Trabajo Parlamentario
PODER LEGISLATIVO FEDERAL
DIARIO DE LOS DEBATES
DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
DIRECTOR DEL DIARIO DE LOS DEBATES
Año I México D. F., martes 6 de diciembre de 1988 No. 31
SE ACUSA A CARLOS SALINAS POR VIOLAR LA CONSTITUCIÓN
La C. Presidenta: -Tiene la palabra el ciudadano diputado Alfredo Reyes Contreras, del Partido Popular Socialista
El C. Alfredo Reyes Contreras: -Con la venia de la presidencia.
Honorable asamblea: el primero de diciembre, formalmente se hizo el cambio del titular del Poder Ejecutivo Federal; al tomar posesión de su cargo el nuevo titular protestó guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen.
La protesta no es sólo una fórmula legal, sino un mandato constitucional para respetar y hacer cumplir la propia Constitución y las leyes que sólo tienen fuerza obligatoria si se apegan al contenido y al espíritu de la Carta Magna.
No queda a juicio de ningún funcionario, cualquiera que sea su nivel o competencia, cumplir o no cumplir la Constitución General de la República.
En el discurso pronunciado por Carlos Salinas de Gortari el pasado primero de diciembre, ante una parte de esta soberanía, dijo textualmente: "El estado moderno es aquel que mantiene transparencia y moderniza su relación con los partidos políticos, con los sindicatos, con los grupos empresariales, con la Iglesia, con las nuevas organizaciones en el campo y en las ciudades".
Al incluir como interlocutor del Estado a la Iglesia, al considerarla como la otra parte, se comete una flagrante violación a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y un lamentable olvido de la historia nacional.
Hay que recordar, en consecuencia, el contenido de nuestra Constitución en relación con este tema, porque ella recoge, en sus normas, disposiciones esenciales derivadas de nuestra historia. Ninguna norma constitucional fue incluida por capricho o por equivocación, todas sin excepción tienen plena justificación.
El artículo 130 constitucional es una de las normas más importantes de nuestra Carta Magna, su contenido es muy claro- En su quinto párrafo dice textualmente: "La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias".
Todo mundo aunque no sea estudioso del derecho entiende el contenido de este párrafo. Las agrupaciones religiosas denominadas iglesias, no tienen ni personalidad política ni personalidad jurídica; es decir, jurídicamente, constitucionalmente, la Iglesia como persona moral, no existe en México.
Quien asume la Presidencia de la República tiene la obligación de conocer la Constitución General de la República y, en este caso, saber que para el Estado mexicano la iglesia no existe por expreso y claro mandato constitucional.
Resulta grave que el licenciado Carlos Salinas de Gortari haya dicho que el Estado moderno es aquel que mantiene trasparencia y moderniza su relación con la Iglesia, sabiendo que para el Estado mexicano la Iglesia no existe jurídicamente. Estaríamos ante el caso de violación intencional, clara y abierta a la Constitución del país, situación que por elemental sentido de respeto a la investidura de esta soberanía, no debe permitirse ni tolerarse.
(Voces.)
¡Sí soy fanático, señores de la derecha, en la defensa de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos!
Aquí en esta asamblea hay diputados que conocen a fondo la Constitución y están convencidos que sólo su observancia más escrupulosa mantendrá el respecto entre los mexicanos, aun manteniendo o teniendo en cuenta sus legítimas diferencias político- ideológicas. No puede esta soberanía permitir que ante los ojos de todos y frente a los representantes de la nación se viole así nuestro código político fundamental.
(Voces.)
La C. Presidenta: Orden para atender al orador.
El C. Alfredo Reyes Contreras: -Muchas gracias, señorita presidenta por callar a los diputados de la reacción.
Además, en la ceremonia del 1o. de diciembre en este recinto de la Patria mexicana, estuvieron presentes personas que ostentan el carácter de ministros religiosos, representando a una institución que por mandato constitucional no tiene personalidad de ningún tipo; sería muy grave y sería una tremenda irresponsabilidad que el Poder Legislativo Mexicano o cualquiera de las Cámaras que lo integran hubiera girado invitación a cualquiera a esas personas: los señores Guillermo Shulemburg, Gerónimo Prigioni, Adolfo Suárez Rivera, Ernesto Corripio Ahumada, Juan Jesús Posadas Ocampo y Manuel Pérez Gil, cuyos nombres menciono para que consten en el Diario de los Debates también como violadores de la Constitución y de las leyes mexicanas.
Los ministros de los cultos en México no tienen derechos políticos, así lo establece la Constitución, no tiene ni voto activo ni pasivo, ni derecho para asociarse con fines políticos.
¿Qué, también este mandato lo ignoran los que invitaron a los ministros de cultos a un acto oficial de Estado cuando en México no existe separación existe separación del Estado y la Iglesia, sino la inexistencia de ésta?
El C. Américo Ramírez Rodríguez (desde su curul): - Señora presidenta: ¿Aceptaría el orador una interpelación?
La C. Presidenta: - Un momento, señor diputado Alfredo Reyes Contreras, ¿acepta usted la interpelación del ciudadano diputado Américo Ramírez Rodríguez?
El C. Alfredo Reyes Contreras: - si quiere, que suba a la tribuna y que responda.
La C. Presidenta: -No la acepta, señor diputado.
El C. Alfredo Reyes Contreras: -¿Cómo es posible que se haya consentido la violación a la Ley de Cultos al permitir la entrada a este recinto parlamentario a unos individuos con ropas talares que los identifica como ministros de un culto?
¿Quienes son en realidad los nostálgicos que miran al pasado, que quieren volver a él, restableciendo fueros y privilegios, si no los que añoran el poder material, aquellos que gobernaron con intolerancia y con una gran inmoralidad en el siglo pasado?
¿Quienes, señoras y señores diputados, quiénes con espíritu de revancha, pretenden ahora nuevos enfrentamientos entre los mexicanos por una cuestión que el pueblo resolvió a un alto costo de vidas?
Si se abren las heridas que ocasionó la intolerancia del clero, heridas ya cerradas, ahora por la pretensión de recuperar fueros y privilegios, sería única y exclusiva responsabilidad del gobierno, que olvidándose de la historia vuelve a abrir un capítulo ya cerrado y resuelto plenamente.
Aquí, en esta Patria nuestra, cada mexicano puede tener la creencia religiosa que más le convenga, o no tener ninguna. Este derecho lo garantiza la propia Constitución y es un derecho plenamente vigente. En este país nuestro no hay problema religioso y si en el pasado lo hubo, fue porque lo creó el clero, que nunca ha cejado en su empeño de querer conducir los destinos de los mexicanos. Cuando en el siglo pasado se nacionalizaron los bienes del clero, cuando se expidieron las Leyes de Reforma, estableciendo la separación Estado Iglesia, cuando la Constitución de 1917 estableció en su texto la inexistencia de la Iglesia, el clero presentó esas medidas como antirreligiosas, trató de confundir al pueblo y en esos tres casos, hizo criminales alianzas contra la nación mexicana. No dudó nunca en derramar la sangre de los mexicanos para mantener fueros y privilegios, y no dudó en hacerlo para recuperarlos.
La modernización del Estado, señoras y señores diputados, no puede tener como base el olvido de nuestra historia, no puede tener como cimiento la violación del orden constitucional. Es respetable la creencia religiosa que cada mexicano tenga, incluyendo la que tenga el propio Presidente de la República.
El Partido Socialista, desde esta elevada tribuna, expresa su más absoluto respeto a quienes creen desde el punto de vista religioso y a quienes no creen, pero otra cosa distinta es la de permitir que una institución ajena a los intereses de la nación y del pueblo, intervenga en la vida política de la nación.
El Presidente de la República, todos los funcionarios del gobierno, deberán poner por encima de su inclinación clerical su más escrupuloso respeto a la historia nacional; deben tener presente la conducta y firmeza, el patriotismo que presidió siempre la conducta de Benito Juárez, que tanta comezón le causa a los reaccionarios.(Aplausos.)
El Partido Popular Socialista llama a todos los diputados del campo democrático presentes en esta Cámara, a los que todavía se encuentran dentro del Partido Revolucionario Institucional, a mantenerse alertas porque se inicia en México, desde las altas esferas del gobierno, una grosera agresión contra las normas fundamentales del país, que surgieron de la Revolución, que se mantienen vigentes y que presidirán la vida de los mexicanos.
Desde esta tribuna el Partido Popular Socialista expresa su más enérgico rechazo a quienes, por tener el poder en sus manos, promueven o consienten que se violente el orden constitucional.
Que no piensen los gobernantes de este país, que el pueblo mexicano carece de memoria histórica; que no piensen, que no olviden que este pueblo, forjador de una hermosa historia -por encima y en contra de los enemigos internos y externos- no se dejará sojuzgar más; que recuerden los gobernantes que el espíritu y el mandato de Benito Juárez sigue vigente, y que los emisarios del pasado, los retardatarios y contrarrevolucionarios, no echen las campanas al vuelo porque, como el pasado, el pueblo mexicano los volverá a derrotar.
Honorable asamblea:
Por las consideraciones expuestas, la fracción parlamentaria del Partido Popular Socialista, solicita a la presidencia de esta Cámara ordene una investigación a fondo sobre los hechos aquí denunciados para saber: primero, ¿quién o quiénes tienen la responsabilidad de haber invitado a los ministros de cultos que estuvieron presentes en el recinto parlamentario el pasado primero de diciembre?
Segundo, que se demande a las autoridades competentes la aplicación de las sanciones a que se han hecho acreedores quienes violaron la Constitución y la Ley de Cultos.
Firman por la fracción del Partido Socialista, los diputados Alfredo Reyes Contreras y Jesús Luján Gutiérrez. Muchas gracias.
La C. Presidenta: -Se turna esta petición de investigación del Partido Popular Socialista a la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales. (Versión estenográfica)
domingo, 22 de enero de 2012
sábado, 21 de enero de 2012
LA “BANDA TIMBIRICHE” INCORPORA A UN GACHUPÍN A GOBERNACIÓN
El 18 de enero de 2008 se publicó este artículo en la prensa local, cuando los medios nacionales daban la noticia del cambio en la Secretaría de Gobernación, asumiendo su titularidad Juan Camilo Mouriño. Es bueno recordarlo porque muestra exactamente de qué están hechos los panistas.
Gachupín amo en hacienda,
siempre es causa de contienda.
Refrán popular
Ya es muy sabido que al equipo cercano de Felipe Calderón se le conoce como la “Banda Timbiriche”, porque se trata de un club de amigos que juegan y le hacen al abusado en la política nacional, un grupo inexperto que ve el poder más como negocio que como un instrumento para gobernar, sin hablar siquiera que gobiernen considerando los intereses populares y los de la nación.
Colocar a los cuates en puestos clave de la administración pública federal, es un ejercicio recurrente de Calderón para agradar y servir a las fuerzas económicas que lo instalaron –violentando la voluntad popular- en la silla presidencial.
El último caso es el del gallego, nacido en Madrid, Juan Camilo Mouriño, ligado estrechamente a los negocios de su padre -algunos de ellos turbios como se sabe desde hace tiempo- colocado en la Secretaría de Gobernación, para profundizar las medidas económicas y políticas que nos han situado en zona de desastre.
Lo más preocupante no es si Mouriño tiene o no madre mexicana, aunque hay quines no lo creen, porque del padre gallego no hay duda, ni de los fuertes vínculos que mantiene con su tierra española, sino la encomienda que ha recibido directamente de Calderón: coordinar a todas las fuerzas que pretenden entregar el petróleo mexicano a las compañías extranjeras, es decir, desnacionalizar el petróleo. También desnacionalizar la industria eléctrica y arrasar con los derechos laborales de los mexicanos. Él lo ha dicho claramente al instalarse en Bucareli. Para eso ni mandado a hacer “el gachupín” como le dicen en el ambiente político. Y claro que The Washington Post tiene toda la razón al sostener que Mouriño llega a gobernación para allanar el camino a las reformas estructurales (sic) que faltan, que son las señaladas en este párrafo, en una actitud de traición a los intereses de la Nación Mexicana a la que, evidentemente, por su origen madrileño, sus intereses económicos y sus afectos gallegos él no pertenece.
¿Qué le puede importar a este gallego, aunque se diga por interés “orgulloso mexicano”, que se remate Pemex y el petróleo de los mexicanos, que se privatice la electricidad o que se despoje a los trabajadores de sus derechos? ¿Qué le puede importar que el campo mexicano sea invadido por productores agrícolas de EE.UU o de Canadá? ¿Qué sabe de la Historia de México un negociante que sólo ha visto a nuestro país como un lugar donde amasó fortuna, con su familia, al instalar negocios por su cercanía al poder? ¿Tendrá alguna idea de lo que fue la lucha heroica de los mexicanos para recuperar su petróleo de manos de las compañías extranjeras?
El caso de Mouriño repite el de otros que se han dado bajo los gobiernos panistas: colocar a los negociantes en el poder para servir a los intereses de su clase, ya sin intermediarios y proyectarlos para otros menesteres, llegado el caso.
Y como quien no quiere la cosa y hasta fingiendo demencia, “el gachupín” dice que no va a gobernación para enfilarse como el posible candidato presidencial en 2012 de los reaccionarios panistas, a sabiendas de que está diciendo mentiras. Se trata, como dice el común de los mortales, de un plan con maña que, ciertamente, puede ser el inicio de la debacle del ya muy desprestigiado gobierno de Calderón.
Lo cierto es que se conjugan las fuerzas derechistas internas, que invariablemente han demostrado tener mentalidad de colonizados y las ambiciones desmedidas de gente como “el gachupín” Mouriño, porque piensan que ha llegado el momento de la reconquista, pues no han podido asimilar la derrota de la colonia española, después de tres siglos de matanzas y saqueos como pocas veces se dieron en el mundo antes de las dos guerras mundiales.
Concluir con las reformas desnacionalizadoras, porque es el mandato que recibió de sus jefes y lograr la reelección de los neoliberales en el 2012 son, evidentemente los objetivos principales de Calderón y, desde luego, del Partido Acción Nacional, que en adelante acentuará su tono españolizado para ser grato a uno de los suyos, y que les garantiza no tener que realizar el viaje hasta Europa para pedir ayuda contra los peligrosos mexicanos, como hicieron en el siglo XIX los conservadores para enfrentar al pueblo encabezado por lo liberales. Y así en medio de gravísimos problemas económicos, sociales y políticos, con el cuate de Calderón instalado cómodamente en gobernación, acaparando todos los reflectores, los panista pueden repetir la fórmula sagrada: gachupín habemus.
Gachupín amo en hacienda,
siempre es causa de contienda.
Refrán popular
Ya es muy sabido que al equipo cercano de Felipe Calderón se le conoce como la “Banda Timbiriche”, porque se trata de un club de amigos que juegan y le hacen al abusado en la política nacional, un grupo inexperto que ve el poder más como negocio que como un instrumento para gobernar, sin hablar siquiera que gobiernen considerando los intereses populares y los de la nación.
Colocar a los cuates en puestos clave de la administración pública federal, es un ejercicio recurrente de Calderón para agradar y servir a las fuerzas económicas que lo instalaron –violentando la voluntad popular- en la silla presidencial.
El último caso es el del gallego, nacido en Madrid, Juan Camilo Mouriño, ligado estrechamente a los negocios de su padre -algunos de ellos turbios como se sabe desde hace tiempo- colocado en la Secretaría de Gobernación, para profundizar las medidas económicas y políticas que nos han situado en zona de desastre.
Lo más preocupante no es si Mouriño tiene o no madre mexicana, aunque hay quines no lo creen, porque del padre gallego no hay duda, ni de los fuertes vínculos que mantiene con su tierra española, sino la encomienda que ha recibido directamente de Calderón: coordinar a todas las fuerzas que pretenden entregar el petróleo mexicano a las compañías extranjeras, es decir, desnacionalizar el petróleo. También desnacionalizar la industria eléctrica y arrasar con los derechos laborales de los mexicanos. Él lo ha dicho claramente al instalarse en Bucareli. Para eso ni mandado a hacer “el gachupín” como le dicen en el ambiente político. Y claro que The Washington Post tiene toda la razón al sostener que Mouriño llega a gobernación para allanar el camino a las reformas estructurales (sic) que faltan, que son las señaladas en este párrafo, en una actitud de traición a los intereses de la Nación Mexicana a la que, evidentemente, por su origen madrileño, sus intereses económicos y sus afectos gallegos él no pertenece.
¿Qué le puede importar a este gallego, aunque se diga por interés “orgulloso mexicano”, que se remate Pemex y el petróleo de los mexicanos, que se privatice la electricidad o que se despoje a los trabajadores de sus derechos? ¿Qué le puede importar que el campo mexicano sea invadido por productores agrícolas de EE.UU o de Canadá? ¿Qué sabe de la Historia de México un negociante que sólo ha visto a nuestro país como un lugar donde amasó fortuna, con su familia, al instalar negocios por su cercanía al poder? ¿Tendrá alguna idea de lo que fue la lucha heroica de los mexicanos para recuperar su petróleo de manos de las compañías extranjeras?
El caso de Mouriño repite el de otros que se han dado bajo los gobiernos panistas: colocar a los negociantes en el poder para servir a los intereses de su clase, ya sin intermediarios y proyectarlos para otros menesteres, llegado el caso.
Y como quien no quiere la cosa y hasta fingiendo demencia, “el gachupín” dice que no va a gobernación para enfilarse como el posible candidato presidencial en 2012 de los reaccionarios panistas, a sabiendas de que está diciendo mentiras. Se trata, como dice el común de los mortales, de un plan con maña que, ciertamente, puede ser el inicio de la debacle del ya muy desprestigiado gobierno de Calderón.
Lo cierto es que se conjugan las fuerzas derechistas internas, que invariablemente han demostrado tener mentalidad de colonizados y las ambiciones desmedidas de gente como “el gachupín” Mouriño, porque piensan que ha llegado el momento de la reconquista, pues no han podido asimilar la derrota de la colonia española, después de tres siglos de matanzas y saqueos como pocas veces se dieron en el mundo antes de las dos guerras mundiales.
Concluir con las reformas desnacionalizadoras, porque es el mandato que recibió de sus jefes y lograr la reelección de los neoliberales en el 2012 son, evidentemente los objetivos principales de Calderón y, desde luego, del Partido Acción Nacional, que en adelante acentuará su tono españolizado para ser grato a uno de los suyos, y que les garantiza no tener que realizar el viaje hasta Europa para pedir ayuda contra los peligrosos mexicanos, como hicieron en el siglo XIX los conservadores para enfrentar al pueblo encabezado por lo liberales. Y así en medio de gravísimos problemas económicos, sociales y políticos, con el cuate de Calderón instalado cómodamente en gobernación, acaparando todos los reflectores, los panista pueden repetir la fórmula sagrada: gachupín habemus.
ES NECESARIO ENJUICIAR Y CASTIGAR A CARLOS SALINAS.
La Dirección del Partido Popular Socialista de la que formé parte, cuando el dirigente nacional era el Ingeniero Jorge Cruickshank García, mantuvo un enfrentamiento permanente con Carlos Salinas de Gortari, desde que fue Secretario de Programación y Presupuesto y ya siendo titular del ejecutivo federal.
En este artículo, escrito en 1995 con el título que lo encabeza, se describen algunas de las actitudes cínicas de Salinas, ese negro personaje en la historia de México y responsable de muchos de los daños que sufre México. El repudio de que es objeto este sujeto por el pueblo le dan, históricamente, la razón a la política del PPS de entonces.
El texto de ese artículo es el siguiente:
Los últimos días se han caracterizado por un verdadero escándalo político, que tiene su origen en la conducta constitutiva de delitos de varios miembros de la familia Salinas de Gortari que incluye, desde luego, la del ex presidente.
El pueblo mexicano recuerda su decisión, expresada en las urnas en 1988, de no votar mayoritariamente por el entonces candidato presidencial del PRI, porque era bien conocida su tendencia neoliberal, sus excesivas ambiciones personales y, seguramente, sus desajustes psíquicos, que merecieron grandes espacios en los medios de comunicación escritos, como el muy comentado asesinato de la niña de 13 años que trabajaba en su casa como sirvienta, hecho ante el cual, y según las versiones de la prensa de ese tiempo, Salinas se proclamó héroe, cuando él apenas tenía 7 años de edad.
Seguramente en el partido del gobierno no recuerdan a ningún otro candidato presidencial que haya sido tan repudiado por el pueblo mexicano, como Carlos Salinas, a grado tal que en la Laguna fue agredido físicamente, y no logró superar el rencor que le produjo ese hecho, por lo que declaró, en Necaxa, Puebla, que sus amigos recibirían todo su apoyo y advirtió a sus enemigos para que se atuvieran a las consecuencias.
No tardó ni un mes, después de asumir el poder, cuando la emprendió violentamente contra el sindicato de los petroleros y se pasó todo el sexenio agrediendo, en una actitud enfermiza, al movimiento obrero y a las fuerzas progresistas del país. De manera especial inició un severo ataque contra los postulados avanzados de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En el acto mismo de la protesta, Carlos Salinas violó la Constitución nacional al tener como invitado al clero católico, como representante de la Iglesia, cuando la norma constitucional no les reconocía personalidad jurídica.
Recuerdo que, siendo diputado federal, en la LIV legislatura del Congreso de la Unión, y en nombre de la fracción parlamentaria del PPS, el 6 de diciembre de 1988 denuncié a Carlos Salinas, desde la tribuna de la Cámara de Diputados, como violador de la Constitución, a la que había jurado respetar apenas hacía una semana. Y recuerdo también la conducta sumamente violenta de la diputación panista, que para entonces ya estaba muy comprometida con Salinas, y las majaderías que partían desde las curules de la reacción, cuyas diputadas se quitaron los zapatos y amenazantes los querían lanzar contra mí, como consta en una fotografía que apareció, al otro día, en La Jornada.
Durante los seis años de gobierno de Salinas, profundizó la política económica iniciada con Miguel de la Madrid, mediante el llamado cambio estructural, que en realidad era un abandono vergonzante del camino trazado por la Revolución Mexicana, a la que el propio Salinas, en uno de sus informes no tuvo empacho en calificar como un mito.
Salinas, desde la Presidencia de la República, despojó al pueblo mexicano de su patrimonio al poner en remate cientos de empresas propiedad de la nación, en cuya dirección puso a los enemigos del sector estatal de la economía y, después, las sometió a una violenta campaña de desprestigio, previa reducción de recursos para profundizar los problemas financieros que muchas de ellas tenían.
Si se investigara un poco el llamado proceso de privatización, mediante el cual se desnacionalizó una gran parte de las empresas estatales, se destaparía otra cloaca que permitiría fincar claras responsabilidades de orden penal contra el ex presidente y los funcionarios que intervinieron.
Así como están las cosas es muy probable que mucho del dinero producto de las privatizaciones se encuentre en bancos extranjeros, y que “la venta de los bienes para remediar males”, como cínicamente lo sostuvo el propio Salinas, se hayan utilizado para aumentar fortunas personales.
Hoy queda a la vista de todos los mexicanos el alto grado de corrupción no sólo del gobierno de Salinas, sino de la llamada presuntuosamente generación del cambio, verdadera banda de asaltantes, estafadores y forajidos, frente a los cuales palidecen los reaccionarios que ocuparon el gobierno en otros tiempos.
Por todo el daño que le ocasionó a la nación y al pueblo, Carlos Salinas, debe comparecer ante los tribunales judiciales para declarar lo que sabe respecto a los asesinatos o los múltiples actos de corrupción de sus familiares y protegidos, pero sobre todo para ser juzgado y castigado como un traidor a la patria. Sin embargo esto no será posible si en la Procuraduría General de la República sigue un leguleyo como Lozano Gracia, pues parece que fue puesto ahí para brindarle protección a Carlos Salinas, en recompensa de las múltiples concesiones que recibieron los panistas y la íntima relación que mantuvieron con él lo que, dicho sea una vez más, hace al PAN cómplice de todas las atrocidades cometidas durante el sexenio de Salinas.
Pero además, ya basta de circo para entretener a los mexicanos, porque en medio del escándalo, el gobierno está rematando la petroquímica, los puertos y aeropuertos, los ferrocarriles; busca privatizar el Seguro Social y otras empresas y actividades. Y esto hay que decirlo ahora, y no a toro pasado.
En este artículo, escrito en 1995 con el título que lo encabeza, se describen algunas de las actitudes cínicas de Salinas, ese negro personaje en la historia de México y responsable de muchos de los daños que sufre México. El repudio de que es objeto este sujeto por el pueblo le dan, históricamente, la razón a la política del PPS de entonces.
El texto de ese artículo es el siguiente:
Los últimos días se han caracterizado por un verdadero escándalo político, que tiene su origen en la conducta constitutiva de delitos de varios miembros de la familia Salinas de Gortari que incluye, desde luego, la del ex presidente.
El pueblo mexicano recuerda su decisión, expresada en las urnas en 1988, de no votar mayoritariamente por el entonces candidato presidencial del PRI, porque era bien conocida su tendencia neoliberal, sus excesivas ambiciones personales y, seguramente, sus desajustes psíquicos, que merecieron grandes espacios en los medios de comunicación escritos, como el muy comentado asesinato de la niña de 13 años que trabajaba en su casa como sirvienta, hecho ante el cual, y según las versiones de la prensa de ese tiempo, Salinas se proclamó héroe, cuando él apenas tenía 7 años de edad.
Seguramente en el partido del gobierno no recuerdan a ningún otro candidato presidencial que haya sido tan repudiado por el pueblo mexicano, como Carlos Salinas, a grado tal que en la Laguna fue agredido físicamente, y no logró superar el rencor que le produjo ese hecho, por lo que declaró, en Necaxa, Puebla, que sus amigos recibirían todo su apoyo y advirtió a sus enemigos para que se atuvieran a las consecuencias.
No tardó ni un mes, después de asumir el poder, cuando la emprendió violentamente contra el sindicato de los petroleros y se pasó todo el sexenio agrediendo, en una actitud enfermiza, al movimiento obrero y a las fuerzas progresistas del país. De manera especial inició un severo ataque contra los postulados avanzados de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En el acto mismo de la protesta, Carlos Salinas violó la Constitución nacional al tener como invitado al clero católico, como representante de la Iglesia, cuando la norma constitucional no les reconocía personalidad jurídica.
Recuerdo que, siendo diputado federal, en la LIV legislatura del Congreso de la Unión, y en nombre de la fracción parlamentaria del PPS, el 6 de diciembre de 1988 denuncié a Carlos Salinas, desde la tribuna de la Cámara de Diputados, como violador de la Constitución, a la que había jurado respetar apenas hacía una semana. Y recuerdo también la conducta sumamente violenta de la diputación panista, que para entonces ya estaba muy comprometida con Salinas, y las majaderías que partían desde las curules de la reacción, cuyas diputadas se quitaron los zapatos y amenazantes los querían lanzar contra mí, como consta en una fotografía que apareció, al otro día, en La Jornada.
Durante los seis años de gobierno de Salinas, profundizó la política económica iniciada con Miguel de la Madrid, mediante el llamado cambio estructural, que en realidad era un abandono vergonzante del camino trazado por la Revolución Mexicana, a la que el propio Salinas, en uno de sus informes no tuvo empacho en calificar como un mito.
Salinas, desde la Presidencia de la República, despojó al pueblo mexicano de su patrimonio al poner en remate cientos de empresas propiedad de la nación, en cuya dirección puso a los enemigos del sector estatal de la economía y, después, las sometió a una violenta campaña de desprestigio, previa reducción de recursos para profundizar los problemas financieros que muchas de ellas tenían.
Si se investigara un poco el llamado proceso de privatización, mediante el cual se desnacionalizó una gran parte de las empresas estatales, se destaparía otra cloaca que permitiría fincar claras responsabilidades de orden penal contra el ex presidente y los funcionarios que intervinieron.
Así como están las cosas es muy probable que mucho del dinero producto de las privatizaciones se encuentre en bancos extranjeros, y que “la venta de los bienes para remediar males”, como cínicamente lo sostuvo el propio Salinas, se hayan utilizado para aumentar fortunas personales.
Hoy queda a la vista de todos los mexicanos el alto grado de corrupción no sólo del gobierno de Salinas, sino de la llamada presuntuosamente generación del cambio, verdadera banda de asaltantes, estafadores y forajidos, frente a los cuales palidecen los reaccionarios que ocuparon el gobierno en otros tiempos.
Por todo el daño que le ocasionó a la nación y al pueblo, Carlos Salinas, debe comparecer ante los tribunales judiciales para declarar lo que sabe respecto a los asesinatos o los múltiples actos de corrupción de sus familiares y protegidos, pero sobre todo para ser juzgado y castigado como un traidor a la patria. Sin embargo esto no será posible si en la Procuraduría General de la República sigue un leguleyo como Lozano Gracia, pues parece que fue puesto ahí para brindarle protección a Carlos Salinas, en recompensa de las múltiples concesiones que recibieron los panistas y la íntima relación que mantuvieron con él lo que, dicho sea una vez más, hace al PAN cómplice de todas las atrocidades cometidas durante el sexenio de Salinas.
Pero además, ya basta de circo para entretener a los mexicanos, porque en medio del escándalo, el gobierno está rematando la petroquímica, los puertos y aeropuertos, los ferrocarriles; busca privatizar el Seguro Social y otras empresas y actividades. Y esto hay que decirlo ahora, y no a toro pasado.
viernes, 20 de enero de 2012
LA DEPENDENCIA ECONÓMICA DE MÉXICO, UN PELIGRO
Desde hace tiempo las fuerzas progresistas del país han demandado que se diversifiquen las relaciones económicas de México con el resto del mundo, porque la dependencia que la economía mexicana tiene respecto a la norteamericana constituye un peligro para nuestro desarrollo soberano.
Esa demanda no fue escuchada. Al contrario, la política económica aplicada en el último cuarto de siglo por los neoliberales profundizaron esa dependencia, y el capital yanqui ocupa hoy posiciones estratégicas de la economía nacional. Es más, con un alto grado de irresponsabilidad los peones que aquí tiene el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el capital extranjero afirmaron que en la época de la globalización, lo mejor para países como el nuestro es abrir, de par en par, sus fronteras para recibir las “carretilladas” de dólares de la inversión extranjera directa. Y no sólo lo dijeron, sino que pusieron manos a la obra y, entre otras cosas, firmaron con Canadá y Estados Unidos de Norteamérica el Tratado de Libre Comercio.
La inmensa mayoría de economistas mexicanos que no comparten o que de plano rechazan el neoliberalismo han señalado, una y otra vez, las funestas consecuencias que esa política ha tenido en la economía mexicana y para nuestro pueblo.
Ha crecido peligrosamente la dependencia económica de México. Conservadoramente se calcula que el 90% de las exportaciones manufactureras mexicanas van a EE.UU. México importa de allá el 60% de los alimentos que consumen los mexicanos. Capitales y empresas extranjeras ejercen un fuerte dominio en el mercado bancario mexicano.
Con la entrega del sistema bancario al capital extranjero, México perdió la capacidad para administrar el dinero, que como afirman algunos estudiosos del tema, “está en el centro de todo el proceso económico”. Ahora las decisiones, en esa materia, se toman en Nueva York, en Madrid, en Canadá o en Honk Kong.
A capitales norteamericanos regresaron parte de los ferrocarriles, que la Revolución Mexicana rescató para nuestra nación. Ya tienen inversión considerable en la generación y venta de electricidad. Es una empresa yanqui, metida en líos internacionales, la que ha recibido un trato privilegiado por los gobiernos panistas en materia de exploración petrolera.
Además, capitales norteamericanos tienen presencia dominante en la industria automotriz y de autopartes, en comercio, construcción, seguros, electrónica, minería, telecomunicaciones, industria textil, industria farmacéutica, hotelería, informática, etc. etc.
Los efectos sociales están a la vista de todos : el aumento de los mexicanos que viven en la miseria; el crecimiento, jamás visto, del número de compatriotas que son materialmente expulsados de la ciudad y del campo y que se van a territorio norteamericano en busca de trabajo; la pérdida de la soberanía alimentaria que obliga a comprar en EE:UU aproximadamente el 25 % del maíz y más del 30 % de la carne que se consumen en México; la desnutrición que afecta a millones de nuestros compatriotas; la crisis recurrente del campo mexicano; el desempleo masivo y el crecimiento del número de mexicanos dedicados al mal llamado comercio informal; el crecimiento alarmante del crimen organizado, de manera particular el narcotráfico.
Se mantiene el círculo vicioso de vender materias primas baratas y comprar productos caros del extranjero, principalmente de Estados Unidos. Y ya ni hablar del incremento de la deuda externa y otras cosas que por ser tan cotidianas no advertimos como efectos de la dependencia económica.
En su inconciencia, o más bien en su clara conciencia neoliberal, los de aquí y los de allá, los del PAN y los del PRI, pregonaron a los cuatro vientos que el imperialismo ya había desaparecido, que nuevos rasgos económicos caracterizaban la economía global, que ahora la interdependencia económica lo abarcaba todo. Pero la realidad es la realidad: el dominio brutal que ejerce la economía yanqui sobre la mexicana es un rasgo del imperialismo, entendido como un fenómeno económico que se proyecta al campo político.
Finalmente, este breve recuento de la dependencia económica mexicana, que no agota todas sus manifestaciones, nos indica –y para ello no es necesario ser economista o experto en comercio internacional- que cualquier problema que se presente en la economía norteamericana tiene efectos multiplicadores aquí. La recesión o desaceleración económica en ese país del norte nos causan severos daños.
Ahora ya no es una bandera sólo de los sectores progresistas del país la urgente necesidad de diversificar nuestras relaciones económicas con todo el mundo, sino una medida de sobrevivencia como nación independiente. A ese grado nos ha conducido el neoliberalismo.
Esa demanda no fue escuchada. Al contrario, la política económica aplicada en el último cuarto de siglo por los neoliberales profundizaron esa dependencia, y el capital yanqui ocupa hoy posiciones estratégicas de la economía nacional. Es más, con un alto grado de irresponsabilidad los peones que aquí tiene el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el capital extranjero afirmaron que en la época de la globalización, lo mejor para países como el nuestro es abrir, de par en par, sus fronteras para recibir las “carretilladas” de dólares de la inversión extranjera directa. Y no sólo lo dijeron, sino que pusieron manos a la obra y, entre otras cosas, firmaron con Canadá y Estados Unidos de Norteamérica el Tratado de Libre Comercio.
La inmensa mayoría de economistas mexicanos que no comparten o que de plano rechazan el neoliberalismo han señalado, una y otra vez, las funestas consecuencias que esa política ha tenido en la economía mexicana y para nuestro pueblo.
Ha crecido peligrosamente la dependencia económica de México. Conservadoramente se calcula que el 90% de las exportaciones manufactureras mexicanas van a EE.UU. México importa de allá el 60% de los alimentos que consumen los mexicanos. Capitales y empresas extranjeras ejercen un fuerte dominio en el mercado bancario mexicano.
Con la entrega del sistema bancario al capital extranjero, México perdió la capacidad para administrar el dinero, que como afirman algunos estudiosos del tema, “está en el centro de todo el proceso económico”. Ahora las decisiones, en esa materia, se toman en Nueva York, en Madrid, en Canadá o en Honk Kong.
A capitales norteamericanos regresaron parte de los ferrocarriles, que la Revolución Mexicana rescató para nuestra nación. Ya tienen inversión considerable en la generación y venta de electricidad. Es una empresa yanqui, metida en líos internacionales, la que ha recibido un trato privilegiado por los gobiernos panistas en materia de exploración petrolera.
Además, capitales norteamericanos tienen presencia dominante en la industria automotriz y de autopartes, en comercio, construcción, seguros, electrónica, minería, telecomunicaciones, industria textil, industria farmacéutica, hotelería, informática, etc. etc.
Los efectos sociales están a la vista de todos : el aumento de los mexicanos que viven en la miseria; el crecimiento, jamás visto, del número de compatriotas que son materialmente expulsados de la ciudad y del campo y que se van a territorio norteamericano en busca de trabajo; la pérdida de la soberanía alimentaria que obliga a comprar en EE:UU aproximadamente el 25 % del maíz y más del 30 % de la carne que se consumen en México; la desnutrición que afecta a millones de nuestros compatriotas; la crisis recurrente del campo mexicano; el desempleo masivo y el crecimiento del número de mexicanos dedicados al mal llamado comercio informal; el crecimiento alarmante del crimen organizado, de manera particular el narcotráfico.
Se mantiene el círculo vicioso de vender materias primas baratas y comprar productos caros del extranjero, principalmente de Estados Unidos. Y ya ni hablar del incremento de la deuda externa y otras cosas que por ser tan cotidianas no advertimos como efectos de la dependencia económica.
En su inconciencia, o más bien en su clara conciencia neoliberal, los de aquí y los de allá, los del PAN y los del PRI, pregonaron a los cuatro vientos que el imperialismo ya había desaparecido, que nuevos rasgos económicos caracterizaban la economía global, que ahora la interdependencia económica lo abarcaba todo. Pero la realidad es la realidad: el dominio brutal que ejerce la economía yanqui sobre la mexicana es un rasgo del imperialismo, entendido como un fenómeno económico que se proyecta al campo político.
Finalmente, este breve recuento de la dependencia económica mexicana, que no agota todas sus manifestaciones, nos indica –y para ello no es necesario ser economista o experto en comercio internacional- que cualquier problema que se presente en la economía norteamericana tiene efectos multiplicadores aquí. La recesión o desaceleración económica en ese país del norte nos causan severos daños.
Ahora ya no es una bandera sólo de los sectores progresistas del país la urgente necesidad de diversificar nuestras relaciones económicas con todo el mundo, sino una medida de sobrevivencia como nación independiente. A ese grado nos ha conducido el neoliberalismo.
UNA CATÁSTROFE ANUNCIADA
La crisis económica mundial está profundizando la crisis de la economía nacional, pero hay elementos estructurales que la han provocado desde hace varios años y no se localizan en el tsunami económico que detonó en los Estados Unidos.
Está dicho y repetido que el modelo neoliberal, impuesto por el llamado Consenso de Washington, y aplicado por los gobiernos de ese tipo, en México, a partir de 1982, provocaron la quiebra de la economía mexicana, el desempleo persistente, la desigualdad social a niveles antes no conocidos, el aumento inusitado del la pobreza, la aparición desastrosa de la delincuencia organizada, el incremento de la corrupción, el despojo del patrimonio nacional, bajo el señuelo de la democratización del capital, y la consecuente privatización de las empresas estatales o de participación estatal, el surgimiento de multimillonarios que empezaron a aparecer en la revista Forbes.
El dinero público se canalizó a financiar los grandes negocios privados que se dedicaron a especular y a quebrar las empresas obtenidas a precio de ganga, para ser rescatados nuevamente. El Fobaproa fue la expresión más cruda de esta política antipopular, que benefició a los grandes tiburones de los negocios y empobreció al pueblo. Con gran cinismo Zedillo presentó esa ominosa medida como la más cuantiosa en la historia mundial, muy por arriba del rescate que aplicó Obama en Norteamérica, y Calderón de mala fe, por ignorancia o por inconciente demandó que en el mundo se apliquen varios fobaproas en estos tiempos de crisis global.
Todos los problemas económicos se han acentuado bajo los gobiernos panistas, que se comprometieron a privatizar lo que quedaba del menguado patrimonio de los mexicanos, sobre todo el petróleo y la electricidad. Ante el repudio popular insisten, en medio de la crisis, en sus pretendidas reformas estructurales, es decir, en privatizar lo último que queda para entregarlo al capital extranjero.
La tesis central del neoliberalismo impuesto, es que el Estado era obeso, había que disminuirlo y dejar que las salvajes leyes del mercado condujeran, sin limitaciones de ningún tipo, toda la economía. Nosotros hemos experimentado sus efectos catastróficos en el ámbito económico, social y político, como los han sufrido el resto de los países sometidos a la economía de los países capitalistas dominantes.
Los graves problemas padecidos por los países pobres tuvieron que presentarse en la economía más poderosa de la Tierra, para que se entendiera que el modelo neoliberal se encontraba en quiebra. Y así, ante el asombro de los fundamentalistas del mercado, de los neoliberales irredentos, en pleno centro del capitalismo mundial, se anuncio la intervención del Estado, pero para rescatar a los delincuentes y no para cambiar el modelo.
La intervención del Estado en la economía vuelve a renacer con más fuerza porque fracasó el mercado para regular el crecimiento económico y evitar la especulación, a tal grado que Obama ha intentado señalar el límite máximo de ingresos de los dirigentes de las grandes empresas beneficiadas con recursos públicos. Y en Estados Unidos llegó un momento en que sectores sociales de ese país llegaron a pensar que la filosofía de la no intervención del Estado en la economía estaba muriendo.
Hay que insistir: quien invoque, en este momento, las sacrosantas leyes del mercado como condición para promover el desarrollo económico, después del estrepitoso fracaso a nivel nacional y mundial, quizá haya perdido el juicio. Nadie se atrevería a invocar el libre comercio, el libre flujo de los capitales frente a la dimensión jamás vista de la crisis capitalista. Sería un locura oponerse o negar la intervención del Estado, pero no para salvar a los que provocaron la crisis, que al mismo tiempo son los beneficiarios, sino para establecer un nuevo modelo de desarrollo económico.
Pretender, como lo hace Calderón, en las llamadas reformas estructurales, que contemplan la privatización del petróleo, de la electricidad, de los servicios sociales, de seguir poniendo los recursos públicos para que los especuladores sigan amasando fortunas, a costa de la desgracia popular, de acabar con las conquistas de la clase trabajadora significa una irresponsabilidad.
Aquí, en nuestro país, el gobierno panista pretende curarse en salud y justificar su inexperiencia, ineptitud e incapacidad para enfrentar dicho fenómeno, afirmando que la crisis se generó fuera, ocultando que el terreno estaba abonado por el propio modelo neoliberal para que se propagara como lo ha hecho, adquiriendo la dimensión que ya alcanzó y que tendrá en el futuro inmediato, como frecuentemente lo están repitiendo ahora en varias partes del mundo.
Está dicho y repetido que el modelo neoliberal, impuesto por el llamado Consenso de Washington, y aplicado por los gobiernos de ese tipo, en México, a partir de 1982, provocaron la quiebra de la economía mexicana, el desempleo persistente, la desigualdad social a niveles antes no conocidos, el aumento inusitado del la pobreza, la aparición desastrosa de la delincuencia organizada, el incremento de la corrupción, el despojo del patrimonio nacional, bajo el señuelo de la democratización del capital, y la consecuente privatización de las empresas estatales o de participación estatal, el surgimiento de multimillonarios que empezaron a aparecer en la revista Forbes.
El dinero público se canalizó a financiar los grandes negocios privados que se dedicaron a especular y a quebrar las empresas obtenidas a precio de ganga, para ser rescatados nuevamente. El Fobaproa fue la expresión más cruda de esta política antipopular, que benefició a los grandes tiburones de los negocios y empobreció al pueblo. Con gran cinismo Zedillo presentó esa ominosa medida como la más cuantiosa en la historia mundial, muy por arriba del rescate que aplicó Obama en Norteamérica, y Calderón de mala fe, por ignorancia o por inconciente demandó que en el mundo se apliquen varios fobaproas en estos tiempos de crisis global.
Todos los problemas económicos se han acentuado bajo los gobiernos panistas, que se comprometieron a privatizar lo que quedaba del menguado patrimonio de los mexicanos, sobre todo el petróleo y la electricidad. Ante el repudio popular insisten, en medio de la crisis, en sus pretendidas reformas estructurales, es decir, en privatizar lo último que queda para entregarlo al capital extranjero.
La tesis central del neoliberalismo impuesto, es que el Estado era obeso, había que disminuirlo y dejar que las salvajes leyes del mercado condujeran, sin limitaciones de ningún tipo, toda la economía. Nosotros hemos experimentado sus efectos catastróficos en el ámbito económico, social y político, como los han sufrido el resto de los países sometidos a la economía de los países capitalistas dominantes.
Los graves problemas padecidos por los países pobres tuvieron que presentarse en la economía más poderosa de la Tierra, para que se entendiera que el modelo neoliberal se encontraba en quiebra. Y así, ante el asombro de los fundamentalistas del mercado, de los neoliberales irredentos, en pleno centro del capitalismo mundial, se anuncio la intervención del Estado, pero para rescatar a los delincuentes y no para cambiar el modelo.
La intervención del Estado en la economía vuelve a renacer con más fuerza porque fracasó el mercado para regular el crecimiento económico y evitar la especulación, a tal grado que Obama ha intentado señalar el límite máximo de ingresos de los dirigentes de las grandes empresas beneficiadas con recursos públicos. Y en Estados Unidos llegó un momento en que sectores sociales de ese país llegaron a pensar que la filosofía de la no intervención del Estado en la economía estaba muriendo.
Hay que insistir: quien invoque, en este momento, las sacrosantas leyes del mercado como condición para promover el desarrollo económico, después del estrepitoso fracaso a nivel nacional y mundial, quizá haya perdido el juicio. Nadie se atrevería a invocar el libre comercio, el libre flujo de los capitales frente a la dimensión jamás vista de la crisis capitalista. Sería un locura oponerse o negar la intervención del Estado, pero no para salvar a los que provocaron la crisis, que al mismo tiempo son los beneficiarios, sino para establecer un nuevo modelo de desarrollo económico.
Pretender, como lo hace Calderón, en las llamadas reformas estructurales, que contemplan la privatización del petróleo, de la electricidad, de los servicios sociales, de seguir poniendo los recursos públicos para que los especuladores sigan amasando fortunas, a costa de la desgracia popular, de acabar con las conquistas de la clase trabajadora significa una irresponsabilidad.
Aquí, en nuestro país, el gobierno panista pretende curarse en salud y justificar su inexperiencia, ineptitud e incapacidad para enfrentar dicho fenómeno, afirmando que la crisis se generó fuera, ocultando que el terreno estaba abonado por el propio modelo neoliberal para que se propagara como lo ha hecho, adquiriendo la dimensión que ya alcanzó y que tendrá en el futuro inmediato, como frecuentemente lo están repitiendo ahora en varias partes del mundo.
¡Y DALE CON LAS REFORMAS ESTRUCTURALES!
A pesar de los desastres sociales provocados, en muchos países del mundo y no sólo en México, por la aplicación de las políticas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, esas instituciones financieras y los neoliberales criollos insisten en continuar con las llamadas reformas estructurales, que no son otra cosa que privatizaciones simple y llanamente.
Ya la amarga experiencia sufrida por nuestros pueblos nos dice que las reformas estructurales han significado el despojo de la riqueza pública, para entregarla en bandeja de plata a los grupos minoritarios, que mantienen una relación estrecha con los gobernantes, lo que les permite gobernar desde la sombra del poder.
Quienes insisten en llevar a cabo las reformas estructurales saben su cuento, pero el pueblo tiene que advertir el daño severo que esa política ha causado. Una simple enumeración de todo lo que ha provocado el estado neoliberal, nos impone la obligación de estar alertas y combatir, con firmeza, esas reformas que buscan hundir al país.
Se ha dicho con razón que México, y los países que viven bajo el neoliberalismo, sufren un proceso neocolonial de ocupación que ha degradado la política y ha cancelado la democracia. Se trata de un modelo que violenta permanentemente los derechos humanos, establece como norma la impunidad y acelera a niveles jamás conocidos la corrupción de los gobernantes. Los datos y la información que aparecen todos los días sobre los gobiernos de Fox y Calderón, y los inmediatos anteriores, confirman esta aseveración.
Ha sido el neoliberalismo el que ha degradado las instituciones políticas y sociales que surgieron en México como fruto de la Revolución Mexicana. Esas instituciones hoy se encuentran en una crisis profunda, particularmente la institución de la presidencia de la República que se ha puesto al servicio incondicional de la minoría adinerada.
Los neoliberales mexicanos, desde Miguel de la Madrid hasta Calderón son los responsables ante la historia y ante el pueblo de permitir el saqueo de la riqueza nacional, de permitir el proceso de neocolonización, proceso que empieza fuera del país y que termina fuera de él, porque ahora la política económica de México se decide en el extranjero. No sólo se ha cedido soberanía, sino que se ha perdido peligrosamente parte de ella.
Se trata de esa política que tiene abandonado al campo mexicano, al que ha degradado; que aplica una política monetaria grata y favorable a las instituciones financieras del imperialismo norteamericano; que está privatizando, mediante procedimientos violatorios de la ley, el petróleo y la electricidad; que malbarató, en beneficio de unos pocos, las empresas estatales y transfirió a los particulares gran parte de la riqueza nacional a pretexto de democratizar el capital; que empobreció al pueblo mexicano y a su clase trabajadora, estableciendo los salarios más bajos del mundo, también con el pretexto de convertir a México en una potencia exportadora, y manteniendo salarios bajos, que hacen imposible la subsistencia de la inmensa mayoría de la clase trabajadora. Esa política neoliberal ha despojado a los trabajadores del 70% de su poder adquisitvo en los últimos años.
Es la política que expulsa materialmente a millones de mexicanos del campo y de la ciudad, que desintegra familias y que manda a la muerte a cientos de jóvenes mexicanos. Es el modelo que tiene como filosofía el más grosero individualismo; que ha mercantilizado la educación y que pretende por todos los medios privatizar, para beneficio de los intereses minoritarios, los servicios médicos y otros servicios sociales.
Han sido los neoliberales los responsables directos de la aparición y el crecimiento del crimen organizado, en distintos niveles, y muchos de los funcionarios gubernamentales están involucrados directamente en las mafias criminales, y utilizan el poder para agredir a la sociedad mexicana y a quienes legítimamente luchan por los intereses populares.
El sistema político mexicano, hasta donde lo han llevado los neoliberales, ya no sirve al nuestro pueblo para conseguir sus objetivos de democracia, desarrollo social y justicia. Muchos sectores populares lo han advertido, se están organizando, porque saben perfectamente que de continuar por el camino impuesto por el neoliberalismo todos los problemas se agudizarán y otros aspectos de la vida de los mexicanos que, por hoy no son un problema, pronto lo serán.
Por lo tanto la lucha para impedir que la mafia neoliberal remate lo que queda del patrimonio nacional se convierte en una necesidad vital.
Ya la amarga experiencia sufrida por nuestros pueblos nos dice que las reformas estructurales han significado el despojo de la riqueza pública, para entregarla en bandeja de plata a los grupos minoritarios, que mantienen una relación estrecha con los gobernantes, lo que les permite gobernar desde la sombra del poder.
Quienes insisten en llevar a cabo las reformas estructurales saben su cuento, pero el pueblo tiene que advertir el daño severo que esa política ha causado. Una simple enumeración de todo lo que ha provocado el estado neoliberal, nos impone la obligación de estar alertas y combatir, con firmeza, esas reformas que buscan hundir al país.
Se ha dicho con razón que México, y los países que viven bajo el neoliberalismo, sufren un proceso neocolonial de ocupación que ha degradado la política y ha cancelado la democracia. Se trata de un modelo que violenta permanentemente los derechos humanos, establece como norma la impunidad y acelera a niveles jamás conocidos la corrupción de los gobernantes. Los datos y la información que aparecen todos los días sobre los gobiernos de Fox y Calderón, y los inmediatos anteriores, confirman esta aseveración.
Ha sido el neoliberalismo el que ha degradado las instituciones políticas y sociales que surgieron en México como fruto de la Revolución Mexicana. Esas instituciones hoy se encuentran en una crisis profunda, particularmente la institución de la presidencia de la República que se ha puesto al servicio incondicional de la minoría adinerada.
Los neoliberales mexicanos, desde Miguel de la Madrid hasta Calderón son los responsables ante la historia y ante el pueblo de permitir el saqueo de la riqueza nacional, de permitir el proceso de neocolonización, proceso que empieza fuera del país y que termina fuera de él, porque ahora la política económica de México se decide en el extranjero. No sólo se ha cedido soberanía, sino que se ha perdido peligrosamente parte de ella.
Se trata de esa política que tiene abandonado al campo mexicano, al que ha degradado; que aplica una política monetaria grata y favorable a las instituciones financieras del imperialismo norteamericano; que está privatizando, mediante procedimientos violatorios de la ley, el petróleo y la electricidad; que malbarató, en beneficio de unos pocos, las empresas estatales y transfirió a los particulares gran parte de la riqueza nacional a pretexto de democratizar el capital; que empobreció al pueblo mexicano y a su clase trabajadora, estableciendo los salarios más bajos del mundo, también con el pretexto de convertir a México en una potencia exportadora, y manteniendo salarios bajos, que hacen imposible la subsistencia de la inmensa mayoría de la clase trabajadora. Esa política neoliberal ha despojado a los trabajadores del 70% de su poder adquisitvo en los últimos años.
Es la política que expulsa materialmente a millones de mexicanos del campo y de la ciudad, que desintegra familias y que manda a la muerte a cientos de jóvenes mexicanos. Es el modelo que tiene como filosofía el más grosero individualismo; que ha mercantilizado la educación y que pretende por todos los medios privatizar, para beneficio de los intereses minoritarios, los servicios médicos y otros servicios sociales.
Han sido los neoliberales los responsables directos de la aparición y el crecimiento del crimen organizado, en distintos niveles, y muchos de los funcionarios gubernamentales están involucrados directamente en las mafias criminales, y utilizan el poder para agredir a la sociedad mexicana y a quienes legítimamente luchan por los intereses populares.
El sistema político mexicano, hasta donde lo han llevado los neoliberales, ya no sirve al nuestro pueblo para conseguir sus objetivos de democracia, desarrollo social y justicia. Muchos sectores populares lo han advertido, se están organizando, porque saben perfectamente que de continuar por el camino impuesto por el neoliberalismo todos los problemas se agudizarán y otros aspectos de la vida de los mexicanos que, por hoy no son un problema, pronto lo serán.
Por lo tanto la lucha para impedir que la mafia neoliberal remate lo que queda del patrimonio nacional se convierte en una necesidad vital.
LA INTOLERANCIA CLERICAL EN PLENO SIGLO XXI
Este artículo lo escribí cuando se legalizó el aborto en el Distrito federal, decisión que provocó la ira clerical y revivió la intolerancia que lo caracteriza.
Parece increíble que en el siglo XXI, después que la ciencia y la tecnología han posado al hombre en la superficie de la Luna y están cerca de colocarlo en Marte; después de los portentosos cambios científicos revolucionarios en casi todas las esferas de la actividad humana que lo alejan, cada vez más, de la ignorancia y la incertidumbre, salgan algunos representantes de las ideas más atrasadas, invocadas allá por el siglo XVI, y desde el púlpito pretendan el castigo de quienes no piensan como ellos y, lo peor, los amenacen con el fuego eterno. ¡Verdaderamente increíble!
A pretexto de una nueva legislación que despenaliza el aborto en el Distrito Federal, el clero se ha embarcado en otra cruzada de dimensiones provocadoras, a grado tal que, en su incapacidad para movilizar a su favor la opinión pública del país, ha llamado abiertamente a desobedecer la ley, invocando una supuesta defensa de la vida, que nadie cree si se recuerdan los horrores de la Santa Inquisición o, en su momento, del Santo Oficio.
Desde que se conoció el proyecto sobre el tema del aborto, cada misa fue convertida en un mitin político descalificando, a diestra y siniestra, a los legisladores del Distrito Federal. Y una vez que se aprobó, hicieron su aparición en el escenario político personajes clericales del pasado. La ignorancia, la intolerancia, la grosería, la blasfemia fueron sus únicos “argumentos”.
Esta actitud retadora del clero, francamente violatorio del régimen legal, en mucho se debe a la abierta complicidad del gobierno de Felipe Calderón, que lo deja hacer y deshacer, pues parten de las mismas ideas sobre el tema, como se comprobó con lo dicho por la esposa de Calderón.
Otra vez, como en el siglo XVI, el clero dio rienda suelta al odio que siente por toda manifestación de libertad. Se vuelve a sentir, como hace 500 años, amo y señor de personas y conciencias sólo para hacer, hay que decirlo claramente, el ridículo, porque por más que vocifera, muy pocos le hacen caso.
Lo que le ocurrió al clero en el tema del aborto, ya le había sucedido con los anticonceptivos. Se opuso y se opone a ellos, pero millones de mujeres católicas los utilizan. Y en el colmo del cinismo –como lo denunció hace muchos años, el investigador David Yallop- la iglesia era la principal accionista de laboratorios que producían anticonceptivos. Esa es la estatura moral del clero.
Pero volviendo a la intolerancia, hay que decir que esta es una característica propia e inconfundible del clero a través de su historia. Causa indignación releer el decreto de excomunión contra el Padre de la Patria, Miguel Hidalgo y Costilla, lanzado por el obispo Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán, no en el siglo XVI, sino a principios del XIX, es decir, hace aproximadamente 200 años, documento que ha sido tan recordado en estos días de excomuniones. Reproduzco textualmente parte de ese decreto:
“Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber, en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando, mingiendo o cancando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos”.
“Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies, y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él…” Hasta aquí porque da asco.
Este decreto, que contiene una enorme crueldad, un fanatismo enfermizo y un odio increíble, pero que es un documento oficial de la iglesia católica, redactado seguramente por un desquiciado, es el que sirve de base a los nuevos Abad y Queipo del siglo XXI. Es un verdadero monumento a la estupidez.
Y es Miguel Hidalgo, junto a Juárez y Morelos, el héroe nacional más querido y respetado del pueblo mexicano.
Parece increíble que en el siglo XXI, después que la ciencia y la tecnología han posado al hombre en la superficie de la Luna y están cerca de colocarlo en Marte; después de los portentosos cambios científicos revolucionarios en casi todas las esferas de la actividad humana que lo alejan, cada vez más, de la ignorancia y la incertidumbre, salgan algunos representantes de las ideas más atrasadas, invocadas allá por el siglo XVI, y desde el púlpito pretendan el castigo de quienes no piensan como ellos y, lo peor, los amenacen con el fuego eterno. ¡Verdaderamente increíble!
A pretexto de una nueva legislación que despenaliza el aborto en el Distrito Federal, el clero se ha embarcado en otra cruzada de dimensiones provocadoras, a grado tal que, en su incapacidad para movilizar a su favor la opinión pública del país, ha llamado abiertamente a desobedecer la ley, invocando una supuesta defensa de la vida, que nadie cree si se recuerdan los horrores de la Santa Inquisición o, en su momento, del Santo Oficio.
Desde que se conoció el proyecto sobre el tema del aborto, cada misa fue convertida en un mitin político descalificando, a diestra y siniestra, a los legisladores del Distrito Federal. Y una vez que se aprobó, hicieron su aparición en el escenario político personajes clericales del pasado. La ignorancia, la intolerancia, la grosería, la blasfemia fueron sus únicos “argumentos”.
Esta actitud retadora del clero, francamente violatorio del régimen legal, en mucho se debe a la abierta complicidad del gobierno de Felipe Calderón, que lo deja hacer y deshacer, pues parten de las mismas ideas sobre el tema, como se comprobó con lo dicho por la esposa de Calderón.
Otra vez, como en el siglo XVI, el clero dio rienda suelta al odio que siente por toda manifestación de libertad. Se vuelve a sentir, como hace 500 años, amo y señor de personas y conciencias sólo para hacer, hay que decirlo claramente, el ridículo, porque por más que vocifera, muy pocos le hacen caso.
Lo que le ocurrió al clero en el tema del aborto, ya le había sucedido con los anticonceptivos. Se opuso y se opone a ellos, pero millones de mujeres católicas los utilizan. Y en el colmo del cinismo –como lo denunció hace muchos años, el investigador David Yallop- la iglesia era la principal accionista de laboratorios que producían anticonceptivos. Esa es la estatura moral del clero.
Pero volviendo a la intolerancia, hay que decir que esta es una característica propia e inconfundible del clero a través de su historia. Causa indignación releer el decreto de excomunión contra el Padre de la Patria, Miguel Hidalgo y Costilla, lanzado por el obispo Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán, no en el siglo XVI, sino a principios del XIX, es decir, hace aproximadamente 200 años, documento que ha sido tan recordado en estos días de excomuniones. Reproduzco textualmente parte de ese decreto:
“Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber, en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando, mingiendo o cancando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos”.
“Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies, y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él…” Hasta aquí porque da asco.
Este decreto, que contiene una enorme crueldad, un fanatismo enfermizo y un odio increíble, pero que es un documento oficial de la iglesia católica, redactado seguramente por un desquiciado, es el que sirve de base a los nuevos Abad y Queipo del siglo XXI. Es un verdadero monumento a la estupidez.
Y es Miguel Hidalgo, junto a Juárez y Morelos, el héroe nacional más querido y respetado del pueblo mexicano.
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