viernes, 24 de agosto de 2018

TAREAS URGENTES DE LAS FUERZAS DEMOCRÁTICAS DE MÉXICO, HOY.


Son muy graves y muchos los daños que los neoliberales le han causado al país: dispararon la corrupción a niveles desconocidos; la pobreza ahora abarca a un mayor número de mexicanos, el desempleo se encuentra, también, en niveles altos; la inseguridad pública se ha convertido en los últimos años en un problema verdaderamente grave. México ha pasado de ser un país autosuficiente en materia alimentaria a uno peligrosamente dependiente del exterior; abandonaron al agro mexicano donde se concentra porcentualmente el mayor número de pobres.

Los neoliberales destruyeron, con toda la mala fe y por intereses económicos, a Pemex y convirtieron a México en un país importador de energéticos.

Poniendo por delante sus intereses económicos los neoliberales deterioraron intencionalmente la educación pública para beneficiar a la privada.

La derecha, aferrada al neoliberalismo, dañó las finanzas públicas al someterlas a los dictados del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y no tomaron medidas para la diversificación de nuestras relaciones económicas con el mundo.

 La política internacional prácticamente desapareció, pues cayó en el más absoluto desprestigio. La autoridad que México tenía en América Latina se ha perdido para dar lugar a un aislamiento de nuestro país y a un enfrentamiento constante con los pueblos hermanos que luchan por superar los rezagos económicos y los problemas sociales.

Con la derecha en el poder se profundizó la acumulación de la riqueza, de una parte, y la pobreza, de la otra. Hoy a México se le conoce por sus profundas desigualdades sociales, por sus disparidades entre la ciudad y el campo, por la extrema pobreza en que se debaten millones de compatriotas.

En materia política los neoliberales deterioraron las instituciones construidas a lo largo de años. La presidencia de la República, retenida durante seis sexenios mediante groseros fraudes, como fue reconocido por los propios órganos encargados de velar por la legalidad de los procesos electorales, se encuentra sumida en un enorme desprestigio. Este es uno de los elementos que alimentan la ingobernabilidad en la que nos debatimos.

Todas estas afirmaciones se sustentan en datos, cifras y hechos irrefutables.

Los neoliberales dejaron una caricatura de Estado: en lugar de un Estado que fomentara el desarrollo económico del país, con base en capitales nacionales, uno que dio  protección y privilegios indiscriminados al capital extranjero; en lugar de un Estado que respetara las garantías sociales, uno que fomentó el individualismo; en lugar de un Estado que otorgara seguridad social, uno que impulsó la medicina privada; en lugar de un Estado laico, un Estado clerical.

 En lugar de un Estado conducido con austeridad republicana, un Estado corrupto hasta la médula; en lugar de un Estado que protegiera y fomentara las libertades públicas, uno que protegió  los intereses de la minoría estableciendo la desalmada libertad de comercio; en lugar de un Estado nacionalizador, uno privatizador.

 En lugar de un Estado que diera satisfacción a las necesidades colectivas, uno que hinchó de dinero a la minoría, convirtiendo a México en un pueblo lleno de pobres y de la más grosera de las desigualdades sociales En lugar de un Estado soberano, uno dependiente.

 Hoy México vive una situación de emergencia provocada por esas políticas criminales, pues los neoliberales ocasionaron un verdadero desastre en materia económica, política, social y en las relaciones internacionales de México.

La conclusión es catastrófica: los neoliberales de la derecha y de la ultraderecha destrozaron a México.

 Las fuerzas democráticas tienen la encomienda histórica de rescatarlo, mediante un programa emergente  que tiene que ser necesariamente, forzosamente contrario al modelo neoliberal. No hay de otra.

 Cambios en la superficie dejaría subsistente ese modelo depredador y criminal. O el desarrollo de México se enrumba por un camino distinto y contrario al neoliberal, o no se habrá cumplido el mandato del pueblo en la jornada electoral del primero de julio.

El triunfo de las fuerzas democráticas y patrióticas alrededor de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, debe sentar sólidamente las bases para lograr el objetivo superior de rescatar al país, y orientarlo por la vía de la independencia, la soberanía y la verdadera justicia social.

La derrota de las fuerzas que convirtieron al modelo neoliberal en una dictadura durante más de tres décadas y media, ha sido contundente y debe ser definitiva.

La vida y el destino de México no admiten contemplaciones frente a quienes, sin ninguna consideración moral y política, sumieron al pueblo mexicano en la dependencia, la pobreza, la desigualdad social el saqueo, la rapiña descarada de los recursos públicos, la entrega del territorio nacional y sus recursos a intereses privados, la destrucción de las instituciones que, con enorme esfuerzo, se construyeron y que los neoliberales destruyeron al ponerlas al servicio del poder económico.

-El programa emergente de las fuerzas democráticas mexicanas tiene que ver con el rescate de la Constitución de 1917. Hay que ponerla en vigor, porque ha sido permanentemente violada por la derecha entreguista con la más absoluta impunidad, excluyendo de su texto las contrarreformas que esa corriente antinacional y antipopular le incorporó.

-Urge restablecer la soberanía de la nación. El bien más preciado de todo pueblo independiente es el ejercicio pleno de su soberanía. Sobre ella han pasado y están pasando fuerzas del interior y del extranjero que nos quieren mantener como el traspatio de la potencia más agresiva de la historia.

-El ejercicio de la soberanía nacional nos obliga a rescatar los recursos petroleros y la energía eléctrica para ponerlos al servicio del pueblo mexicano que es el único y legítimo dueño, impidiendo la intervención de los intereses privados en su generación y distribución.

-Para preservar el patrimonio de los mexicanos es urgente elevar a rango constitucional la prohibición de las privatizaciones, que en el pasado reciente fueron la vía de los neoliberales para el saqueo y la rapiña.

Poner, a plenitud, la vigencia del Estado laico, heredero de las mejores luchas históricas de los mexicanos.

De manera urgente necesitamos restablecer la filosofía del artículo tercero constitucional. Lo que nos ha hundido en los peores lugares en materia de educación, es el abandono de esa disposición de la Carta Magna, su constante violación, y la incorporación a su texto de un mazacote al que se denominó reforma educativa.

El rescate del artículo tercero constitucional pone a la orden del día la exigencia de concebir y aplicar una pedagogía auténticamente mexicana.

Hay que parar en seco a quienes pretenden establecer una educación confesional y anticientífica.

Fortalecer a la universidad pública y asegurar la investigación científica y tecnológica es urgente. La soberanía tecnológica debe transformase en un pilar fundamental de México hacia el resto del siglo XXI.

Garantizarle al pueblo, mediante medidas firmes, el disfrute de todas las garantías sociales e individuales, cuya riqueza es mayor que la llevada y traída teoría de los derechos humanos.

Se requiere un plan con carácter emergente, en materia económica para superar la crisis generada por el modelo neoliberal, asegurar la creación de empleos, la defensa de la industria nacional, el rescate de la banca que hoy está en manos de extranjeros, el fortalecimiento del mercado interno, la diversificación de las relaciones económicas con todo el mundo.

Hacer respetar el mandato constitucional, según el cual la contribución económica de los mexicanos debe ser de acuerdo a su capacidad económica, y legislar para prohibir que recursos del fisco sean devueltos a los empresarios que, de esa manera, no sólo no contribuyen al gasto público, sino que se aprovechan de los recursos del pueblo.

De manera especial atender a los campesinos que los neoliberales abandonaron a su propio destino, los condenaron a la quiebra, a la improductividad, y condujeron a la nación a la dependencia en materia alimentaria.

 Implementar una política de seguridad que tenga en cuenta los intereses del pueblo y de la nación, y no plegarse a los intereses de los gobiernos yanquis, que impusieron la política criminal a los neoliberales del país.

Frente a esta situación cabe recordar la propuesta, que hace años presentó la Universidad Nacional Autónoma de México sobre seguridad pública, según la cual la inseguridad debe enfrentarse con tolerancia, patriotismo, comportamiento cívico, solidaridad, estado de derecho y respeto a las garantías individuales, al tiempo que demandó del gobierno federal dar un giro de fondo e inmediato en las estrategias de seguridad, centrándolas en la prevención del delito, la atención a la juventud, al abatimiento de la impunidad y la reducción de muertos y lesionados.

El sexenio que se inicia el próximo primero de diciembre tiene el más amplio respaldo de los mexicanos. Sobre él se deposita la confianza y las esperanzas de que el neoliberalismo sea desmontado y destruido.

 No hay tiempo que perder. Cada fuerza debe contribuir para enriquecer el programa emergente, que debe contener los temas señalados y otros más que contribuyan a rescatar a la Nación mexicana, y todo acompañado por la más convencida austeridad juarista para proteger los recursos públicos.

En un siguiente artículo detallaré un poco más las medidas que aquí se mencionan de manera general, y otras que la propia situación del país va demandando con urgencia.

martes, 10 de julio de 2018

RESQUEBRAJAMIENTO DE LA DICTADURA NEOLIBERAL EN MÉXICO



En 1982 un grupo de facinerosos antipatriotas asaltó el poder, y durante 36 años aplicó una política de corte antipopular y antinacional.

-  En sentido estricto desnacionalizaron el Estado mexicano, lo pusieron al servicio de los económicamente poderosos, de dentro y de fuera, sin ninguna consideración. Su voracidad no tuvo límites y cayeron en la corrupción de manera abierta y ofensiva para el pueblo; cancelaron las manifestaciones elementales de la democracia y se sostuvieron en el poder mediante fraudes descarados y asesinatos; desvirtuaron las instituciones políticas que México se dio a lo largo de 172 años (desde que inicio la lucha por la independencia nacional);  y condujeron a una composición dominante del poder legislativo de élites, ajenas a la representación popular. Convirtieron al poder judicial en tapadera de sus despropósitos.
 
Desmontaron gran parte del Estado surgido de la Revolución mexicana. Limitaron gravemente las garantías sociales y las garantías individuales de los mexicanos, todo por cumplir con las exigencias imperialistas de ajustarse a las sacrosantas leyes del mercado.

Hoy el Estado  mexicano es solo un cascarón, propio para alcanzar sus propósitos antipopulares y antinacionales, pero ajeno a los intereses de la patria mexicana.

- Insisto. A pretexto de la globalización, los gobiernos neoliberales se entregaron en brazos del poder económico foráneo y doméstico, al que sirvieron  incondicionalmente, al que otorgó todas las protecciones habidas y por haber, lesionando los intereses de la nación y empobreciendo, en niveles nunca vistos, al pueblo.

Después de 36 años de dictadura neoliberal México es uno de los países con los más elevados índices de desigualdad social, donde la mayoría de su población vive en la pobreza, y un breve número, que no sobrepasa el 1% tiene en sus manos fortunas incalculables, logradas precisamente en dicho periodo.

 Mediante el remate del patrimonio de los mexicanos, los gobiernos neoliberales del PRI y del PAN, entregaron empresas fundamentales (propiedad de la nación) a intereses privados: desnacionalizaron la banca y el crédito hoy, casi en su totalidad, en manos extranjeras; desnacionalizaron la siderurgia; entregaron la industria minera a intereses privados, sin ningún límite; con el TLC colocaron la economía mexicana como el cabús del imperialismo yanqui quebrando, así, la industria nacional y abatiendo la suficiencia alimentaria. A los campesinos mexicanos los quebraron y hundieron en la improductividad, la pobreza y la miseria.

Obligaron a millones de mexicanos a abandonar su tierra y a su familia para ir a buscar sustento fuera del país, en condiciones adversas y peligrosas. Miles de ellos murieron en el intento, sin que el mal gobierno dijera o hiciera nada.

El breve grupo de desnacionalizados y antipatriotas neoliberales entregaron los ferrocarriles, propiedad de la nación, principalmente a empresas extranjeras; privatizaron gran parte de la industria eléctrica; abrieron, de par en par, las puertas al capital extranjero que ni en sueños llegó a tener la dictadura porfirista.

Saquearon de manera inusitada los recursos públicos, a través de sueldos desorbitados y ofensivos, Utilizaron el poder para labrar fortunas al margen de la ley, en acciones delictivas que hasta la fecha permanecen impunes.

De ser un país petrolero, autosuficiente, convirtieron a México en un país importador de energéticos. Gran parte del jugoso negocio de esa importación está en manos de ex funcionarios públicos, beneficiarios, también de la desnacionalización del petróleo impuesta por el gobierno de Peña Nieto, su partido, el PAN y el PRD, principalmente.

Avanzaron peligrosamente en la privatización de la educación y de la seguridad social; cancelaron derechos fundamentales de los trabajadores que ya se contemplaban en las leyes mexicanas.

- Toda esa política violenta y rapaz condujo a la profundización de la dependencia económica de México, dependencia que nos tiene postrados y a merced del poder económico mundial.

Antonio López de Santa anna y Porfirio Díaz resultan una caricatura frente a los soberbios, corruptos y ostentosos neoliberales priistas y panistas que, finalmente arrastraron y sometieron a varios dirigentes perredistas, igual de corruptos que ellos.

Los sucesivos gobiernos del PRI y del PAN se plegaron a los intereses del gobierno yanqui en política exterior y en la seguridad pública. Aislaron a México del resto de América Latina, lo sumieron en la humillación y el desprestigio frente al mundo entero.

La supuesta lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, fue impuesta por los yanquis, y ellos la aplicaron al pie de la letra durante los 36 años de dictadura neoliberal.  En este periodo el número de muertos supera, en mucho, el cuarto de millón. Un costo elevadísimo para nuestro pueblo del que deben responder los criminales que, desde el poder, permitieron esa masacre.

Se ha dicho con toda razón que los neoliberales son el padre y la madre de la violencia y la inseguridad pública que nos mantiene a los mexicanos como rehenes en nuestra propia patria.

Como nunca, en tiempos del neoliberalismo, se agredió la conciencia nacionalista de todo un pueblo, conciencia que se fue forjando desde antes que se iniciara la lucha por la independencia y que se consolidó en el tiempo que corre desde entonces hasta nuestros días.

Toda su política fue una política de lesa Patria.   
                        
Pero desnacionalizar la economía y la política mexicanas, no les alcanzó a los neoliberales para desnacionalizar la conciencia del pueblo.

Por eso, contra todo lo que hicieron en 36 años esos malos gobiernos, y que en parte se menciona en este artículo (pero que no agota las medidas aplicadas en más de tres décadas y que provocaron el desastre nacional) se levantó el pueblo mexicano el 1 de julio pasado.

Los desnacionalizados y desnacionalizadores, que gobernaron por un periodo casi igual al de la dictadura porfirista, fueron barridos por el pueblo en una jornada electoral, sin utilizar las armas.

La dictadura porfirista, que duró 33 años, fue derrotada en sólo seis meses, pero se llevó años  destruir la estructura colonial, feudal y semiesclavista impuesta, a sangre y fuego en ese periodo.

Para los mexicanos, ahora viene algo más difícil que una campaña electoral y que una jornada para sufragar.

Y el pueblo lo expresó masivamente, de manera clara e inequívoca: destruir el modelo neoliberal y establecer un sistema donde prevalezca plenamente la justicia social.

El 1 de julio inicia un periodo, por expreso mandato popular, en el  que el nuevo gobierno debe iniciar inmediatamente la destrucción del neoliberalismo, desmotando todo esa política criminal que ha postrado al pueblo mexicano, aplicando una política en sentido contrario y ajeno a la que se aplicó por más de tres décadas y media.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador debe sentar las bases para una verdadera transformación, que fortalezca la independencia de México, consolide la soberanía nacional, establezca como principio esencial la justicia social, para hacer de México una patria generosa para todos sus hijos.
Si es así, habrá cumplido su misión histórica.




sábado, 15 de abril de 2017

LA GLOBALIZACIÓN ULTIMA ETAPA DEL CAPITALISMO

El sistema capitalista se encuentra en una profunda crisis que abarca la economía, la política, la cultura, las relaciones sociales, la ideología, es decir, toda la estructura y la superestructura de la sociedad. El Estado-nación resulta incompatible con la globalización, a grado tal que ha entrado en una aguda crisis, y no se vislumbra, a corto plazo, ni su desaparición, ni su fortalecimiento.

La concentración de la riqueza y la extensión de la pobreza no tienen igual en los 500 años anteriores a nuestra época. Si el 1% de la población mundial tiene un volumen de riqueza igual al que posee el 99%, estamos ante una realidad no sólo injusta, sino insostenible. Esta inaudita desigualdad atenta contra el más elemental  sentido de justicia y dignidad del ser humano. En un sentido real, va contra la existencia misma de la humanidad porque cancela cualquier tipo de desarrollo.

También atenta contra la existencia de la humanidad el cambio climático provocado por el irracional sistema capitalista.

 El afán de ganancia y acumulación ya no se logra solamente a través del despojo directo de los trabajadores, en el proceso de producción, sino por  la frenética, incontrolable e insaciable especulación financiera.

Es tal la profundidad de la crisis capitalista y de su actual expresión, la globalización, que en los últimos dos años asistimos a un proceso que tiene mucho de desglobalización. Tal ocurre con el Brexit; lo que también podríamos llamar el Euexit de Trump; la serie de medidas proteccionistas en diversas regiones del mundo impuestas por los países desarrollados, más lo que se acumule en los próximos días.

 En lo que hoy es todavía territorio norteamericano se habla de la posible independencia de California. La crisis del capitalismo pone en bandeja de plata al Calexit.

Y por cierto, el Calexit abre la vía para que los mexicanos -que cargamos durante 170 años con la afrenta del despojo territorial yanqui en 1847- profundicemos la lucha legítima para recuperar el territorio robado a México por los yanquis.

 El proceso desglobalizador -auténtica convulsión capitalista- genera las condiciones para lograr esa recuperación histórica del territorio nuestro.
Es evidente que el neoliberalismo (contrarrevolución social de magnitudes catastróficas), como instrumento para afianzar la globalización, transformó al Estado-nación, lo despojó de su naturaleza y lo convirtió en instrumento esencial para acelerar la acumulación de las riquezas; acumulación que ha llegado a niveles nunca conocidos.

 Las reformas impulsadas por el neoliberalismo, tanto las de la primera generación como las de la segunda, significaron en los hechos un abierto despojo del patrimonio de pueblos enteros y de derechos sociales básicos.

Hubo una transferencia incalculable de recursos públicos a las empresas capitalistas.

Lo que explica la intensidad de la violencia pública y privada, por una parte es que el Estado se puso incondicionalmente al servicio de los intereses económicos, es decir un alto grado de violencia institucional que se mantiene y busca prolongarse indefinidamente y, por la otra, el neoliberalismo desató fuerzas sociales, muchas de ellas promovidas y protegidas desde las altas esferas del poder, que se dedicaron al crimen y a la delincuencia, cuyas ganancias fluyen de manera natural en el sistema financiero capitalista.

En  este escenario turbulento los intereses transnacionales impulsaron en Pakistán, Afganistán, Colombia, México y otros países un modelo para enfrentar el llamado crimen organizado que provocó una enorme mortandad y la pérdida de la paz social que, hasta hoy, no se ha restablecido.

Que el neoliberalismo provocó una hecatombe social, a nivel mundial, ya nadie lo discute. Pero los neoliberales siguen como disco rayado, repitiendo y repitiendo su programa, que ya demostró hasta la saciedad que causó severos daños.

Hoy el neoliberalismo está total y absolutamente desprestigiado y su programa está agotado: ya han privatizado todo lo privatizable. Sólo faltan algunos rubros que José Saramago, con profunda ironía, señalaba en la parte final de su libro, "Cuadernos de Lanzarote".

A pretexto de la globalización, el neoliberalismo despojó a las naciones de su patrimonio, a la clase trabajadora de sus derechos laborales fundamentales, a la cultura de su diversidad y riqueza, a la educación de su carácter científico y democrático.

Ha cancelado a la Tierra su futuro limpio, o para utilizar el término acuñado a principios de los 90 del siglo xx, en la Cumbre de Río, su desarrollo sustentable.

 Ha despojado a hombres y mujeres de sus legítimas esperanzas de construir una vida libre y digna.

En estas condiciones la globalización constituye el mayor obstáculo para preservar el desarrollo progresivo de la humanidad y el principal elemento de la desintegración social, de la sobreexplotación del ser humano, del robo, del saqueo y la criminalidad. En una palabra: su existencia conduce al suicidio de la humanidad.


El neocolonialismo capitalista está llegando a su fin en un periodo relativamente breve. En consecuencia, la supervivencia humana establece, como condición necesaria, la construcción de un sistema de la vida social, no solo diferente sino opuesto al capitalismo depredador.

sábado, 26 de noviembre de 2016

HASTA SIEMPRE FIDEL


Con el titulo “Fidel Castro” publiqué en este blog,
hace seis años, el articulo que hoy vuelvo a publicar, en
el que expreso, brevemente, lo que para mi y millones de mexicanos es
y representa Fidel Castro.


Resulta muy difícil intentar escribir sobre una personalidad tan grande como lo es Fidel Castro, y más difícil es hacerlo en un espacio pequeño. Muchos que han descrito la vida y la obra de este héroe latinoamericano, lo han hecho a través de obras voluminosas y han quedado vacíos tremendos.

Pero para manifestar el profundo respeto y la admiración que se siente por un ser humano como Fidel Castro no se necesita de grandes volúmenes, y quizá el mejor ejemplo de eso lo encontremos en el brevísimo artículo de Gabriel García Márquez, bajo el título de “El Fidel que yo conozco”. Nadie con cierta sensibilidad social, podría no emocionarse al leer los pocos renglones que escribe el Gabo sobre Fidel, de los que emerge el ser humano deslumbrante, el experimentado dirigente, el lector voraz, el incansable conversador, el orador que seduce, por horas, el educador, el hombre que ha soñado durante toda su vida con una humanidad feliz, que ha luchado para que hombres y mujeres encuentren su plena realización como seres humanos en el socialismo, que es hasta hoy –se quiera o no- el sistema de la vida social más elevado que el ser humano ha concebido en su larga y difícil lucha por vivir en mejores condiciones.

A través de la lucha revolucionaria, Fidel Castro rescató para el pueblo cubano su dignidad. El cubano es un pueblo preparado, culto y digno, que siente un inmenso orgullo por su Revolución, que quiere y respeta a sus dirigentes políticos. Es el pueblo latinoamericano que elevó su moral a grado tal, que no sólo ha sabido resistir la agresión permanente de los gobernantes yanquis, sino que en la vida real los ha derrotado. Sin esa moral tan elevada –que no se califica o cuantifica en pesos y centavos- no habría sido posible convertir a Cuba en la potencia científica, deportiva y cultural que hoy es.

Nada de lo que ha edificado la Revolución cubana podría lograrse, en ninguna parte del mundo, ni en ningún tiempo, en medio del hambre que le endilgan sus detractores al movimiento social más avanzado políticamente no sólo de América Latina, sino del mundo.

Cuba es –dice García Márquez- “una isla 84 veces más pequeña que su enemigo principal”, pero su grandeza como pueblo no está a discusión. Y esa grandeza es producto de la revolución encabezada por Fidel Castro, el brillante estratega, el hombre que escogió a México como su segunda patria, desde la que inició el movimiento que liberaría a Cuba de la opresión yanqui, el joven revolucionario que impulsó, desde el Estado de México, la organización de las fuerzas que derrotarían al sátrapa Fulgencio Batista, y haría de Cuba una nación auténticamente independiente, soberana y digna”.

Cuando Fidel dijo en Cancún, frente a José López Portillo que él no necesitaba besar la tierra mexicana porque la llevaba entrañablemente en su corazón, estaba manifestando su gran cariño y agradecimiento a esta tierra que lo vio crecer como libertador de su pueblo.

Si se medita en la trascendencia histórica de la vida y la obra de Fidel Castro, no puede uno dejar de pensar que a partir del descubrimiento de América por los europeos, la historia unió estrechamente los destinos de Cuba y México.

 A Cuba llegaron primero los feroces y sanguinarios conquistadores españoles; de territorio cubano partirían los tres intentos de colonizar a México.

En México nació y de ahí se extendió al resto de América Latina, y de manera directa a Cuba, la lucha por independizarse del coloniaje español. México y Cuba sufrieron, a partir de entonces, la agresión yanqui. Aquí nos invadieron y nos robaron más de la mitad más rica del territorio nacional, allá pretendieron perpetuar su dominio colonial mediante la Enmienda Plat.

 En México se preparó y de nuestro territorio partió el grupo de jóvenes intrépidos que liberó a Cuba. Por todo esto, no es exagerado afirmar que no hay en todo el Continente Americano dos pueblos tan cercanos y tan fraternos como el mexicano y el cubano, y no hay otro dirigente –que no sea mexicano- tan entrañable para nuestro pueblo como Fidel Castro.

Así como Benito Juárez, Pancho Villa o Lázaro Cárdenas son tan admirados, queridos y respetados por los cubanos, José Martí y Fidel Castro lo son para los mexicanos. Bien se puede decir que los pueblos se hermanan profundamente a través de sus héroes.

Hoy, 26 de noviembre de 2016, solamente agrego: el legado revolucionario de Fidel es inmenso y será un  faro que dará luz a los esfuerzos humanos de emancipación, paz y justicia.


¡Fidel vivirá por siempre!

martes, 13 de septiembre de 2016

LA IZQUIERDA EN MÉXICO EN EL SIGLO XXI


Los términos izquierda y derecha son una herencia directa de la gran Revolución Francesa. Como expresión de posiciones políticas nacieron, como lo recuerda  Jean Defrasne, el 11 de septiembre de 1789 cuando se discutía la Constitución. Los partidarios del poder absoluto del Rey estaban colocados a la derecha, en relación a la posición de presidente de la Asamblea nacional; en tanto que los partidarios del Parlamento, emanado de la soberanía popular, se encontraban ubicados a la izquierda del presidente.

A partir de esa fecha los términos izquierda y derecha se utilizan para identificar a dos posiciones enfrentadas, con principios, programas, estrategias y objetivos no sólo diferentes, sino antagónicos e irreconciliables.

Me ha parecido necesario recordar estos datos históricos, porque la influencia de la Revolución francesa, en lo relativo a la distinción de izquierda y derecha,  se proyectó, con mayor o menor intensidad, durante los siglos XIX y XX, y cubre lo que va del siglo XXI.

Toda lucha política democrática, avanzada, progresista, revolucionaria, partidaria de la soberanía popular, contra el orden establecido, defensora de la libertad, la igualdad, la justicia social, se identificó como una posición de izquierda, indisolublemente ligada a los intereses populares y de las clases trabajadoras.

El surgimiento del marxismo (si se quiere ubicar con la publicación de Manifiesto Comunista en 1848, considerado el documento político más importante y trascendente de los últimos 170 años) enriqueció a la izquierda al dotarla de una teoría y una práctica ricas (la concepción y la lucha de clases, entre lo más importante) para transformar al régimen capitalista, y señalarle el objetivo de luchar por el advenimiento de un régimen superior de la vida social: el socialismo. Fue, como se entiende, un enriquecimiento cualitativo.

A partir de entonces la izquierda fue identificada (no sólo con sus características, rasgos y objetivos iniciales) con las fuerzas sociales que se propusieron la instauración de socialismo. La lucha por el socialismo y, consecuentemente, la lucha anticapitalista y antimperialista fueron (y son) banderas de la izquierda; banderas que aun donde se encuentra con problemas de organización se mantienen en alto; que no se han abatido, porque el capitalismo alcanzó con la globalización y su terrible engendro, el neoliberalismo, niveles de explotación, saqueo, despojo, miseria y muerte que tienen postrados a pueblos enteros y a la misma humanidad que -hoy como nunca en su brillante trayecto- se acerca peligrosamente a la antesala de su desaparición si no logra en un tiempo histórico breve instaurar un régimen humano (que necesariamente implica la destrucción del capitalismo).

Hoy por hoy ser de izquierda, en México y el resto del mundo, es ser, consecuentemente anticapitalista, consecuentemente antineoliberal, consecuentemente antimperialista. Por lo tanto, ser de izquierda significa, en el siglo XXI, ser enemigo de la globalización capitalista, que es un producto del imperialismo capitalista, y que los imperialistas y sus voceros interesada falsamente ubican como producto natural del desarrollo de la humanidad.

Hoy en día la izquierda es inseparable de la lucha de los trabajadores por su emancipación como clase social, es inseparable de la lucha de los pueblos por su verdadera independencia, es inseparable de las luchas nacionales por la auténtica soberanía.

En México la izquierda  se nutre, por lo tanto, de las luchas por la emancipación del pueblo y por la emancipación de la nación. La izquierda consecuente destaca,  como fuente que explica su existencia y su combate, la extraordinaria riqueza de la historia de nuestro país, de las gestas heroicas de pasadas generaciones contra el coloniaje español; rinde homenaje permanente a los hombres y mujeres que, renunciando a la comodidad, a la familia y a la vida misma, lucharon por la independencia nacional y por la destrucción del régimen colonial; que enfrentaron, en condiciones desventajosas, la invasión yanqui en 1847 y el despojo del vasto territorio robado a México; que acompañaron a la brillante generación liberal encabezada por Benito Juárez para transformar la estructura económica y social heredada de 300 años de dominio español; que resistieron, combatieron y derrotaron la invasión francesa, la farsa del segundo imperio y la oprobiosa dictadura porfirista.

La izquierda, en México, se identifica con los postulados avanzados de la Constitución de 1917, expresión jurídica de los grandes objetivos de justicia, libertad, soberanía y emancipación del movimiento revolucionarios de 1910.

Y la izquierda contribuyó a los grandes logros económicos y sociales alcanzados en las seis décadas, que van de los años veinte a inicios de los ochenta. Su postura claramente antimperialista le ganó el reconocimiento de amplios sectores populares y de las corrientes nacionalistas que se identificaban con otras organizaciones políticas.

Un amplio sector democrático y progresista coincidió, en México, con la lucha y los objetivos de la izquierda.

En la práctica existió un Frente amplio, nacional, democrático y antimperialista que impulsó el desarrollo nacional. Ese frente amplio explica los alcances y logros de la Revolución mexicana y la transformación de México de un país agrario atrasado, en un país agrario industrial y, hacia la última cuarta parte del siglo XX, en un país industrial agrario, estructura existente cuando el grupo de mafiosos neoliberales asaltaron el poder en 1982.

Dos fuerzas políticas fundamentales que, con una táctica y estrategia propias, desempeñaron un papel relevante de la izquierda fueron, cronológicamente, el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista (ambos marxistas); y estos dos partidos fueron, consecuentemente,  los más firmes defensores de los intereses de la nación mexicana y de la clase trabajadora.

Y ambos partidos fueron liquidados, desde el interior, por intereses contrarios a la izquierda. Particularmente el PCM fue capturado por un sector de la pequeña burguesía que, finalmente, lo liquidó formalmente al surgir el PRD, integrado inicialmente (y en su gran mayoría) por la corriente nacionalista que se desprendió del PRI con Cuauhtémoc Cárdenas.

El Partido Popular Socialista, prácticamente aislado, fue el blanco de una campaña desde dentro y desde fuera hasta desintegrarlo a fines del siglo XX.

Con la desaparición de PCM y del PPS la izquierda perdió a sus más consecuentes luchadores, prevaleciendo en el país un vació que hasta la fecha existe, y que no pudo cubrir la corriente nacionalista que se integró, inicialmente, en el PRD.

Si nos atenemos a los hechos, tal como ocurrieron, el PRD no nació como un partido de izquierda. Otra cosa es que a su formación concurrieran y en él militaran personas identificadas con la izquierda.

En estricto sentido el PRD formó parte de la gran corriente progresista de México y así se mantuvo hasta que fue capturado por los neoliberales del PRI que lo sometieron y lo utilizaron para sus fines contrarios a los del pueblo y de la nación. Esto explica la separación de ese partido de varias de las personas que concurrieron a su formación y que mantienen una posición nacionalista frente a los excesos criminales de los neoliberales en el poder.

El gran mérito de López Obrador es haber rescatado a esa corriente nacionalista de las filas del PRD.

Las posiciones políticas, avanzadas, progresistas y nacionalistas de López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena, que él dirige y encabeza) son, actualmente, la fuerza más consistente contra la política facciosa, corrupta, antipopular, antinacional y entreguista de los gobiernos neoliberales.

Creo que esa es la razón de que muchas personas y analistas políticos consideren, de buena fe,  a MORENA y a su dirigente como de izquierda.

Y que otros de mala fe y ocultando sus verdadero carácter de voceros neoliberales hayan considerado y sigan considerando al PRD como un partido de izquierda, cuando los hechos demuestran y confirman, cada día, que es un partido de derecha, al servicio de los neoliberales del PRI y del PAN.



domingo, 19 de abril de 2015

HOMENAJE AL PREMIO NÓBEL MEXICANO ALFONSO GARCÍA ROBLES.

Intervención en la sesión en que se rindió homenaje a Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz 1982.

Trabajo Legislativo

Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos.
LII Legislatura. Jueves 11 de noviembre de 1982.

Presidente: Tiene la palabra el C. diputado Alfredo Reyes Contreras.

El C. Alfredo Reyes Contreras: Señor Presidente; señor licenciado Alfonso García Robles; distinguidos invitados; compañeros diputados.

La fracción parlamentaria del Partido Popular Socialista se une al justo homenaje que esta soberanía rinde al licenciado Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz y primer mexicano Premio Nobel.

Los mexicanos entendemos que la decisión de la Academia Sueca de otorgar el premio Nobel de la Paz al licenciado Alfonso García Robles expresa, sin ninguna duda, el propósito de contribuir a la lucha por la paz mundial, como condición esencial para preservar la vida del ser humano sobre la tierra.

Pero, además, la resolución del Comité Sueco recoge la decisión de todos los pueblos de la tierra, para detener y destruir el peligro de la guerra que se cierne, como amenaza constante, sobre toda la humanidad.

El problema de la guerra y la paz, sigue siendo el problema fundamental de nuestros días.

De la solución que se dé a este problema, depende el porvenir de la humanidad Por eso, hoy más que nunca, la lucha por eliminar la amenaza de la guerra y por mantener y fortalecer la paz significa la decisión de que el género humano pueda sobrevivir.

El Premio Nobel de la Paz que se otorga a un mexicano destacado significa también el reconocimiento de que el camino que lleva a la paz necesariamente pasa por el desarme.

Precisamente en la lucha por el desarme usted, licenciado García Robles, se ha ubicado en un lugar de primera línea, desplegando una importante actividad para lograr ese propósito, que es anhelo de todos los pueblos de la Tierra.

Entendemos, también, que la decisión de otorgarle a usted el Premio Nobel de la Paz constituye el reconocimiento de la política exterior mexicana, que cuenta con el respaldo del pueblo, que la apoya y la impulsa vigorosamente.

Tenemos una tradición importante en la política exterior mexicana, y a pesar de las graves presiones que se han ejercido sobre los gobiernos nacionales se mantiene y cada día se enriquece.

Usted, señor licenciado, no sólo ha sido un fiel intérprete de la política exterior mexicana, circunstancia que lo enaltece, sino que ha sido uno de sus constructores más consecuentes, pues de esa manera se responde al mandato de nuestro pueblo y de la historia nacional.

Cuando México lucha por la coexistencia pacífica, cuando combate por que desaparezcan los focos de tensión internacional, cuando aplica consecuentemente los principios de solución pacífica de los conflictos internacionales y de igualdad jurídica de los Estados; cuando respeta y exige que se respeten los principios de no intervención y autodeterminación responde al mandato que recogemos de nuestro brillante pasado.

Seguramente los que se encuentran presentes recordarán el anhelo de nuestros antepasados, expresado en el Cantar de la Pobreza, al decir: "Ojala que haya paz en la tierra con el agrado del pueblo".

Es particularmente significativo el momento en que le otorga el Premio Nobel de la Paz, por eso crece su importancia.

El mundo vive momentos difíciles, complicados y llenos de presagios negativos.

Hay hechos en la vida internacional que nadie, en sano juicio, se atrevería a negar; sin embargo, existen fuerzas poderosas que ocultan y alteran intencionalmente esos hechos; hay intereses que todos los días echan fuego a la hoguera de la guerra y hacen todo lo que pueden para crear un clima de tensión internacional.

Actualmente, en el panorama mundial, se percibe la lucha de dos tendencias opuestas: por una parte, la que se orienta a frenar la carrera armamentista; la que impulsa la distensión internacional; la que defiende la soberanía y libertad de los pueblos y defiende la paz y su fortalecimiento. Por la otra está la que impulsa la carrera armamentista, pone obstáculos a la distensión, amenaza la soberanía y la libertad de los pueblos; es la corriente que pone en peligro la paz mundial.

Usted ha dicho que es preocupante la ruptura de la distensión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, que en la década de los años setenta habían abierto un horizonte alentador.

Ha expresado que la prueba más clara de que la distensión ha sido rota y el camino se ha torcido de nuevo hacia una guerra fría que podría llevar a un nuevo enfrentamiento; es la reticencia de los Estados Unidos a que sus aliados europeos colaboren con la Unión Soviética en la instalación del gasoducto transiberiano que llevará gas soviético a Europa.

Usted afirmó que los Estados Unidos y el Reino Unido llevaron al fracaso la Segunda Asamblea extraordinaria para el desarme.

Y hay otros hechos, que todo mundo conoce, de la conducta irresponsable del gobierno norteamericano, que con Reagan se encuentra dominado por los negociantes de la guerra.

Pero hay que decir que la actitud asumida por el gobierno norteamericano responde, en esencia, a la crisis profunda e insalubre del sistema económico del capitalismo, que arribó a su última fase y se halla en agonía.

Asistimos a las convulsiones finales de ese sistema, que no ha sido capaz de dar solución a las necesidades más elementales del ser humano, y que los pueblos del mundo, para preservar a la humanidad, están sustituyendo por una forma de organización superior de la vida social.

Precisamente el peligro del momento que vivimos parte de los círculos que se mueven dentro del sistema que no tiene porvenir. Lo verdaderamente peligroso es que el cadáver del imperialismo arrastre a la tumba a todo el mundo.

A medida que se agravan los problemas del gobierno norteamericano se acelera la brutal campaña a favor de la guerra y se dispara, de manera sensible, la carrera armamentista, haciendo a un lado el proceso de distensión que caracterizó el decenio pasado.

Nadie puede negar la responsabilidad que recae sobre los gobiernos yanquis, que orientaron sus recursos al desarrollo militar. Fue la potencia norteamericana la que creó la bomba atómica y que, como lo ha mencionado usted, realizó el primer ensayo en 1945, antes de hacerla estallar en Hiroshima, ante la angustia y la desesperanza de la humanidad.

Un sobreviviente de Hiroshima hace un relato que un periódico mexicano de circulación nacional reprodujo en agosto pasado. Ese relato vale más que grandes volúmenes escritos, porque recoge un drama que explica las increíbles consecuencias y desastres de una guerra. Al leerlo causa ciertos sentimientos difíciles de describir, pero lo menos que provoca es odio y repudio contra la guerra.

Recuerda ese sobreviviente que el 6 de agosto de 1945, como a las 8:45 de la mañana, se encontraba debajo de su carro, reparando un desperfecto, cuando estalló la bomba atómica a un kilómetro y medio del lugar en que se hallaba.

Dice: “Vi los cuerpos de los niños, estudiantes, mujeres, jóvenes y ancianos; madres con sus hijos en los brazos, caballos y perros. Unos estaban chamuscados, otros bañados en sangre.

Los vi y aún no los olvido.

Encontré a un niño en edad escolar, tendido sobre un montón de paja. A pesar de sentir un dolor muy profundo, hizo enormes esfuerzos para llegar a donde se encontraba su madre. Cuando estaba ya casi junto a ella, su cabecita se desprendió de su cuerpo, y quedó muy cerca del cuerpo de su madre, como él quería.

Descubrí a una niña que, casi con sus labios inmóviles, pedía: "agua, por favor". Estas fueron sus últimas palabras.

Un poco más allá se encontraba una mujer rígida y desnuda. Su cara había quedado convertida en una masa de carne.

También pude ver a un joven; toda su piel estaba completamente quemada. Se podía apreciar toda su musculatura color rojo oscuro. Parecía que se hubieran quitado, con muchísimo cuidado, toda la piel.

Un viejo colgaba de un puente. Su cuerpo había quedado sin sangre, porque ésta se le había escapado por una grieta enorme que tenía en la cabeza.

Caos no es la palabra precisa para describir lo que había pasado en Hiroshima. Los sobrevivientes, como yo, afirmamos que eso era el mismo infierno.

Durante muchos años he tratado de escribir algo sobre la experiencia que viví ese día.

Cada vez que tomaba el lápiz y me sentaba a la mesa para empezar a llenar la primera cuartilla me invadía la desesperación y la frustración. Escribía palabras que se quedaban pálidas ante la realidad que presencié un día de agosto de 1945. La crueldad que representa la guerra sobrepasa todas las palabras del ser humano”.

Hasta aquí el relato dramático, verdaderamente dantesco, de un sobreviviente de Hiroshima.

Decía, antes de transcribir este relato, que los Estados Unidos tienen la responsabilidad, ante la humanidad, de haber abierto la etapa en el uso de nuevas armas, con la bomba atómica, y esa ha sido la primera potencia en construir misiles balísticos, submarinos de carga nuclear, cohetes con cabezas múltiples, bombas de neutrones, etcétera.

El gobierno norteamericano, fuera de su territorio, en todo el mundo, tiene instaladas más de cuatro mil ojivas nucleares.

También tiene ubicadas fuera de sus fronteras más de 2500 bases e instalaciones militares.

Una cifra superior a 500 mil soldados norteamericanos se encuentran fuera del territorio de la Unión Americana.

Particularmente insistente ha sido el gobierno norteamericano sobre la conveniencia de una guerra nuclear limitada, que atrae a los estrategas yanquis y sobre la cual despliega una feroz campaña para convencer al pueblo norteamericano sobre su viabilidad.

No ha querido el gobierno norteamericano comprometerse a no utilizar el arma nuclear contra países que se nieguen al emplazamiento de esa arma en su territorio.

Tampoco ha adquirido la obligación de no ser la primera potencia que lance el primer disparo nuclear.

El gobierno norteamericano rechaza permanentemente toda iniciativa de reducción de armas nucleares o aquellas que tiendan a consolidar la paz mundial.
Ante estos hechos a nadie puede quedar duda de quién es la potencia responsable de la tirantez internacional y del peligro de una nueva guerra mundial.

Sin excepción todos los pueblos de la tierra están a favor de la paz y luchan por ella. Muchos gobiernos también combaten para que prevalezca la paz; sin embargo, con insistencia, se distorsiona la actitud pacifista del campo socialista y particularmente de la Unión Soviética.

Usted más que nadie conoce las múltiples propuestas de la Unión Soviética para aliviar la tensión internacional, para detener la carrera armamentista y para consolidar la paz en el mundo.

Esa potencia ha declarado su compromiso de no hacer uso del arma nuclear contra países que no la posean; ha propuesto que cese la producción del arma nuclear, ha declarado su voluntad y decisión de no fabricar la bomba de neutrones si no aparece en otro Estado. Se a comprometido a no ser la primera potencia en utilizar el arma nuclear, compromiso que si hubiera sido adoptado por los norteamericanos alejaría realmente el peligro de la guerra; se ha pronunciado por no ampliar los bloques militares, etcétera.

Pero aparte de esas proposiciones concretas, a nuestro juicio, señores diputados, señor licenciado Alfonso García Robles, la Unión Soviética es el pilar más firme de la paz en el mundo. Si no fuera por el poderío económico y militar de la Unión Soviética, los norteamericanos, en su ambición desmedida y en su afán de seguir asumiendo el papel de gendarme internacional, ya hubieran desencadenado acciones bélicas para someter a todos los pueblos de la tierra.

Difícilmente se pueden encontrar fuera de la URSS y del campo socialista tantas y tan frecuentes publicaciones a favor de la paz, en contra de la guerra. Este es un hecho que refleja la esencia de la política consecuente que aplican los países amantes de la paz, mientras que en Norteamérica y en otros países capitalistas se hace verdadera apología de la guerra.

No es posible, por todos los hechos señalados, colocar en el mismo lugar a los Estados Unidos y a la Unión Soviética.

Pero a pesar de las fuerzas poderosas que se mueven a favor de la paz el peligro de una guerra mundial es real.

Usted señor licenciado García Robles, recientemente expresaba que en la actualidad se encuentran almacenadas tres toneladas de dinamita para cada ser humano, y que con ese volumen es posible destruir cincuenta veces la población total de la tierra.

También mencionaba que anualmente se gastan 600 mil millones de dólares en la carrera armamentista, distrayendo recursos que bien podrían utilizarse para resolver las necesidades de la humanidad.

Como lo recordaba usted, la amenaza a la supervivencia de la humanidad es mucho mayor desde 1945, de lo que fue el primer millón de años de la historia, mencionando las palabras de Toynbee.

Todos los hombres sensatos del planeta seguramente están de acuerdo en que las armas nucleares y la continuación de la carrera armamentista constituyen una amenaza a la supervivencia misma de la humanidad.

Honorable Asamblea:

 El Partido Popular Socialista, su fracción parlamentaria, desde esta alta tribuna, convoca, de manera vehemente, a todo el pueblo mexicano a luchar sin tregua para preservar y consolidar la paz en el mundo, para desbaratar los intentos de quienes quieren conducirnos a la guerra y a la destrucción de la humanidad.

Este llamamiento y esta decisión de luchar, hombro con hombro, junto a las fuerzas que en el mundo luchan por la paz es el menor homenaje que podemos rendir al mexicano que ha dedicado la mayor parte su vida a la noble y elevada tarea de destruir las bases materiales de la guerra. Muchas gracias.

(Aplausos)


(Versión estenográfica)