los grandes objetivos de su historia. Ese movimiento de emancipación requiere la reagrupación de las fuerzas progresistas y democráticas con un programa mínimo que contemple la recuperación del contenido avanzado de la Constitución mexicana, que la depure de los parches pegados por el neoliberalismo y que la enriquezca con disposiciones que protejan a la nación y al pueblo, y castiguen la felonía de los funcionarios. Los siguientes puntos conducirían a este gran objetivo nacional:

1.- Nacionalizar al gobierno para ponerlo al servicio del pueblo.

2.- Rescatar la soberanía popular, fortaleciendo los mecanismos para que sea el pueblo el que dirija su gobierno.

3.- Restablecer (haciendo efectivo el mandato constitucional) la propiedad originaria de la nación sobre el suelo y el subsuelo, medida que permitirá rescatar los recursos energéticos, los recursos minerales y todos los recursos naturales que se han entregado y se están entregando a la oligarquía.

4.- Nacionalizar, con el sustento anterior, la riqueza petrolera, la producción y comercialización de la energía eléctrica, y rescatar, bajo el mismo criterio, la riqueza minera, la banca y el crédito.

5.- Restablecer los derechos laborales que han desaparecido de la ley o aquellos que, a pretexto de la modernidad, los neoliberales han conculcado a los trabajadores.

6.- Fortalecer la educación pública restableciendo la vigencia plena del artículo tercero constitucional y derogando las contrarreformas que impulsaron la educación privada.

7.- Elevar a rango constitucional la prohibición expresa para la privatización del patrimonio nacional.

8.- Suprimir los sueldos vitalicios que se han establecido por ley y que constituyen una agresión contra los intereses populares.

9.- Establecer como delitos graves con sanciones severas la privatización del patrimonio de la nación o partes de él, así como la disposición de los recursos públicos por los funcionarios de gobierno.

10.- Incorporar a la Constitución Mexicana expresamente el principio de que los delitos cometidos por los funcionarios contra la nación y contra el pueblo no prescriben nunca y que, por tanto, son exigibles en cualquier momento. Incorporar dicho principio en relación con la conducta del presidente de la República, los senadores, los diputados federales, los integrantes de la Suprema Corte de la Nación, los gobernadores, los diputados locales, los miembros de los Tribunales Superiores a nivel estatal e integrantes de los ayuntamientos.

11.- Derogar el fuero que tienen los funcionarios públicos y establecer el mandato de que puedan ser enjuiciados en cualquier momento de su encargo o después de concluido.

12.- Elevar a rango constitucional, a nivel federal,  estatal y municipal las figuras del plebiscito, del referéndum, la consulta popular y la revocación del mandato, mediante procedimientos sencillos para su realización, a fin de que el pueblo recupere su soberanía.


13.- Abrogar y derogar todas las leyes aprobadas en los últimos 32 años que se opongan a las medidas anteriores o que las hagan nugatorias, mediante una legislación pronta que restablezca los intereses del pueblo mexicano. Y de manera inmediata echar abajo las contrarrevolucionarias reformas estructurales impuestas por el gobierno traidor de Peña Nieto.